The silence of the lambdas
el apenas pasado meridiano
pellejo del silencio.
Hay veces que un timbrazo corta el hilo
del que un embrujo primigenio cuelga
en el lapso que va de un tac a un tic.
Hubo un después y un antes de esa vez;
un antes antes, y un después después.
Porque, sin raje, el rin trazó una marca
que delineó, cual vertizonte, un límite
y se impuso entre el hálito y la parca.
"Ya va" emergió una voz por la rendija,
y unos "ya va" después, no sé, tres, cuatro,
brotó del ventiluz la calavera
de la titiritera de la voz.
La dueña de la voz, que era una vieja,
en un rato nomás, pensó la otra,
que estudiando la alfombra, "Bienvenidos",
regocijóse prematuramente,
devendrá flor de postre pa las cresas.
Dio el precedente tac las trece treinta.
¿En qué lugar están? Qué importa el nombre.
¿A veces no parece que esa calle
los autos se olvidaran de surcar?
El sol pela, rebota en las vainillas.
Se escucha el gorgoteo de la zanja
de verdín espumoso e irisado.
La vieja hace techito con la mano
y entrecierra, tal vez, los que te jedi
para echar a patadas el reflejo.
Con mora, la otra, altiva, desdeñosa,
propia de quien prevé lo ineludible,
quizá incluso mirándose las uñas,
la fue, palabra va, palabra viene,
engatusando en una, en otra cosa.
Hasta que al fin la abuela metió llave
o sacó llave, vaya uno a saber,
y la dama, triunfal, encapotada,
sonriente paradentro y parafuera,
en el zaguán el pie de hueso puso.
La abuela chueca dijo "Pase, pase"
nunca más me olvidé de aquella frase.
Cruzaron una pieza que exhalaba
perfume de humedad, de panes verdes,
de naftalina y libros amarillos.
El patio era de escaques, como siempre,
y por la enredadera se colaban
los retazos de sol.
En la mesa el mantel cuadriculado,
y el plato de fideos
o de pastel de carne.
Un tenedor de alpaca maculado,
quizá una mandarina y un sifón,
y alguna damajuana
que espera turno allá en el lavadero.
En la tele de fondo el noticiero.
Y el arte ya perdido
de soplar el puré.
Me guardé tu presunta maternal
querencia, y aunque nadie,
nadie, abuela, pregunta por tu ausencia,
drosophila difunta,
mal que mal te recuerdan. Mal que mal.
Me quedé con la lágrima que brilla,
que rueda líquida por la mejilla,
y a esa risa que viene de llorar.
Y a falta de unos ojos
me resigné a mirarte a los anteojos,
a ese poliedro que llevás por jeta.
Y en la vida moderna de ciudad
ya no hay almohadas con olor a pelo,
ni canillas goteando en palanganas,
ni bancos de granito, ni malvones,
ni cajones recónditos.
Ni un hormiguero con hormigas negras.
Disección del microsatori
Hay ciertas cosas que, cuando me detengo a pensar, generan en mí una sensación muy particular. Para poder referirme a esos momentos, a esa sensación, uso a veces informalmente el término "microsatori". Por si acaso aclaro que la etimología es "satori", que se usa en budismo zen para referirse a un momento de iluminación. Los llamo microsatoris porque no me gustaría ser pretencioso; no sé exactamente cuáles deben ser el origen, la calidad y la magnitud de una sensación para ser considerada satori. También está claro que toda esta verbalización no es para nada zen. No me digan nada. Yo sé perfectamente que esta escena se hizo larga. Pero no me importa. Considero que, al menos, una millonésima de satori son.
Una primera aproximación a los microsatoris es la experiencia de déjà vu. Qué raro, tengo como la sensación de cuando te parece que una cosa ya la viviste, que ya te pasó. Yo no diría que un déjà vu es un microsatori, pero sí que comparte algunos rasgos. Por ejemplo, ambos son estados de la consciencia que duran sólo algunos segundos. En los dos casos, la experiencia nos hace ver la realidad de manera un poco diferente a la habitual. Ambas experiencias se presentan de pronto, sin previo aviso. Una diferencia es que el déjà vu es completamente involuntario; los microsatoris suelen darse involuntariamente, pero también se pueden inducir, poniéndose a pensar. Creo que no hay maneras garantizadas de inducir un microsatori, me resulta bastante complicado, pero es posible, alguna vez lo he conseguido. De cualquier manera, por más que los microsatoris se presenten sin previo aviso, noto que siempre o casi siempre están inducidos por pensamientos. (Dicho de otra manera, pensar en X puede ocasionar un microsatori, pero no necesariamente lo hace).
Una idea bastante parecida al microsatori es la de experiencia A, que alguna vez leí en el blog de Henk Barendregt, el apóstol del cálculo-λ. También creo que está bastante relacionado con el fenómeno que conuje (¿"conocí"?) como extrañamiento, también llamado despersonalización o quizá "singularización". Nunca tuve un extrañamiento, pero conozco a varias personas que siempre se refieren a esto. Las personas que tienen un extrañamiento, que creo que en los casos no patológicos dura algunos segundos, tienen la sensación de que su consciencia se separa del cuerpo, que siguen viviendo su vida pero son ajenos a ella, que la miran desde afuera, como si la vida fuera una película y ellos meramente espectadores. Esto está bastante más cercano a ser un microsatori pero, desgraciada (¿o afortunada?) mente nunca experimenté uno. Por otra parte, los microsatoris que enumero abajo están inducidos por los pensamientos; en cambio, el extrañamiento, me dicen, suele presentarse cuando uno está en una situación no del todo grata, quizá pesadillesca.
Me resulta bastante curioso que el satori tenga que ver con la idea de despojarse del ego. ¿No es esto precisamente un extrañamiento?
En mi caso los microsatoris se presentan espontáneamente cuando estoy reflexionando sobre algún asunto de esos que uno, en el trajín acelerado de la vida cotidiana, no se pone a pensar; en cosas que uno normalmente da por sentadas. A veces una observación muy simple lo puede desencadenar. Otras veces es una secuencia de razonamientos encadenados que tratan de llevar alguna pregunta hasta su extremo lógico, explicando las razones y las razones de las razones.
Cuando el microsatori se presenta, la mente hace un click, y si uno tiene la tendencia natural a teatralizar puede que emita un "ohh", o un "uhh", o un "wow". Algunos microsatoris pueden resultar angustiantes. La sensación puede ser de máximo entendimiento o de máxima confusión, pero en cualquier caso aporta una visión diferente del mundo.
También me parece importante destacar que, si bien los microsatoris son experiencias que surgen a partir del razonamiento, el enunciado es conceptualmente trivial, tautológico. Si yo le cuento a alguien mi experiencia de microsatori y le digo "estaba pensando en X y me di cuenta de que Y", me va a decir algo isomorfo a "pero obvio, eso es una perogrullada". Esto debe indicar que un microsatori no es algo completamente racional. El razonamiento es solamente un camino hacia estas experiencias de otro tipo.
