Luz

Fugaz destello que iluminó el baño.
Estábamos los dos frente al espejo.
Nos vio la luz: ahora éramos viejos.
Teníamos no menos de cien años.

Vi arrugadas tus manos, tus siënes
llenas de pelos blancos, el dibujo
de tus cuencas, todo se reprodujo,
el reflejo se amplificó mil veces.

Pasó el fulgor. Entonces renacimos.
Nos miramos y no dijiste nada,
seguíamos lavándonos los dientes.

El resplandor de aquella luz que fuimos
resplandecía ahora en la mirada
y no había otro tiempo que el presente.

Desorden en la cabeza


-A-


Estás enfermo, exposición a rayos,
vas a morirte, exposición a rayos,
dentro de poco, exposición a rayos,
te va a comer la exposición a rayos.

Nadie menciona, exposición a rayos,
será tabú tu exposicion a rayos,
pero se sabe, exposición a rayos,
que te morís, exposición a rayos.

Es para siempre, exposición a rayos,
esta agonía, exposición a rayos,
de callarse la exposición a rayos,

de no decir la exposición a rayos,
de que ojalá la exposición a rayos,
termine pronto exposición a rayos.



-B-


Cualquiera piensa que una fiera inmensa
que conoció y nació en tu propio abdomen
vendrá a hablarnos de lunas y de soles,
de eolos que machucan los gladiolos.

Si, roquero petiso, tu vaquero,
tu campera de cuero, tu guitarra,
suenan como cigarras veraniegas
que despliegan todo tu chocolate,

desvirgá nuestras tres conchas macabras,
tatuate estas palabras por acá:
"aquí yace el lector de este epitafio,

aquí yace el que busca algún sentido,
significado atrás de los sonidos,
alguna cosa más que sinsentido".



-C-



Agarrá el cielo.
Del cielo agarrá un pibe.
El pibe estaba muerto.

Del pibe agarrá el sueño.
Del sueño agarrá el sitio.
El sitio era tu cama.

Del sitio agarrá el dueño.
Del dueño agarrá el nombre.
El nombre era tu nombre.

Del dueño agarrá el miedo.

El miedo es lo remoto,
es un hombre sin rostro.

El miedo es ese témpano
que nadie pisó nunca.

El miedo es una mano
que deformó el incendio.

El miedo es peste negra
convalecencia y vómitos.

El miedo es las dos lunas
tenebrosas de Marte.

Miedo a lo oscuro.
Miedo a las penumbras.
Miedo a una forma oscura entre lo oscuro.
Miedo a bajar una escalera sola.

Miedo, humo negro haciéndose volutas,
miedo, volutas conformando garras,
miedo, garras de gallo, de felino,
miedo, dientes filosos de conejo.

Del pibe agarrá la edad.
Tendría diez, doce años.
Del dueño agarrá el mirarlo.
Al verlo te deja helado.

Hielo que te recorre
la espina como un rayo.

¿Quién es el desgraciado
que ronca en tu colchón?
¿Es tu imaginación?
¿Cómo mierda habrá entrado?

¿Habrá que despertarlo
o convendrá esperar?
Poné agua a calentar
para hacerte unos mates.

Tus piernas van flaqueando
como susurros.


Pedazos de otros



ii.

Tres sueños imposibles: ser tu pulpo en el agua
de dos al cubo patas,
romperte las palabras, tatuarlas en tu cuerpo.
Convertirse en espejo, tres sueños imposibles:
tu rostro de gorgona convertirse en estatua,
saber que estoy despierto,
ser Teseo,
salir de un laberinto,
rendir culto a los toros,
apilar direcciones de retorno.
Tres sueños imposibles,
sumergirse en los sueños imposibles.


iii.

A medida que avanza
la demencia
se va poniendo verde.

Forzosa oscureció
esa montura de los dientes
que es caballo y es tiempo.

Fui madrecita:
la violencia, la vida,
las pestañas que vieron
el sol y el aguacero que atravesaron campos,
otros fuegos, el viento,
silencios negros,
firmamentos oblicuos,
serenidad y fiebre,
la vertical de balsas sobre acuosas
bocas abiertas.

Una alhaja buscada:
heridas.


iv.

Cada vez más ni yo,
ni el sol,
ni ellos,
ni nadie,
ni las funciones recursivas,
ni los razonamientos,
por la presente, hundido,
corriendo el día
de tedio, fantasía,
de algarabía de pirámides.
Cada vez más abierto,
más hecho pedacitos de termómetro roto,
cada vez más me sigue
la sombra negra.

Cada vez más me sigue el ave negra.


v.

Hoy mirando tus labios me hallé inexperto y frágil
como un barco de diarios atravesando el agua
y me hechizaban tanto tus palabras de arcángel
que quería violarlas como a vírgenes castas.

