Constelación de lo olvidado
– A –
Otoño entre las hojas amarillentas
rayadas de carpeta número tres
desordenadas en el pavimento
y por entre la foliada carátula
dicta "Lengua" una ele mayúscula torpe de fibra
con pretensión de capitular de incunable.
Verano en el carozo de durazno
del que prende una prominencia de pulpa
que varía del ocre claro al verde esmeralda.
Y verano en un sobre con negativos
en la foto desteñida de sol
en la que se distorsionan las sombras
de abuelos fallecidos en un garaje
y nietos en el atardecer de un balneario.
Primavera en las espuelas tarsales sueltas
y el torso iridiscente
de un escarabajo muerto barrido
junto a cúmulos de pelusa de perro,
y en las flores de una caja que tiene
un jabón de perfume con una mancha
de tinta azul lavable que recuerda
quizás a Sudamérica.
Invierno entre las cuentas de un rosario de plástico
y el revés enrejado de una sota.
– BB –
—Por esta vez zafaste
—me amenazó la Muerte mirando a mi bebé.
Mansas incrustaciones de esmeralda le condecoraban los húmeros.
Lagrimones de cera se espiantaban
por entre la mantilla de encaje
y la sutura esfenoescuamosal.
Su aliento congelaba el vapor del aire
y nos lo cristalizaba en las nucas.
—Pero cuando atardezca entre las casas,
y las ventanas de los edificios
palpiten como un oro de luciérnagas,
esta noche cuando se anaranjen las nubes,
vendré a llevármelo
—sonrió, y depositó un manojo de calas bajo el sonajero de cuna.
La criatura duerme en el cochecito.
Volcamos con urgencia los canastos de ropa en el baúl.
De una media se caen muchas jetas repetidas de Franklin.
Y la casa es un horno de tostadas quemándose.
Disparamos y el corazón nos late como en una aceleración de semáforos.
Hablamos el idioma de la confusión y los gritos
y el bebé llora atrás.
Cuando la Muerte vuelva para buscarnos
ya la pieza va a encontrarse vacía.
Va a encontrar frente al espejo del baño
triplicada la concavidad de los ojos,
y la televisión encendida,
y el noticiero de las siete y media.
Tragedia en el kilómetro 38:
una mujer, un hombre y un bebé
fallecieron tras un violento impacto
cuando una camioneta embistió a un Volkswagen.
Y dirá «vine al pedo»,
o pensará en sus demasiadas razones para agradecerle a la Vida.
– CCC –
En la boca de todos,
la mogólica estaba desarrollándose
y se le dibujaban los elásticos en el pantalón de gimnasia.
La saliva reseca se le acumulaba en los labios
y a veces nos escupía al hablar.
Había repetido dos o tres veces,
y cuando se ausentaba furtivamente al baño
la maestra callaba solemnemente
la gravedad secreta de la sangre.
Los compañeros le sacaban las medias,
jugaban con los breteles y el cierre,
aprovechaban para manosearla más de la cuenta cuando jugaban a la mancha
y disimulaban sus erecciones.
Ella me pedía prestado el transportador
y se reía de la palabra obtusángulo.
Me firmaba en la mano
y escribía mi nombre en los ojalillos.
Nuestras mamás hablaban preocupadas de lo que no entendíamos
y su papá una vez fue a vendernos globos terráqueos.
Una vez el hermano de Marcos entró gritando:
se murió la mogólica,
se murió la mogólica.
La última vez la vimos en una carpa
en Santa Teresita
jugando a una variante del chinchón
cubriéndose las piernas con la toalla.
Se acordaba de mí:
ese chico callado.
– DDDD –
Aregónide, ¿sabes que, en sus himnos, Homero
cantó la unión del viento y una de las harpías?
¿Y el modo en que la hespéride te gorreó, en una orgía,
con tu Céfiro, el Zonda, y el Bóreas, tu Pampero?
Haciendo él de tu íntimo Leteo un bebedero,
hundiera en tu Aqueronte yemas y uñas impías,
e hilaras con las hebras de su guasca los días
lamiendo del escroto su néctar mensajero.
Pero supo ponerte de Amaltea las cuernas,
según, en sus idilios, narra Teócrito el mito,
anhelando Podarge la posesión eterna
del aroma marmóreo de su sexo chiquito,
cuando serruchó el glande de su verga de Lerna
y en el acto brotaron cinco flamantes pitos.
– EEEEE –
Me dio asco tu mandíbula hundida y el olor añejado de tu cuerpo.
Me dio asco la transpiración de tu frente, tomarte de la mano
con tu coagulación en las vendas, con tu suero en los tubos,
con tus atardeceres de yodo en las muñecas.
