El señor Redman elogió sus pecas, que se destacaban sobre la piel lechosa de ella. Ella pensó que cualquier persona más o menos despierta se podría imaginar que ella era pelirroja, y que él la quería seducir.
- Qué contenta debés estar, preciosa.
- No me toqués.
- Mirá, mirá cómo le avisa.
- No te entiendo.
- ¿Te dijeron que tus pecas son divinas?
- No me tratés como a un Dios.
Eran las cuatro o cinco de la tarde, y estaba oscureciendo. Conducían por la carretera a Maine desde hacía más de tres horas. En las últimas varias millas no habían visto a una sola persona, un solo pueblo; ni siquiera una gasolinera. Ella razonó que la escena tenía un tono exageradamente yanqui, que incluso las palabras parecían ser tomadas de una traducción centroamericana.
A su alrededor, sólo veían sembradíos de maíz, que a ella inevitablemente le hacían pensar en una pareja de ancianos balanceándose en sus sillas mecedoras.
- ¿Qué es eso?
- Es un espantapájaros.
- Que no es un espantapájaros.
- Se acabó.
- ¿Pero qué mierda es eso?
Frenaron.
Era un niño de acaso cinco o seis años, de aspecto oriental, lo que se evidenciaba sobre todo en sus ojos. Sostenía delicadamente un panadero, y soplaba haciendo que se volara la pelusa. Cada vez que había terminado de soplar el panadero, sacaba otro del bolsillo y seguía soplando.
- ¿Qué hace este pibe acá?
- No sé.
- ¡Pibe!
El pibe no respondió.
- ¡Pibeee!
- ¿Estará solo?
- Y qué sé yo. Acá no veo a nadie...
Se bajaron, pero el chico no parecía entender castellano, ni inglés. Ella pensó que era ciertamente extraño que pese a las características de la presunta traducción, sus modismos parecieran tan rioplatenses.
- Se nos está haciendo tarde.
- ¿Qué hacemos con el pibe?
- ¿Y qué vamos a hacer? ¿Qué te creés que soy, la UNICEF?
Dejaron al nene en el medio de la ruta, y siguieron su camino.
Se detuvieron sólo cuando se toparon con un semáforo que tenía simultáneamente prendidas las luces roja y verde.
Y en el cielo sólo podían verse panaderos, que volaban y volaban.
1 comentario:
esto hay que filmarlo. si querés, hablame. nunca prometo nada. pero puedo intentarlo. holavandius@gmail.com
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