Con carbones firmabas cadáveres de roca,
imprimías palabras paleozoicas, extintas:
palabras que regresan a jurar que están vivas,
a asfixiarme en ovillos de pasados y sombras.

Paloma que rasgabas la trama con las plumas
y el cielo permanente perdía su esplendor,
te contemplé callado, como a una quieta flor
que el viento mece apenas, y que apenas acuna.

Ayer que se dormían tus manos en mis manos
éramos dos caballos imposibles de atar:
besaba largamente tus labios afiebrados,
trotabas por encima de tu próxima muerte.

Hoy que te sé perdida pienso tus brazos pálidos,
relincho y me refriego la sangre de los dedos,
maldigo el horizonte, navego otros fracasos
y sé que habrá otros álguienes con los ojos abiertos.

No nos queda otra cosa que unos presentes pocos,
que unas cuantas paredes manchadas de humedad,
resignarse al destino de volver a ser polvo.

La vida es una llaga difícil de curar.


i.

Katarina mi niña, ángel, ser luminoso,
tus manos todavía prendían una vela.
Piel de aceituna, digo, piel de aceituna negra,
damisela, finísimo tejido de acuarela.

Tus tres o cuatro pelos todos duros, qué miedo,
mirando unas arañas. Trepaban y trepaban,
boluda, si supieras la de arañas que había,
y encima una de patas que no te imaginás,
ocho por ene patas para ser más precisos.1
1 Si convenimos en llamar ene a la cantidad de arañas.

Flash-forward al presente: Katarina, temblando,
rodás por estos pisos que edificó tu madre:
cuando falte la muerte,
cuando falta,
cuando falta la muerte y el cementerio cierra
¿le pedirás a quiénes que te entierren las perras?
Como si fueran sobras de algo que fue y no es más.

¿Dónde está Anaximandro? Decías, Katarina,
mesándote los vellos de la concha nerviosa.
Pero será posible. Pero este Anaximandro,
dónde se habrá metido. Le gritabas "negrito".

Tenías la pileta, tu casa era re grande,
la pileta en el fondo,
con una mesa larga
para los comensales.
Se acabó Anaximandro.
Anaximandro falta.

Y al tipo allá sentado le importaba tres pitos:
si era un gordo asqueroso.
Pero bueno, igual ella
lo re quería.

Querida Katarina: por esta pelopincho,
náyade del submundo, te echabas a dormir.
La modorra y la fiaca podían más que el ánimo:
soñabas que nadabas las playas del Brasil.

–¿Dónde está Anaximandro?
–Le falló el hígado.
Lo operaron anoche pero no resistió.


Bucólicagada



i.


Hoy cruzá los semáforos en rojo,
sacale fotos al David con flash,
estacioná en la entrada del garage,
entrá a nadar y contagiales piojos.

Fumá en la clínica y los ascensores,
ingresá con bebidas y alimentos,
pisoteá el césped de los monumentos,
suministrale alcohol a los menores.

Asomá el brazo por la ventanilla,
colate y excedete de sección,
fijá carteles, chicles en las sillas,

charlá en la biblioteca no parlante,
sacá a pasear al perro en el Colón
y arrojá en la vereda este volante.



ii.


Una vez a un tipo le picaba atrás de la rodilla y se lo quiso decir a la esposa, "me picó un mosquito acá", pero se dio cuenta de que ese lugar ahí atrás donde se flexiona la pierna no tiene nombre, y en su calidad de visionario supo ver en esa omisión el potencial de un negocio, lo que lo impulsó a fundar esa tarde misma un startup que lucraba con la enajenación de partes del cuerpo olvidadas por el diccionario: rascar.

Al otro día, como había mandado a poner un aviso de la compañía en uno de esos carteles de Su Publicidad Aquí, le llegaron varios e-mails de señores afirmando exaltados que la parte del cuerpo en cuestión sí tiene nombre y se llama hueco poplíteo, y que podría haber buscado o preguntado a un experto antes de embarcarse en una empresa desde el vamos obsoleta.

El flamante CEO y único empleado de la PoME recibió la novedad inesperada como una piña ya que aparentaba dar por tierra con el emprendimiento, pero se sentó igual y solito en una mesa de ejecutivos disponiéndose a conjurar un brainstorming a ver qué otras partes tiene el cuerpo a las que nunca se haya catalogado. Se le ocurrió de inmediato ese valle como el cauce sucinto de un río ya seco que va desde la nariz hasta el labio, pero resultó que se llamaba filtrum o surco subnasal, y barajó también esa piel que nos hace un poco parientes de los patos uniendo el dedo pulgar con el índice de la mano, pero una consulta rápida le permitió cotejar que tampoco podía vender el nombre de las membranas interdigitales porque ya tienen, y esa noche se fue a la cama desahuciado porque a la cosa no le veía prospecto.



iii.