Esto, combinado con el hecho de que inducirlos es bastante complicado, hace que sean difícilmente transferibles.
A veces pienso que está bien hacer una analogía entre este tipo de experiencias y la risa. Un chiste es un mecanismo racional, son palabras. Pero en un determinado momento el chiste puede desencadenar ese estado mental que ya no es racional y es la risa. Sabemos que algunos chistes nos causan gracia y otros no. Además, cuando uno ya conoce un chiste, es más difícil que siga causando gracia las siguientes veces. Lo mismo pasa con los razonamientos microsatóricos. Algunos desencadenan la experiencia y otros no. Las primeras veces causan un "oh", y después es mucho más difícil que esto siga pasando, porque uno se acostumbra a la idea. Igual que los microsatoris, la risa viene sola, y es bastante difícil inducirla, aunque con un poco de trabajo es posible.
En cuanto a la transferencia, creo que es más difícil transferir un microsatori que hacer reír a alguien, pero quizás sea porque todavía nadie inventó los "chistes" adecuados. (Si se me permite, koan : chiste = satori : risa). Cuando uno cuenta un chiste, esta primera parte depende sólo del que lo cuenta, pero también tiene que haber un proceso en la persona que lo recibe. El contador de chistes sólo puede tener la esperanza de que el otro por fin vivencie la experiencia. No es algo que pueda transmitirse con certeza, como el SIDA o la regla de tres simple.
Y esto también me recuerda a un artículo acerca de la "falacia del tutorial de mónadas". Recomiendo el artículo, me parece que da justo en el clavo, pero de cualquier manera resumo la idea: X está tratando de aprender mónadas (un concepto relativamente complicado de programación funcional). Se pelea con la idea varias semanas y por fin lo entiende. Ahora en su cabeza se forma una abstracción, y X dice "¡ahhh, claro, las mónadas son como burritos!". Entonces trata de explicarle a sus amigos las cosas en esos términos. X piensa que si a él le hubieran dicho de entrada que "las mónadas son como burritos", esto le habría aclarado mucho las cosas. Pero esto es falso. Para entender algo uno tiene que chocarse con las ideas concretas, y después construir personalmente una abstracción. Que le den la abstracción "ya masticada" de entrada no simplifica las cosas, quizás incluso las complica. What I term the "monad tutorial fallacy," then, consists in failing to recognize the critical role that struggling through fundamental details plays in the building of intuition.
A continuación pongo varios ejemplos de observaciones que me condujeron a microsatoris.
1. La palabra gato
Quizás este sea el arquetipo del microsatori, y es el caso de repetir una palabra y notar de pronto lo ridículo que es que ese ruido tenga el sentido que uno habitualmente le asigna, y hasta dudar de ello. Recuerdo muy bien una vez que me pasó esto con "gato". También con mi propio nombre.
2. El atlas
Mirar un mapa y darse cuenta de la vastedad de las cosas que se representan en el mapa. La inmensidad del universo. Recomiendo especialmente este famoso video: Powers of ten. En especial me impactó alguna vez el hecho de que en un momento se ve una infinidad de puntitos, y cada uno de los puntitos parece una estrella pero en realidad es una galaxia.
Mirar Google Earth me produce (sólo a veces, cuando viene el microsatori) una sensación de angustia. Mirar el océano y hacerle zoom. Dejar que el mapa se mueva a la deriva y aparecer en África. Hacer zoom arriba y abajo en el Sahara (resp. en la Antártida) y darse cuenta de que hay varios órdenes de magnitud de arena (resp. hielo).
También son dignas de mención las imágenes del espacio exterior. Si alguno quiere tener mucho miedo, le aconsejo las fotos panorámicas (360°) de Marte.
3. Posibilidades de la abstracción
Hay un cuento de Cortázar en Historias de Cronopios y de Famas, "Posibilidades de la abstracción", que tiene bastante que ver con este microsatori. El cuento en sí nunca me produjo experiencia extraña alguna (más allá de que me gusta mucho).
Alguna vez me puse a mirar las narices de la gente, y en algún momento las narices perdieron sentido, tal como la palabra gato. También me pasó con las manos de la gente. Me suele pasar con mi propio rostro cuando me miro en el espejo y de pronto digo "no puede ser que eso sea mi cara, y que esos granos de choclo sean mis premolares".
4. No puede ser que hable castellano
Yo hablo castellano y todas las personas más cercanas a mí también. A veces observo que una persona no demasiado íntima, puede ser alguien "importante", o un profesor, está hablando de algún tema preferiblemente poco argentino, y me sorprende caer en la cuenta de que esa persona también está hablando castellano, con los mismos acento y modismos rioplatenses que yo.
5. ¿Y ahora cómo vuelvo a la normalidad?
Alguna vez ya expliqué que, cuando era chico, algunas veces prestaba atención a mi propia respiración y de pronto me encontraba pensando: ¿y ahora cómo hago para que la respiración vuelva a ser automática? ¿será que de ahora en más voy a tener que encargarme de respirar siempre conscientemente?
Alguna otra vez me pasó lo mismo con el flujo de las ideas. Estaba meditando y podía ver cómo las ideas nacían y morían, y pensé que quizás mis pensamientos nunca más iban a poder fluir sueltos, que desde entonces siempre tendrían que pasar por mi consciencia primero.
6. Aunque usted no lo crea
No creo en la reencarnación, pero más de una vez hice el ejercicio de pensar qué pasaría si la reencarnación realmente existiera.
La pregunta básicamente tiene que ver con la sensación de ser yo, de estar acá. La pregunta es: si muero y encarno en otro cuerpo, ¿voy a seguir sintiendo que soy yo y estoy acá? ¿Si no voy a seguir sintiendo eso, qué quiere decir que soy yo? ¿Y si voy a seguir sintiendo eso, cómo puedo tener ahora la certeza de que cuando reencarne voy a seguir estando ahí y siendo yo? ¿Voy a recordar esta vida? ¿Si la voy a recordar, y existe la reencarnación, por qué no recuerdo mis vidas pasadas? ¿Será que esta es mi primera vida? ¿Y si no la voy a recordar, cómo es que voy a sentir que soy yo y estoy acá?
7. El principio del tiempo
Quizás a los físicos les quede más claro que a mí. Ya dije que no creo en la reencarnación, y tampoco estoy seguro, por no tener conocimiento, de que el universo haya empezado. Pero de cualquier manera he jugado a pensar que el universo realmente empezó en un instante.
Cuando hablan de Dios, y uno se pregunta si Dios es eterno, y qué hacía antes de crear el universo, o bien si Dios "empezó" junto con el universo, el problema no es demasiado grave, porque uno puede decir que Dios no existe y sanseacabó. (Al pasar, inventarse deidades para explicar las cosas suele generar más problemas que soluciones, al menos si uno no está dispuesto a tragarse cualquier fruta).
