7-8

viii


El ruin caníbal se lastró al mocoso
del pibe, y a la jermu del dentista
¡la vieras! como a un gallo un ocultista
la estranguló en un rictus espantoso.

Y al ver el odontólogo el destrozo,
bulló su sangre, se nubló su vista,
puteó un tesauro enfermo y dadaísta,
juró arrastrarlo al reo al calabozo.

Sobre las calzas se calzó un calzón:
se creyó un superhombre, un destacado
titán de la progenie de Hiperión.

Y era en efecto un Cronos trastornado
cuyo alter ego, nadie se lo dijo,
mató a su esposa y se comió a su hijo.


vii


Rosal que en una verja florecía
y ofrendaba su flor como un hermano,
tan ciego fui a la compañera mano
que con sonrisa fraternal tendía.

No atento más que a la existencia mía
pasar de largo se hizo cotidiano,
y no fui más a ver a aquel lozano
rosal que lentamente se moría.

Y aunque es desgarrador que ya no exista
todavía es ingrato y egoísta
sentir dolor al advertirlo ausente.

Justo sería florecer sonriente
y ofrecer una mano fraternal
como en la verja la ofreció el rosal.


5-6

vi


Un dios descalzo es tu cosmogonía
y un mortecino resplandor de entierros,
fragua del más incandescente fierro,
arcángel de tus noches y tus días.

Mago de las cabales simetrías,
terror del alba, artífice del cerro,
tronar cascabeleante del cencerro,
luz incorpórea, insigne geometría.

Se ensaya postular supremos númenes
que erigieron el caldo primigenio,
y soñamos ser fruto de su ensueño.

Torrentes, setos, rápidos, cardúmenes:
la vida reverbera en la mirada.
¿Por qué algo existe y no la mera nada?


v


Mudo interrogante del despertar,
hojas otoñales en la ventana;
áureo laberinto que la mañana
duda silenciosa si transitar.

Tibio amargor seco en el paladar,
clara luz del sol en la hora temprana
que el profundo hueco de tu alma humana
nunca serán capaces de iluminar.

Levantarme es un duelo permanente:
la ilusión que abrigué se está muriendo,
donde hubo estrellas hay oscuridad.

No hay forma de aferrarse a lo presente,
lo que tenés de a poco se está yendo,
de a poco va a venir la soledad.


3-4

iv


No puedo decir tanto en un soneto,
y sin embargo quiero decir tanto
más que estos signos sólidos que canto
y que en rígida métrica los meto:

de lenguajes arcanos y alfabetos,
flotas fantasma, el mítico Aqueronte,
seres maravillosos y bifrontes,
la mandrágora, el atlas, amuletos.

Pero algo me conduce a la revista
de mi propia pasión por lo fantástico,
a tacharme de vano y escapista.

Y al fin acepto todos los aspectos
de este mundo complejo y estocástico,
ya convertido en un enorme insecto.


iii


El héroe del estreno era caucásico
e impuso su justicia con pistola:
viajó a través del tiempo en la rockola,
lo transportó al período triásico.

Hablando en yanqui en vez de en griego clásico
cercenó en Persia la invasión mongola
y, anacrónicamente, coca-cola
les obsequió el tejano elefantiásico.

No he de narrar en coplas tan someras
cómo el sol fue a ponerse en el oriente
y al verano siguió la primavera,

sólo que regresó donde su gente,
sin árabes, sudacas, ni maricas,
y al final se besaba con la chica.

1-2

ii


Yo le creo a los diarios, más que nada,
porque nos dan información real:
si esta tarde habrá sol o temporal
y nos va a sopapear la sudestada.

Le creo a las secciones manoseadas
con fotos de los goles del mundial,
y a la sección sangrienta policial
de la piba rehén acribillada.

Leés un diario y el país explota,
leés el otro y el país prospera,
y nunca sabés bien cuál es la fuente

de que escorpio precisa una mascota,
pero vos relajate que es de veras,
no es que te quieran manejar la mente.


i


Si no me confesás, ninfa conchuda,
cómo libar el néctar de tu hiedra,
tu vigilar va a convertirme en piedra,
desnuda virgen que el amar desnuda.

Y va a acuciarme una insondable duda
cuando enredés el lino entre tus piernas
y garras blanda el minotauro eternas,
muda culebra que el pellejo muda.

Clara agua en el remanso de tu luna,
negra extensión abierta de los cielos,
ciudad que el subte acuna y acuchilla:

callan aciagas, sílfide, las runas,
y el lucero se esconde en el riachuelo,
y vos al otro lado de la orilla.

Rompecabezas de un dragón

-I-

Hubo un hombre que plástico
conjugando al elástico cantaba:
«1 Nada. 2 Luego, colores.
¡Sí señores
por entrega en fascículos
llega al barrio de Flores el demiurgo!».
Fijate que indicaba los versículos
con entusiasmo propio de eclesiástico.