Ayer en la espesura de los bosques
me cogí a un elfo.
Me miró con sus ojos cristalinos,
le tembló el cuerpo.
Entre las ingles escondía el sexo.

Qué orejas puntiagudas que tenía.
Besé su pelo.

Acabé sobre sus muslos de mármol.
Le chupé el cuello.

Anoche entre el silencio de los árboles
me cogí a un elfo.


iv.


Torturé al condenado: le inyectaba en los ojos
las lágrimas, y viéndolo, le lastimaba el morro
todavía la anchura de aquel cielo bastó
para tres noches.
A la mañana fría lo recibió la escarcha.
Lo enterró un hombre grande con la cara cansada.

Rebané cada cosa que no querés saberlo.
Era como una planta que el viento mece, el muerto.
Calma de las verdades que me ciegan y atrasan.
Horizonte de negro como un reloj sin pilas.

Vuelvo a la vida cotidiana.
Jabón en polvo.
Dos kilos de papas.
Llevar a remendar el pantalón.

Quizá algún día busqué el cielo pero no busco más.

Y el semen estalló en el espejo:
rendición que la melancolía traza en su regocijo de ascos.

¿Dónde me encontrarán sus manos,
los libros añorados,
el cucú que ya no miro pero igual canta?

Verdad de aquellas cosas que no se dicen nunca.


v.


Vi un dragón desplegar sus alas largas
recortando el celeste firmamento
y al montarlo me dolían los huevos
del sacudón que les pegaba.


vi.


La niebla de sus ojos
(me miró el archimago)
era un enigma de milenios.
Era eternidad omnisciente
de los irremediables destinos.
Murmuraban sus labios
palabras como gemas
de sabiduría en cristal:
"no comprés esa marca de papel higiénico
que es más barata pero trae
solamente treinta metros".


vii.


Los enanos marchaban
con mantones y hachas
con las barbas cobrizas
trenzadas.

Se tronaban los dedos
y cantos entonaban
empuñando sus picos
y palas.

Cuatrocientos enanos
recorrían el valle.

Y al salir de la luna
se contaron historias,
cantaron y rieron,
comieron y bebieron
milanesas a la napolitana
con guarnición de papas fritas
y una fanta.


viii.


Oí el croar de mil distintos bichos
y retazos de sol colandosé
entre el rugir de los yaguaretés.

El sendero perdido
se adentraba en el bosquecillo.

Bellotas, hojas secas.

Y en el costado un hada
con la bombacha baja en los tobillos:
un hada haciendo caca.

Se escondía la luna tras el velo
que el sutil aleteo de sus frágiles alas contorneaba.

Qué te comiste un muerto.
Qué baranda.

Versaico

Coprosaico


Creación ex nihilo de la galaxia:
me di la vuelta y de repente el día
nos convertía en ídolos de barro.

Poesía estéril de las rimas blancas,
es decir que no rima.
Poesía estéril de los versos libres,
es decir que no métrica.

Connotación de rimas negras
y versos prisioneros.

-

Manchan el conurbano rascacielos,
huellas descomunales de gigantes,
amplios cadáveres de dinosaurios,
el polen de coníferas prehistóricas.

Dicto la profecía del acierto:
las palabras del jardín del mañana.

-

Si un capitán oscuro,
edificio de tu crucifixión,
como un emblema de tu capa,
fresca llovizna torrencial,
es enigma de un signo
trabajado en palabras
o lágrimas de piedra,

si olor de mundos nuevos
salpicados de mierda
y hundiéndose en la carne
de algunos de nosotros,

si, perfume de aquello que alguna vez has sido,
la "i" que pongo bajo de tus puntos,
el siglo de Oro que fue de los Incas,

ya no te escribo nada,
ya se detienen las memorias,
ya el toro al toro y el Hécate al Hécate.

-

La Luna se nos paraba en el piso:
¿te acordás de cuando éramos chicos?
y el Neptuno en el agua
sembrada de tu esperma.
¿Dónde irán a parar cuando te enfermes
los libros que dijiste, fingiste poseer?

La construcción de los posibles
y la anunciación de tu estrella
son certezas solo para el suicida.

-

Alcé la cara y se moría,
martín pescador de embeleso,
narcotraficante del sueño,
como la estrella inseminada,
y vi mutilado lo eterno,
lo repetido repitiéndose.

¡Mi alma es niña!
¡Mis pechos son de niña!
¡Mi alma es de hombre!
¡Mis manos las de un hombre!