El problema es que el universo indeed existe, porque, hola, yo estoy acá mirando y eso es para mí una absoluta certeza.
La pregunta surge entonces si uno asume que el universo empezó (y no que es eterno). Yo sé que los físicos tienen respuestas y se las creen, pero mi mente es demasiado limitada. Quizás podría entender matemáticamente algún modelo del universo (aunque lo dudo), pero mi intuición me sigue preguntando: si el universo empezó, ¿qué había antes? ¿No es eso también el universo?
Creo que Santomás decía que no puede concebirse un "antes" de que empiece el universo, porque el tiempo es una cualidad del universo. Creo que los físicos dicen algo parecido.
¿Pero qué quiere decir entonces que "empezó"? ¿"Empezar" no significa que antes no estaba y después sí?
Algunas preguntas parecidas, relacionadas con la idea del movimiento, me molestaban un poco. Hurgando entre mis posts viejos se pueden topar con algunas.
8. Qué buena pregunta, Mario
A veces me sorprende pensar que mientras yo estoy acá mirando el mundo desde mis ojos, todas las demás personas están, todas y cada una, ahí, mirando también el mundo desde sus propios ojos.
Entonces pienso que todos y cada uno de mis compañeros del jardín están en este momento haciendo algo, una cosa concreta. Y después con todas las demás personas que conocí a lo largo de mi vida. Incluso las personas que olvidé. Los amigos de no-sé-quién que conocí no-sé-dónde, y nunca más volví a ver.
9. La hamaca paraguaya
En este caso el título tiene poco que ver con el microsatori en sí. A veces me pongo a pensar en el límite de mi cuerpo, en el borde de mis manos, en la frontera que me separa a mí del resto del universo. Y la conclusión es que esa frontera es artificial. Soy una bola de moléculas. Soy una componente conexa del grafo de los átomos, con ejes de uniones covalentes, puentes de hidrógeno, London bridge is falling down...
¿Por qué digo que las partículas que rodean mi mano no soy yo? ¿Por qué digo que las partículas que están en mi mano soy yo? ¿Por qué considero que lo que está "adentro" soy yo y lo que está "afuera" no, si todo el aire que me rodea es el mismo aire que respiro? Si en definitiva somos todos átomos oscilando, ¿qué me separa a mí del pasto que estoy pisando?
10. El oculocentrismo
¿Dónde dirías que se ubica tu "yo"? ¿En qué parte de tu cuerpo? Yo respondería, sin dudarlo casi, que yo estoy justo atrás de mis ojos, quizás un par de centímetros detrás del entrecejo. No sé si mi respuesta se debe a este paradigma oculocéntrico, al hecho de que la ciencia me sugiere que "yo" estoy en mi cerebro, o a qué.
Para los orientales, para algunos al menos, entiendo que el "yo" está en el hara, que creo que es en el vientre, unos centímetros por abajo del ombligo.
Algunas veces traté de pensar cómo sería si "yo" estuviera en alguna otra parte de mi cuerpo, en un pie por ejemplo. No estoy seguro de (no recuerdo) si alcancé un estado de microsatori, pero creo que tiene potencial para ~.
11. Cómo carajo vemos
Un amigo, estudiante de medicina, me dijo una vez que estaba estudiando el cerebro, para la materia anatomía. Su afirmación fue algo como "no entiendo cómo carajo vemos". Era evidente que había tenido un microsatori, pero yo todavía no entendía bien cuál.
Después de esa conversación me puse a pensar y me alegró que su frase pudiera transferirme la experiencia. Hay varias teorías de la visión, pero hasta donde yo sé, ninguna explica cómo carajo vemos.
La pregunta más en general es la de los qualia.
12. JIM / Memento mori
Memento mori significa algo como "acordate de que te vas a morir". En algún cuento había una calavera que tenía como epígrafe, "Oh, tú, que pasando vas | fija tus ojos en mí | como te ves yo me vi | como me veo te verás". Tendría nueve años cuando leí eso y me generó una de estas raras experiencias.
También, en mi casa tengo una calavera y cada tanto resulta muy extraño darse cuenta de que ese objeto de hueso estuvo adentro de una cabeza y vio cosas que yo nunca vi.
13. El vil metal
El dinero no es más que una convención social. Voy a la heladería, pido un cucurucho de frutilla y chocolate, entrego un pedazo de papel rectangular con un dibujo en colores de la cara de un señor, y a cambio me entregan el helado.
No puedo más que sorprenderme.
14. Writing systems
Mirar una página de un libro y darse cuenta de que las letras son manchitas de tinta, como hormiguitas negras.
15. Ver o no ver
La birome estaba ahí, a algunos centímetros de mis ojos, separada de mí por un vacío. Me pregunté cómo sería el universo en realidad, fuera de la luz que nos entra por los ojos.
El pensamiento tenía un poco que ver con What is it like to be a bat?. Todo lo que percibimos está determinado por las capacidades limitadas e "idiosincráticas" de nuestros órganos sensoriales humanos. ¿Pero cómo es realmente el universo? ¿Tiene sentido preguntarse cómo es realmente, o toda descripción está sujeta a los sentidos?
Yo creo que sí tiene sentido. No creo ser capaz de responder la pregunta, pero creo que sí tiene una respuesta definida.
Lo importante fue que entonces intuí a la birome como un objeto incoloro. Intuí la "verdadera esencia" de la birome. O mejor dicho, intuí que la birome tenía una verdadera esencia, hubiera esta sido cual hubiere sido.
16. The dreamlike nature of life once again
Este último microsatori es un clásico, pero los clásicos no pasan de moda. ¿Cómo saber si la vida de vigilia es la realidad, o si el sueño es la realidad?
Chuang Tzu soñó que era una mariposa...
Apéndice
Comentario oportunamente leído en proggit: I started staring at people unloading from a transit platform and watching how they / we really are just a bunch of bipedal apes; I mean, really perceiving it, almost like an alien (or like a really stoned guy), not just kind of knowing it.
17. Mirar el cielo y darse cuenta de que sigue y sigue, y nunca termina.
El distraído lo ve
Jugando al huevo podrido
se lo tiro al distraído
el distraído lo ve
y huevo podrido es.
-Che, miralo a ese pibe, camina como Champlín.
-Pff.
-¿Vos conocés la Capital?
-¿Yo? Qué sé yo, más o menos.
-A ver, por ejemplo, Florida y la Nueve de Julio ¿se cortan?
-Y, la verdá que me mataste.
-¡Qué hijo de pu!
-Bueno, pero para eso tengo la Guía.
-Igual, chabón, no podés.
-Me ponés en una situación incómoda. ¿Lo tengo que saber?
-¿Pero vivís en un termo?
-Andá a cagar, porteñocéntrico de mierda.
-¿Quién es el ministro de economía?
-Uy, Dió, basta.
-¿Qué, eso también te parece "porteñocéntrico"? Y te leíste toda la obra de Sócrates, seguro.
-Obvio. No te vendría mal repasar un poco de lógica.