Me dio asco tu exhalación de fuelle,
la gasa en la perforación de tu cráneo,
la pulsación de la mariposa de lata que te hacían aletear en el tórax.
Y me abracé a tu cuerpo consumiéndonos en vértebras y pellejo,
suturados por la humillación de la vida desnudando las máscaras.
Tuve tristeza de tener el mundo pero no poder dártelo,
vergüenza de que vieras estallarme los vidrios de la garganta.
Tuve miedo de verme reflejado en la profundidad de tus ojos,
pesados por el tedio del cielorraso, cegados por las horas que nunca avanzan,
por el miedo de que venga el abismo.
Por el hecho de que viene el abismo.
– FFFFFF –
El señor Briggs se sumergió en el casco de realidad virtual:
la placidez soleada de las arenas blancas de una playa
y el vaivén de las olas.
Su pulso se aquietó con el arrullo de música ambiental
generada con un par de fors anidados y funciones periódicas.
La dulzura de aquella voz sintética
le susurró en la oreja los mantras con mayor número de suscriptores del mes:
los pensamientos son como este oleaje que se acerca y se aleja;
nuestros problemas son como aquellas nubes
por atrás de las cuales permanecen siempre firmes los cielos.
Supo entonces que, atrás de las experiencias superficiales, hay algo inamovible:
la mente universal que somos todos,
que no tiene memoria, ni permanencia, ni vulva, ni testículos,
y que nunca ha nacido,
y que no es susceptible de la muerte,
y que ha de percibir todos los instantes.
-Señor Briggs, su relajación diaria ha finalizado.
Se sacó los anteojos digitales,
se clavó tres medialunas y un feca
y decidió que enero era un buen momento para implementar los recortes de personal.
– GGGGGGG –
«Dirá mi lápida»
Ángel Ángela B. de Gámelan (2002-1933)
Ángel arcángela, madre del cielo huérfano,
calavera postiza de humano embalsamado,
ornamento esquelético rosal de nuestros pétalos,
padre contraejemplar.
Su viuda y demás deudos
acompañan el sentimiento
del fallecimiento del simio.
Nos dejaste a los tres años de vida.
Sólo amamos aquello que la muerte se lleva.
Tu tumba es la de todos
y si el muérdago va a prender en tus mármoles
téngate para siempre el Sol en su gloria.
– HHHHHHHH –
Te pienso cuando llueven lágrimas en mis gritos,
desmayado en el baño, regurgitando el tetra,
vomitando vocales de la sopa de letras,
sacudiéndome gotas de pis ámbar del pito.
Sueño con que te muerdo la boca despacito,
con que tu lengua bífida caliente me penetra
tierna como un catéter penetrando una uretra,
dulce como una dulce taza de hipoclorito.
Descuartizaste el cáliz de la flor del rosal
con ansias de hacer tuya su volátil belleza,
destruyendo en el acto la cosa que anhelaras.
Rompiste los espejos, fragmentaste el cristal,
buscando hallar la lógica de su naturaleza:
y nunca más pudiste mirar tu propia cara.
– IIIIIIIII –
Hay que tapiar las puertas,
clausurar las ventanas,
sellar las aberturas,
porque entran los moluscos,
los artrópodos,
las lombrices y anguilas
y los escorpiones y cascarudos,
porque metí hasta el codo la mano en la humedad de la tierra,
y me embarré de su fertilidad y su vientre,
y en el espejo retrovisor veo,
amenazantes,
todavía tan sólo tus ojos que me miran,
porque erigiste con palabras mudas la fachada de un castillo vacío,
como la caparazón de un caracol seco,
y te levantás la pollera con las piernas abiertas,
desgarrándote en dos la medibacha,
con babosas reptándote en los muslos y arañas caminándote en las ingles,
y con nervaduras de sangre hasta los tobillos,
te arrodillás llorando sobre los vómitos en los pescados muertos,
sacás un bebé vivo de tu vagina,
y a continuación sacás el revólver de la boca del útero
y matás de un tiro en la boca al pibe.
– JJJJJJJJJJ –
Sobre el suelo tendido
yacía el esqueleto del gaznápodo:
fuera una simple sombra
de su esplendor de antaño.
Quienes allí pasando
vieran el cuerpo convertido en trapo,
maldijeran al tiempo
y al errar misterioso de los astros.
Enredado en sus huesos,
florecía el ramaje de un licándramo
bajo cuya madera
tocaras por primera vez mi mano.
En tu voz tembló el aire,
tus dedos me rasgaron,
y despojando al mundo
mis ojos son el múltiple cadáver del caballo.
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