Y era un hombre enigmático
porque enfático siempre repetía:
«Yo te amo todabía, semidiós,
puedo ver tu reflejo
mitológico
cada vez que me miro en el espejo».
Fijate que cantaba
con faltas ortográficas
y aunque era cien-por-ciento-mente lógico,
por ello lo tachaban de lunático.

Se perpetuaba místico
su errar flogístico, su avión fantasma:
«Soy ectoplasma, el álef y el omega,
López Rega, Platón, Corto Maltés,
Neftis, Moisés, o alguna diosa griega».
Fijate que el chabón esquizofrénico
no supo ni acertar el alfabeto,
ni nombrar a Perséfone ni a Leto,
lo que lo delataba anomalístico.

De aquel tipo tal fue la mala suerte
que lo metieron donde no hay salida.
¿Cómo podremos aceptar la muerte
si no sabemos aceptar la vida?

-II-

Cuentan de un kaijū que surcó los cielos,
y juran que orientó a los orientales
con sus tegobi y barba siderales
que eran vía lácteas sobre Dardanelos.

Cuentan de su dorado y largo pelo
que rozó los confines imperiales
decretando los signos zodiacales,
los axiomas de Fraenkel y Zermelo.

Sahumaba con sus napias el planeta
exhalando flameantes como fustas
lengüetas ígneas del Averno augustas
y recortaba el sol con la silueta.

Quiso al-Farghānī concederle nombre
cuando en suspenso sobre el ancho piélago
lo vio batir sus alas de murciélago
y lo nombró en la lengua de los hombres.

Su epitelio escamado cabalgaba
la montura invisible de los vientos
por la extensión de todo el firmamento,
serpentino y viscoso como baba.

Cenital ouroboros infidel
que apestaba sulfúrico y añejo,
de ovíparo y estrábico pellejo,
al maloliente culo de Luzbel.

Concéntricos se erguían en su mueca
formando hileras aguzados dientes
los que, se dice, masticaban gente
como un cuchillo corta la manteca.

Tanto sembró el pavor con la mordida,
tanto el Virá ordenó su urgente caza,
que en las estrellas de una noche rasa
fue a yacer su carcasa fallecida.

Al mirar el Virá la bestia trunca
vio achurado el milagro de la vida,
y viendo de ambición su esencia henchida
lloró y pidió no haber nacido nunca.

Shakespeare - Soneto 1

De la grey más hermosa ansiamos cría,
que así jamás ha de morir la Rosa,
y en cuanto el tiempo al más maduro extinga
han de heredar sus brotes su memoria.

Y vos, prendado de tu luz radiante,
nutrís tu llama con tu propio ser,
sembrando el hambre donde la abundancia,
vos tu rival, y ante vos mismo cruel.

Hoy que del mundo sos la fresca fuente
y único heraldo del primor vernal,
bajo tu seno sepultás tu germen,
y es, muchacho, un derroche tu acopiar.

Apiadate del mundo, o sé el glotón
que trague su deber: tu tumba y vos.

Rito del superhéroe

Han dado en nominarme ruiseñor,
benditos cuetes que estalló el olvido.
Superheroico, ignoto pajarraco,
que ni calló la boca ni está herido.

Esa paloma que pasa
¿de dónde coño vendrá?
Si viene de aquí o de allá
me soba la calabaza.

Sucio de andrajos cenozoicos flaco,
gorjear kakuy, plumaje florecido.
Zodiaco, hocico, paja de cantor,
trinos de trinos ininterrumpidos.

Fulgor el de nuestra raza
que mancha la tierra en tintas,
serán quizá muy distintas,
¿pero qué mierda te pasa?

¿Qué es el olvido más que una palabra?
¿Qué es la palabra más que un instrumento?
¿Qué es nuestra vida más que este momento?
¿Qué aspecto de la gaviota
más que sus frágiles alas
confiere a su vuelo gala?

Es mi terminal derrota
verte la cara de idiota
en pos de contestar tal metafórica
pregunta insustancial, trivial, retórica.

Hoy, que me vino a reclamar la luna,
ese broche del oro de los grillos,
mi capa va volando entre los hombres,
espléndida y oscura como un mito.

Filo de alondras.
Luces del tren se acercan en la noche.
Puro hueso infantil,
costal de merca
preso en canil de tallas hiperbóreas.
Callás, cantando siempre la victoria.
Callás, alfil, tu gloria alcoholizada
como una almohada añil o colorada.

Alba en bandada,
pétrea, roída,
aurora iluminada,
enceguecida.
Prepucio, pico radiorreceptor,
¡me ha nominado ruiseñor la vida!