-^o)
-Digo. Que todas las peras que tenés en el bolsillo son manzanas, ¿no?
-Mirá, no tengo nada en el bolsillo.
-Por eso.
-Igual nunca entendí cuál sería el problema de sumar peras con manzanas.
-Sí, la verdá que tenés razón. Dos peras más tres manzanas son dos peras y tres manzanas :P
-Sería como una especie de complejo o cuaternión.
-O un polinomio, o un vector.
-O data Fruta = Manzana Int | Pera Int | Suma Fruta Fruta
-Y instance Mandable Fruta where
-Supongo que al menos te enteraste de que murió.
-Y sí, más vale.
-Igual, en la tapa del Diario, todos, absolutamente todos los recuadros se referían a esa única noticia.
-¿Y qué querés? Si es lo que la gente quiere leer.
-Qué despectivo eso de "la gente".
-No che, vos empezaste.
-No, no, yo no estaba juzgando a los lectores; estaba cuestionando a los periodistas.
-Ya sabés cómo es el periodismo.
-Psé. Pero hay muchas otras noticias. El mundo es grande, pasan infinitas cosas. Quizás esa muerte sea importante, ¿pero no hay muchas otras cosas tanto o más importantes? Los medios podrían servir para despertar a la gente, en lugar de para distraerla.
-Mirá, sos demasiado ingenuo. Esos diarios vienen con el horóscopo y con los resultados de las carreras. ¿Qué podés esperar? Están jodidos desde hace mucho.
-No sé si eso es un argumento válido. ¿De qué me sirve saber si Florida y la Nueve de Julio se cortan? ¿De qué me sirve saber quién es el ministro de economía?
-Yo creo que somos así. En verano tenemos calor y pensamos que nos gusta más el invierno. En invierno tenemos frío y pensamos que nos gusta más el verano.
-No sé muy bien a qué viene, pero es cierto que cuando hace calor uno no puede imaginarse tomando una sopa o poniéndose un pulóver. Y eso muestra lo poco objetivos que somos en nuestros juicios.
-Y eso está bien. No podemos ser objetivos porque somos sujetos, imperfectos y emocionales. Soy yo, mi mirada y mi sentir.
-No me gusta esa manera de usar la primera persona en lugar del impersonal. Es muy de posmoderno malcogido.
-Ca uno es ca uno y ca cual es ca cual.
-Pero más allá de eso, ¿te parece bien contentarte con tu falta de objetividad? Siempre me decís que mi racionalismo es soberbio, ¿pero no te parece soberbio decir "soy así, soy imperfecto, y si te molesta jodete"? ¿Te parece que Barreda es un copado y que simplemente disparó porque es un sujeto emocional? Yo reconozco mi subjetividad, pero considero que es mi deber tratar de juzgar objetivamente.
-Y eso también forma parte de tu subjetividad. Por eso a mí me parece que es importante el movimiento popular relacionado con esta muerte, ¿por qué pasa esto con un personaje popular y no con un intelectual? Porque se liga a la emoción, a lo subjetivo, a todo lo que se puede sentir y no pensar.
-Non sequitur. Esto me hace acordar a discutir con un creyente sobre la existencia de Dios.
-Vos sabés que yo no soy creyente. (¿Viste cuando repetís una palabra y se le va el significado? Me acaba de pasar eso con "creyente").
-Jaja, a mí también. Y, por si acaso, aclaro que tampoco me gusta que uses la segunda persona en lugar del impersonal.
-A mí lo que me irrita es la gente que no concibe mi falta de fe, que me lo discute y dice que yo sí creo pero no lo quiero admitir, o que en lugar de creer en Dios creo en mí, o alguna cosa así.
-A mí me da ganas de ahorcar a alguien cuando sugiere que, sin la noción de Dios, o infierno, o vida en el más allá, debo ser amoral o inmoral.
-Muestra la hilacha.
-Lo cierto es que soy un hijo de puta, pero no tiene nada que ver con mi ateísmo.
-¿Y por qué te parece que existen las religiones? ¿No te parece que por algo existen?
-No me vengas con eso de que "no creo, pero creo que creer hace bien".
-No, simplemente observo que las religiones existen. Como cuestión evolutiva, estimo que tienen que tener alguna característica que haga que perduren. Si no, ya habrían desaparecido. Mi pregunta es cuáles son esas características.
-No sé si está tan claro, quizás el caso es que todavía no desaparecieron. De todas maneras mi respuesta requeriría demasiado tiempo y esfuerzo.
-¿Pero vos pensás que habría que prohibir las religiones?
-Sí, claro. También se podrían prohibir la nostalgia y el dolor de muelas.
-¿Pero ser creyente no es una decisión?
-Eso depende de si creés en el libre albedrío.
-¿Creer en el libre albedrío es ser creyente?
-A mí me parece que nos importa demasiado tener la razón. No sé de dónde viene esa obsesión. Es un juego de "a ver quién la tiene más grande". No me refiero a esta discusión, apunto a algo más general.
-¿En qué sentido?
-Claro, lo que yo digo es: ¿qué importa si existe o no existe Dios? ¿Qué importa si existe o no existe el libre albedrío? Todas esas preguntas y respuestas sobre la existencia de las cosas ocurren en nuestra mente, no son parte del mundo real. Y lo que verdaderamente importa es el mundo real. No importa lo que uno piense, sino lo que uno haga. No importan las opiniones, lo que importa son los hechos.
-¿Pero la mente no es parte del mundo real?
-Tengo este Gedankenexperiment: suponete que dos personas viven la misma vida. Una cree en Dios y la otra no, pero hacen exactamente las mismas cosas. ¿Cuál es la diferencia? ¿No serían observacionalmente iguales?
-Me parece que lo que a vos te gusta es meter palabras extranjeras en bastardilla. Pero más allá de la forma, lo que creo es que tales dos personas no harían exactamente las mismas cosas. Las creencias sí que importan, porque terminan influyendo en lo que pasa en el mundo "real". Y de nuevo, no sé por qué la mente te parece menos "real" que el resto del mundo.
-Si decís que lo que pasa en tu mente puede cambiar el curso de la historia, entonces sí creés en el libre albedrío.
-Qué sé yo. Lo que no entiendo, si lo que importa son las acciones, y no las verdades, es por qué estamos discutiendo todo esto.
-Porque discutir es una acción.
-En cuanto a lo anterior, yo me atrevería a decir incluso más: que no hay un mundo "real" más allá de la mente.
-¿Por qué usás el condicional? ¿Me tenés miedo? Si te atrevés decilo y si no callate.
-No hay un mundo "real" más allá de la mente.
-Eso seguro lo sacaste de algún lado. Esos temas siempre te gustan a vos: budismo, empirismo.
-¿Otra vez con las etiquetas? Me tiene sin cuidado el nombre, lo que importa es el concepto. Por ejemplo, hace unos días estaba enojado por una cosa que me dijeron. Cuando percibí mi enojo, lo primero que hice fue echarle la culpa a la persona que me lo dijo.