Este fogueo de desvelos
y cimbronazo de las balsas,
ángeles luengos de alas luengas
y calaveras demacradas
por la confesión de una farsa.

-

Declinábamos respetuosos
el entrecerrar de las puertas
con exactitud de tijeras
como flatulencias horrísonas.

Me abracé a tus ojos azules
con la desnudez de mi cuerpo
muerto del fuego que ascendió de adentro
como una lengua desde el vientre
y era un calor inverosímil
el que delineaba la tarde.

Tomé el vaso frío en la mano
y una gota se condensaba
por su superficie empañada.

Rechazábamos el futuro
con la convicción de los pájaros.

-

Era una mariposa que dormía,
rosa dormida clara y briosa,
y no había en sus alas otra cosa
que lo volátil de los días.

Puta guardándose una esquina
como se guardan los recuerdos
de la niñez en el hospicio.

Verso escondido entre la prosa,
fragancia de ásperos helechos.

Dolor que inclina el pecho
a la pesadumbre gris del insomnio.

Orden de los escaques
roto por interminables vigilias.

-

Traigo un racimo de soles
para entregártelo a vos.
Aquella vez que sollocé en secreto
y urdimos los canastos
como se urden los huesos.

El olor a mañana
se abrió como unos párpados
e hizo en el aire tenue
de transparencia límpida
su nido de gorrión.

Hay cada vergüenza oscura
que se te aflojan las patas
y arrugados de gélidos
los dedos que tremulan.

Habitación de ningún sable
que ilumina tu aullido y lo relumbra.

-

Dos vidas: la de madre y la de padre
se conjugaban en tu rostro.
La mitad de la cara iluminada,
sombra en la luz y luz en la penumbra.

Hay sitios para estar vivo
y hay sitios de estar muerto:
lápidas, urnas, nichos,
bóvedas, tumbas, féretros,
epitafios, sepulcros,
ataúdes, sarcófagos,
altares, sepulturas,
cementerios, panteones,
catacumbas y criptas,
fosas y mausoleos.

-

Extraño es que al llegar abrás la puerta
y estés en casa con tu sweater de oso;
y si llegás y te ponés mimoso
y abrís pelotudeces bien abiertas
como una Dulcinea del Toboso,

seré el ángel que tanto te despierta,
la fiel continuación de aquel sollozo,
seré la destrucción de los destrozos:
será como si ya estuvieras muerta.

Angelito de las calamidades
no vengás a escupirme más verdades
que de verdades ya me tenés harto.

Si algo nace de este parto sangriento
serán los vientos que da a luz el orto,
y el feto muerto que se llama aborto.

Velo de altas estrellas, constelando.


Pete cerebral


Había una paloma
arriba de la mesa,
pensé que se volaba
pero no se voló.
La invité a mi pieza
y en mi pieza se quedó.

Sueño con un pasillo largo como una vida,
sueño con una herida que abre en tajos el sueño,
sueño con el silencio de los trenes y el tiempo,
con blancura de esmaltes e higiene y cirugía.

Otro día a la noche
la casa se incendió
y mi abuela gritaba
que se nos quema el coche.
Vinieron los bomberos
pero el auto se quemó.

Sueño con una bronca que seca la garganta,
sueño con erecciones y con vaginas húmedas,
sueño con corazones corriendo tras la angustia,
con los muertos que vuelven y los vivos que faltan.

Hay una sombra en el patio
mirando por la ventana
la miro, ¿será una rana?
Potencia de quinientos megavatios.
¿O será quizás un preso
que se escapó de la cárcel
y viene a cercenarme mi pescuezo?

Se me hacían las nueve de la tarde,
llamada por teléfono, ¡qué tal!
se nos subió el calor hasta la cara
cuando envalentonada,
¿aceptarías, nena, si te invito
a aquella calesita sideral del amor?

¡Tal vez la espada cercenara, esbelta,
tu bramante cabeza de león
para los ocho magos de Helestión,
celta del Nilo y zombie bonachón,
pero nunca podrá cortar el hilo,
esta electricidad que nos recorre!

Abrían muertos entre nuestros vivos
tortugas con caparazón de olivo.


No da para algo más


Ella y él en el campo de exterminio;
les ladró el guardia: 'sáquense la Ropa'.
Hacía tanto no tomaban sopa
que eran costillas más que dos judíos.

Los inundó el olor de la masacre
que fumigaba maquinal la tropa,
y escalofrió la médula de Europa
con su macabra industria de cadáveres.

¿Cómo aceptar el carácter de humano
del victimario, que el horror denuncia
de ser su espejo y fiel autorretrato?

De inconcebibles víctimas desnudas
coqueteando en la cámara de gas
diciéndose '¿no da para algo más?'