-¿Era yo?
-Chímpete, chámpata. No eras vos. El caso es que después me puse a reflexionar, y me di cuenta de que la persona no era culpable de mi enojo, porque el enojo es algo que sólo existe adentro mío, una emoción de la cual yo soy el único responsable.
-Entonces te estás contradiciendo, si decís que el enojo no existe porque está en tu mente.
-No, al contrario, digo que el enojo, que ocurre en mi mente, es algo sumamente real. Estoy diciendo que mi vida es una serie de emociones y de sentimientos encadenados, y que todo eso ocurre en mi mente, que mi vida transcurre en mi mente.
-Posmoderno malcogido.
-Sólo estoy haciendo hincapié en la dreamlike nature of life.
-No dejás de caer en lugares comunes, pibe.
-Qué me importa; me gusta caer. En especial in love.
-A mí lo que me pegó un poco fue lo de Ana.
-¿Qué cosa de Ana?
-¿Viste que estaban esperando un bebé? Bueno, nació la semana pasada. Es Down.
-No sabía nada... ¿y no se puede diagnosticar antes de que nazca?
-Sí, ya sabían.
-¿Y abortar un bebé Down es una forma de eugenesia?
-No es muy políticamente correcta tu idea pero supongo que sí.
-Eugenics is the self-direction of human evolution.
-Seguro que ubicás el meme FFFFUUUU.
-Claro, sí. Ni idea de quién es el ministro de economía, pero me sé de memoria los nombres de los pokémon y todas sus evoluciones.
-En fin, mirá este.
-Algunas de estas cosas me hacen llorar.
-Fuck. A mí también.
-¿Pero qué fue lo que te pegó?
-Dale, ¿nunca escuchaste aquello de "que sea sanito"?
-Sí, ¿y vos lo conocés a Fucó?
-¿Fuquién?
-Miyel.
-Creo que ya leí eso en tu blog. Vos lo que me querés decir es que una persona con síndrome de Down es simplemente una variante más de la especie humana, y que si ellos fueran mayoría seríamos nosotros los Up.
-Eso por un lado. Pero también me dijiste "que sea sanito". No sé, entiendo que sugerís que es una enfermedad o una discapacidad. Y bueno, si una persona respira y camina y come y caga, ¿qué es lo que le ves de enferma? Darle alguno de esos nombres es poner una etiqueta arbitraria. Las etiquetas sirven para formarse prejuicios.
-PUSH. A mí lo que me molesta son las etiquetas en las manzanas. Al principio las manzanas que tenían etiqueta eran solamente las buenas, entonces la etiqueta molestaba pero al menos había garantía de que la manzana era rica. Ahora le pegan un óvalo azul a una papa y te la enchufan de manzana. Qué barbaridá.
-Te fuiste por las ramas otra vez.
-Está bien. POP. Puede ser que sea un prejuicio. A mí en la escuela me enseñaron eso de que los discapacitados son "capacitados para otras cosas". Pero la verdad me parece un eufemismo pelotudo. ¿A vos te parece que si alguien se queda ciego corre con alguna ventaja? A mí me parece una desgracia.
-Lo vieras a mi profesor de álgebra ciego triangular una matriz de cuatro por cuatro en su cabeza y quizá lo reconsiderarías.
-¿Pero qué es estar enfermo para vos? Si al final todos nos morimos.
-Me diagnosticaron vida. Me quedan solamente algunos años más.
-Lo que duele es que una persona tenga que vivir en un mundo que está preparado para gente diferente.
-Todos somos diferentes.
-¿No era que los hombres son todos iguales?
-¿A un Down le podés explicar que cos(a + b) = cos(a) cos(b) - sin(a) sin(b)?
-No creo. Soy malísimo explicando. Aunque creo que tu pregunta es si es capaz de entenderlo.
-Sí, boludo. A veces con tu Asperger parecés un personaje de Carroll. La pregunta es: ¿es capaz de entenderlo?
-Pienso que sí. ¿Pero es verdad que cos(a + b) = cos(a) cos(b) - sin(a) sin(b)?
-No sé, al fin y al cabo la matemática es una actividad personal y subjetiva. Tenés que tener fe en el modus ponens.
-Entonces quizás la matemática es una especie de locura colectiva.
-Incluso dudo que sea colectiva. Te acordás en esas clases de álgebra del CBC, cuando algún producto tenía signo negativo y alguno preguntaba "¿por qué menos?".
-Ah, sí, lo querías matar.
-O cuando alguno todavía no entendió que cuando el antecedente es falso la implicación es verdadera, y que todas las manzanas que tenés en el bolsillo son peras.
-Ufa, ya te dije que no tengo nada en el bolsillo.
-Y hay teoremas cuyas demostraciones ocupan libros enteros, y los matemáticos no están completamente convencidos de que cierren. Con esto se reafirma esa idea de que la matemática es una forma de la locura. Algunas personas entienden que más por menos es menos, y otras no. La historia se ha empeñado en llamar tontos a los segundos, ¿pero estamos seguros de que ese es el caso, y no que los primeros están locos?
-Pero yo creo que no podemos estar seguros porque la pregunta no tiene una respuesta definida. Decir que son locos unos y tontos los otros, o decir lo contrario, es una cuestión relativa. Un subconjunto de las personas ve el mundo de una manera, y otro subconjunto lo ve de otra manera. Los de un grupo llaman "cuerdos" a los de su propio grupo y "locos" a los demás. A menos que alguno de los grupos tenga más poder que el otro y se declare oficialmente como el grupo cuerdo. Y nos encontramos con Fucó otra vez. El punto es que cada uno quiere tener razón, es todo una carrera para mostrar quién la tiene más grande.
-¿Y por qué nos empeñamos tanto en tener razón? Si lo que importa son las acciones.
-Ponele que eso es lo que importa. ¿Y ahora qué?
-¿Ser feliz y listo?
-Una cosa que me sorprende sobremanera es cruzarme con gente en la calle y darme cuenta de que en sus intestinos se están gestando soretes. Miro a toda la gente en la oficina. Treinta personas. ¿Cuántos kilos de caca serán en total? ¿Cuántos per cápita? ¿Cuánto tardarán en ver la luz?
-Ni hablar de aquellos momentos en los que caes en la cuenta de que una persona que parecía tan solemne también va al baño y se limpia el culo.
-Peor si no se lo limpiara.
Al jardín de la lámpara
I - Los trabajos de Mauricio
Desde aquella exposición de Duchamp, Mauricio me dijo que no puede mingitorinar sin sentir que está en el museo. Peor aún, desde que su tío, músico, lo introdujo a la controvertida obra de Cage, no puede guardar un minuto de silencio sin que lo distraigan los primeros compases de 4'33''. Qué triste.
Las asperezas entre Mauricio y las vanguardias empezaron en los nefastos años de Corach y Roque Fernández, precisamente cuando yo estaba en séptimo grado, de viaje de egresados en la península Valdés.
Cualquier argentino al que se le mencione la República de Ulbindho pensará, probablemente, en las imágenes que las postales y las películas divulgan. En el paisaje montañoso, los edificios coloniales, la aparente ingenuidad de los nativos. Si es como yo, pensará también en el ghibe ghibe, lenguaje tan inexpugnable para nos, por ser tan poco indoeuropeo.
Pero pocos tendrán en cuenta que en algún rincón del país está Mauricio, que para la ley está muerto, como los sadhus, y para su familia ya te imaginás.
Se fue por negocios oscuros, pero nadie lo supo. Oficiaba de intermediario entre los compradores y los vendedores, en un páramo escondido entre las montañas que hoy podrías encontrar en Google Maps, pero en esa época no.
Cuando yo era chico, desconfiado, siempre me preguntaba esto: si A le compró algo a B y se lo tiene que pagar, ¿cómo se puede hacer para que A entregue los billetes una vez que ya recibió el objeto a cambio y para que simultáneamente B entregue el objeto recién una vez que haya recibido a cambio los billetes? Mi conclusión era que esto era imposible, y que la mejor solución era que, al mismo tiempo que el comprador ponía, con su mano derecha, los billetes en la mano izquierda del vendedor, el vendedor ubicara, con su mano derecha, el objeto en la mano izquierda del comprador, siendo la solución simétrica igualmente válida.
Mauricio era la pieza que resolvía el problema, no porque hubiera concebido una manera mejor de hacer el intercambio sino porque las partes que intervenían confiaban en él. Omitiendo los detalles, los compradores le daban la guita a Mauricio, los vendedores entregaban las mercancías y él se encargaba de pagar.
II - Nota hallada en el cuaderno de Mauricio, que tiene la tapa del hombre araña
Ejercicios que olvido cuando dejo de meditar.- Inspirar. Estoy. Expirar. Estoy.
- Encontrar el instante justo en el que la mente se va.
- Caminar poniéndose como metas puntos lejanos.
Cómo me gusta el pan con manteca.
Good ol' rock. Nothing beats rock.
III - Penúltima epístola de Mauricio a su vieja
Mamá:
El otro día mi hija estaba jugando con una aspiradora, que, como era, naturalmente, de esperarse, tenía un botón que servía para aspirar. Entonces vio, oh sorpresa, que había dos botones, uno de los cuales todavía no había, ella, mi hija, usado nunca. Sospechando que el segundo botón encerraba el misterio de alguna otra función quizás tan divertida como la primera, me preguntó para qué servía. Pero yo le dije que ese otro botón sólo servía para vaciar la aspiradora (para poder desenganchar la bolsa del aparato en sí) ¡y se me puso de triste!
Entonces, al ver su desilusión, me acordé de algo que me había ocurrido en mi infancia: cuando yo era chico, papá me había enseñado algunas operaciones, tales como sumar, multiplicar y elevar. La que más me gustaba (y me sigue gustando, eh) era la potencia, que se escribe con un superíndice (sabés cómo, todo más arriba y en letra más chiquita). Una vez, husmeando entre los papiros de papá, porque en esa época estaba en la facultad de ingeniería, vi que había también subíndices (es decir, todo más abajo y en letra más chiquita). Qué intriga. Entonces, sospechando que podía tratarse de alguna operación nueva y divertida, le pregunté a papá para qué servía. Pero él me explicó que los subíndices solamente servían para distinguir entre varias cosas, de tal forma que "a sub 1" es una cosa y "a sub 2" es otra cosa. Y en esa ocasión fui yo el que se precipitó en la decepción.
Otra vez, ya más de grande, papá había comprado una escopeta. Y le decía que había que manejarla con cuidado, que tenía que respetar siempre Las Reglas para manejar un arma. Ella, mi mujer, tenía labios de pomegranate, y seguro fue que yo asocié con las granadas, de esas que les sacas el cabito con los dientes y una pizca después explotan. Las Reglas para manejar un arma, seguramente tomadas de Penn y Teller y Eric Raymond, eran algo así:
- Todas las armas están cargadas.
- Solamente apuntale a algo si le querés disparar.
- Sacá el dedo del gatillo a menos que estés listo.
- Fijate qué hay atrás del blanco.
Con papá íbamos por una de esas calles de doble apellido, porque viste que acá se llaman así: M.C., M.P., A.L., B.R..
Papá me preguntó, como suele hacer, si estaría bien disparar hacia el cielo, pa' festejar vio, y yo le dije que no, que eso es muy peligroso y se le puede pegar a alguno sin quererlo, y paso yo y está todo bien, pero pasa un patrullero y ¿sabés dónde vas a parar?
Entonces me dio la escopeta y me dijo pegale un tiro al piso. Luego, ante mis previsibles torpezas en la operación del delicado mecanismo, recalcó, con ironía -Sos una luz.
A mí me daba un miedo que no te cuento porque había un pibe andando en bici y mirá si justo yo que no toqué un gatillo en mi puta vida le pego al pibe y se me arma un quilombo padre.
Entonces, para ver si nos servía como polígono de tiro, nos colamos en una casa cuyo patio estaba separado de la calzada por apenas una cerca baja. La dueña de la casa era una vieja, y cuando la vi me imaginé que se iba a cagar toda cuando nos viera entrar con la escopeta, que iba a llamar a la cana y que íbamos a terminar en el calabozo de un castillo, aislados de la madre patria, de vos mamá, por una fosa de cocodrilos.
Pero no, la señora tenía la cara como cuando lavás los platos y los dedos se te arrugan en la pileta. Y todas las arrugas y la esperencia de vida de la vieja la protegían con un halo, propio de quien no temiera a la muerte por haberla experimentado ya.
La cosa es que en vez de llamar a la comisaría, la anciana sólo atinó a observar nuestro proceder detenidamente y se reía despacito la guacha.
El viejo me apuró con un comentario de esos que me revientan tipo -Para hoy, y entonces abrí fuego contra una pileta, que igual estaba llena de verdín porque era invierno, la bala fue a pegar en el agua, y se escuchó ese "chupluc" que justo, tras los muros, viene a oírse, de corceles y de aceros, cuando estás en el baño y hay visitas.
Entonces papá se calentó, porque él quería que yo practique en serio, y le parecía que dispararle al agua no me permitía verificar si había dado o no en el blanco.
Por suerte, en esa época, mamá, todavía no habías nacido, pues, de haberme visto manipulando armas de fuego en terra ignota (o aqua ignota, qué sé yo) te habrías preocupado bocha.
El viejo me recordaba: operá el arma siempre como si estuviese cargada, y también: no le apuntés a algo si no le vas a disparar, y también: sacá el dedo del gatillo, infeliz. Ahí fue que casi casi a papá le dio un heart attack, aunque sólo nos enteramos después, cuando le hicieron el electro.
Porque lo que pasó ese día fue que papá le disparó al barro del jardín de la vieja, que en un rincón oscuro se reía despacito la guacha, mirándonos.
Entonces fue que la tierra se abrió de par en par, de dos en dos, justo como, inoportuna, no se abre cuando uno, tras algún hecho embarazoso, pagaría por que ella se lo fagocite.
Y de adentro de la tierra salían los chicos, escapando a los gritos de las entrañas calientes del planeta; salían corriendo los perros, los batracios a los saltos, las mariposas que aleteaban; asomaban los tentáculos de los pulpos; los pinos, ya libres para crecer, surgían del agujero como gusanos de resorte; las moscas salían bailoteando y los peces como panqueques se agitaban desesperados por el agua, y nosotros éramos los obstetras y el agujero de bala la concha de tu madre.
Maurice
Nî Ghandao, setiembre del '97
IV - Mauricio quiere ser bombero
f(0) = 0
f(k) = f(k - 1) + (1 - f(k - 1)) * X
--
f(1) = 0 + (1 - 0) * X = X
f(2) = X + (1 - X) * X = 2X - X2
f(3) = 2X - X2 + (1 - (2X - X2)) * X =
= 2X - X2 + X - 2X2 + X3 =
= 3X - 3X2 + X3
f(4) = 4X - 6X2 + 4X3 - X4
...
--
1/
1/1
1/2 1
1/3 3 1
1/4 6 4 1
/
--
odd(k) = if k mod 2 == 1 th 1 el -1
f(k) = ∑ki = 1[ c(k, i) * (-1)i + 1 * Xi ] =
= ∑ki = 1[ c(k, i) * (-1)i + 1 * Xi ] - (-1) =
= 1 + odd(k) * ∑ki = 0[ c(k, i) * (-1)k - i * Xi ] =
= 1 + odd(k) * (X - 1)k =
= 1 - (1 - X)k
Mirá cuántos amigos tengo en Facebook
mirá cuántos amigos tengo.
No es hazaña ordenar
alfabéticamente
secuencias de un solo elemento.
V - Mauricio aprende a mover el vientre
Última esquela de Mauricio, de la cual recibieron copias sus familiares cercanos, tres amigos íntimos, seis conocidos, dos compañeros de la primaria y un enfermo terminal, alérgico a la centolla, que falleció al terminar de leerla.
12 de enero de 1998,
Hola [tachar lo que no corresponda], ¿cómo andás?
Espero que te haya ido bien en el final de cálculo renal, diferencial, integral, temporal y espacial.
Sé que estudiaste mucho, que le pegaste duro y con un caño, porque la vida es así, Pitágoras de Samos.
No desperdiciés el un kilo de carne picada común que fuiste a comprar al frigorífico pal perro.
Me gustaría que, si bien la señorita, wow, me lame, libidinosa, la lamella, te acomodes los rulos rubios, vellosos, cabelludos, con peines de hueso de protocerátops arteroescleróticos, que te hayas recuperado de la ocasión en que el unicornio azul icosacéfalo te pinchó con su vigentésimo (porque en cada cabeza tiene diez) cuerno en el orto blando, que hayas podido mascar tranquilamente el cadáver de anfisbena trilobitificata, que yugo en una sepultura de negrura tan tan innegable, calmando así tu apeto feroz, y sin que te envenenase, por otra parte, tal pútrido elemento.
Que, hechicero de nariz prominente pero a la vez carente de verrugas, te encuentres adentrándote, seguro pero lento, en el dominio de los arcanos, en el arte de conjurar antiquísimos sortilegios para invocar a los elementales que desde siempre moran las pesadillas de los hombres (y de las mujeres, si hace falta aclarar que el género y el sexo son dos cosas distintas): la madre Jau, la madre-tiempo, la madre-que-no-se-ve, el hálito extra-gélido, humaredante, imprefabulible e incomensurable del Oscuro.
Y que otherwise la estés pasando bien, como un infante pelotudazo en la tráquea inflamada del barco Olitas, que, tragándose la deprimente pálida de algún desprevenido, lo expele, en forma de fichas, por el ano, hecho unas fiestas.
Yo, _____, hijo de ______ [completar con letra de imprenta], estoy borracho tirado en el piso. Bueno, lo de tirado en el piso no es verdad; lo de borracho más o menos.
Igual me confesaron que si bien tomé mucho pero no se te nota flaco. Qué no se iba a notar, si se movía el mundo entero, si no podía escuchar un puto grave, si me eructé la vida en rose de Nuestro Señor Jesucristo.
No pensés, sin embargo, que me puse en pedo gratis. La cuestión es que nada me importa más; que si la gente toma, yo gatbbiàn, porque esa es la apología de los narcóticos.
De cualquiera mañera, todavía estoy mareado y tengo los oídos ligeramente tapoñados por un cerumen tan adhesivo como sabroso. Tapados como si yo fuera un gladiador romano -enfrentándose, en el colosseum, a las agudas zarpas de un severo león; en las cloacas, a una rata de alcantarilla- al que se le taparan precisamente sus orejas por ascender en avioneta más allá de la topósfera.
Lo que puedo decirte, a vos, hoy, es a babor, es como si fuera, uno, menos consciente de sus propias limitaciones y se atreviera a doblarse sin tanto miedo a romperse el alma. A estribor, el equilibrio se complica un toke.
Con más que decir pero sin ganas de escupirlo, se despide de Ud., tan atte. como la concha misma de la lora,
Maurits
VI - Teoría mauriciana del sombrero rojo
Publicado en la web, ca. equinoccio vernal de 2001.
Mis tres interlocutores son personas que se jactan de su racionalismo, pero se trata de un racionalismo incompleto, manchado de dogmatismo.
Las leyes de Newton son racionalistas, porque tratan de explicar el universo. Son un modelo útil, que se ha bancado la hostilidad del tiempo (to stand the test of time?), y los físicos siguen estando esencialmente de acuerdo con ellas. Pero afirmar que son verdaderas, sin darse cuenta de que son un modelo, y de que la Verdad es inasequible, es una falta imperdonable.
Mi primer interlocutor, que bien podría ser yo mismo, calza un sombrero rojo, y es una de esas personas que creen que en el idioma hay cosas que están bien y cosas que están mal. Me refiero sobre todo a la distinción entre construcciones gramaticales vs. no gramaticales (y voy a centrarme en ellas), pero también a cuestiones léxicas sobre el significado de las palabras, o de otros tipos, como las distinciones difusas entre polisemia y homonimia. Insisto en que me centro en la gramaticalidad, pero creo que lo que digo aplica para cualquiera de esos casos.
El consenso, las gramáticas, los diccionarios y la otherwise jurisprudencia, plasmada en libros y otras publicaciones, ciertamente nos permitirían, si quisiéramos ponernos el sombrero rojo, admitir que se dice "si pudiera" y no "si podría", o "sea como fuere" y no "sea como sea".
El lenguaje es una herramienta que sirve primordialmente para comunicarse. Por eso, en un sentido, mi interlocutor está un poco equivocado, porque si un enunciado cumple con su objetivo, que es comunicar algo, ¿qué importa si está "bien" o "mal"?
(No obstante, a él, que es tan obsesivo como bien podría serlo yo mismo, observaciones como esa lo exasperan terriblemente).
Por ese mismo motivo, tiene un poco de razón. Dado que usamos el lenguaje para comunicarnos, es menester que nos pongamos de acuerdo como mínimo en algunas cosas básicas. En ese sentido, un enunciado estaría "bien" si cumple con esas reglas y "mal" si no las cumple.
El problema es que mi interlocutor tiene otra convicción, y lleva el afán por determinar qué expresiones son gramaticales más allá de sus límites.
Me explicaré.
Para ver una cosa hay que comprenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones y partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o de un vehículo? El salvaje no puede percibir la biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos. [JLB]
El lenguaje es una abstracción. El hombre del sombrero rojo piensa que hay tal cosa como una Gramática Castellana Ulterior, escrita en un libro inmaculado, que determina exactamente cuáles son las oraciones gramaticales y cuáles las agramaticales. Mi interlocutor piensa que El Castellano Gramatical es un conjunto de strings que se desprenden de una definición matemática formal e inambigua.
Pero no nos engañemos. Lo único que a través de la experiencia y a ciencia cierta podemos conocer son los enunciados. Desde que nacemos nos vemos expuestos a cantidades industriales de enunciados. A partir de ellos, la mente de cada uno de nosotros extrapola una gramática, induce un conjunto de reglas. Pero el conjunto de reglas no es algo de lo que podemos tener una experiencia directa. Experimentamos enunciados, y el conjunto de reglas lo inducimos.
La ilusión de mi interlocutor es considerar que existe tal cosa como una Gramática Castellana Ulterior, ubicada fuera de nuestras mentes, que define formal e inambiguamente El Castellano Gramatical.
Yo no sé si esa gramática existe o no. Es una pregunta ontológica que quizás preocupe a alguno, pero a mí me tiene sin cuidado. Porque en cualquier caso, incluso suponiendo que esa gramática exista, ¿de qué manera se la puede observar?
A fines prácticos, no hay una Gramática Castellana Ulterior. Solamente hay, en cada una de nuestras mentes, un conjunto de reglas construidas inductivamente a partir de todos los enunciados que fuimos absorbiendo desde que nacimos.
A mi interlocutor del sombrero rojo, que a lo largo de su vida fue armándose una gramática en la cabeza, le gustaría poder expresar todas esas reglas matemática, formal e inambiguamente.
Ese es un objetivo completamente válido e interesante.
El riesgo es que cometa los siguientes errores:
- Considerar que la gramática que él infirió es la Gramática Castellana Ulterior.
- Cuando encuentra un agujero, ambigüedad o subespecificación que no puede resolverse claramente a partir de la jurisprudencia, considerar que hay una respuesta "objetiva" y "verdadera".
VII - Al jardín de la lámpara
En esos días de hechizo mágico, todos se ven al revés en el espejo. Lo que entra por la ventana de la casa desconocida (que me imagino como la mía) es la ambarina luz de la noche. En la calle, veo a alguien y espero a estar más cerca para mirar. Quiero ahogarme en un mar de mariposas, recitar estos versos, encontrar a Loribio, me llevo el tiempo al jardín de la lámpara.
Étude
Tengo apellido, nombre, y otras cosas.
Cédula, pasaporte, documento,
la partida, también, de nacimiento,
una foto carné y la de mi esposa.
Para poder estar adonde estoy,
toda esa burocracia necesito.
Fotocopiar una hoja, el requisito
para mostrar que soy quien soy quien soy.
Esto es lo que hace que otra vez me asombre
¿qué tendrán, yo no sé, que ver conmigo
esas firmas, papeles, y carpetas?
Si en realidad las fechas y los nombres
no capturan mi esencia, entonces, digo,
no son sino una inútil etiqueta.
2-corpóreo
Prólogo a preputiae
Para empezar el post del día, franca y definitivamente fálico, pensé en el siguiente ready-made. (Fuente: mi carpeta de Wonderful Spam).
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Preputiae
-Me duele el pito. -¿Cómo que te duele?
-Me duele, má. Cerrando la canilla,
hacia la silla va en la que, llorando,
mira los dibujitos en la tele.
Argumento: el coyote en una roca
pinta un túnel (es "Acme" la pintura),
cruza el correcaminos la abertura
y lo sigue el coyote que se choca.[1]
lo chico siempre juegan a esa cosa.
Yo mimo otrora usé un vetido rosa
y me ensucié el hocico con labial.
que me aplastara el pecho un terremoto,
que el techo roto me desamparara,
que no cupiese el grito en mi garganta.
Odió la mueca que, con toda el alma,
cuando lloró pero también reía,
le devolvió el espejo. Se sabía:
después del temporal, viene la calma.
Estaba viendo sus caricaturas
y muy segura ha dicho (oh Dios, no entiendo),
ha vuelto a repetirme que es un niño.
Sus ojos vidriositos ya se callan.
Tragó ese humor bilioso, tan amargo,
constrictor del cogote. Sin embargo,
Me duele el pito. Y el coyote estalla.[2]
eplora lo sexual, no la reprima.
Si hata mi prima usaba, de verdá,
un pan lactal, señora, en vez de verga.
yo quería coger y ella también.
No sé quién de los dos levantó a quién.
Lo que sé es que ella quiso un telo caro,
¿Qué te importa? De todo hacés un drama.
Allá ëlla si agarra, se proclama
torta, y se arranca de raíz las tetas.
La madrugada en esa habitación
me llevó a la angustiosa conclusión
de que ser un humano es ir despacio.
Fue una noche cualquiera, en una fonda
que más que restorán era un comíbulo,
la última vez que hablaron cara a cara.
Y era un pibe y estaba embarazada.
-Y me parece que me sale sangre.
-A ver, sacate. Le examina el glande.
-¿Qué te estabas haciendo? Me parece
que sos chiquito pero ya estás grande.
Hoy la guacha se aleja en helicótero.
Protesta cada vieja. Y en la zona
con aerosoles rojos que la escrachan,
la multitüt enardecida entona:
Por obra del azar o de la yeta,
del portador de luz, o simplemente
de aquel demente que cargó una cruz,
llegás en bicicleta a resbalar,
o a pifiarle al enésimo peldaño,
o en la importuna piel de una naranja
patinar, o en el musgo de la zanja,
y te podés caer y hacerte daño.
Este mundo es ideal para suicidas:
puede tocarte un huracán o un rayo,
o un caballo, miralo a Supermán,
y cambiarte la vida en un segundo.
Bruja, que bruja fuiste y bruja sos,
qué carajo le hiciste al nene, bruja.
Bruja, que bruja sos y bruja fuiste,
y al nene, bruja, le cortaste el pene.
-- EDIT: no me convencía el último verso, de modo que lo cambié.
-- La idea es la misma, claro.