Al jardín de la lámpara

I - Los trabajos de Mauricio

Desde aquella exposición de Duchamp, Mauricio me dijo que no puede mingitorinar sin sentir que está en el museo. Peor aún, desde que su tío, músico, lo introdujo a la controvertida obra de Cage, no puede guardar un minuto de silencio sin que lo distraigan los primeros compases de 4'33''. Qué triste.

Las asperezas entre Mauricio y las vanguardias empezaron en los nefastos años de Corach y Roque Fernández, precisamente cuando yo estaba en séptimo grado, de viaje de egresados en la península Valdés.

Cualquier argentino al que se le mencione la República de Ulbindho pensará, probablemente, en las imágenes que las postales y las películas divulgan. En el paisaje montañoso, los edificios coloniales, la aparente ingenuidad de los nativos. Si es como yo, pensará también en el ghibe ghibe, lenguaje tan inexpugnable para nos, por ser tan poco indoeuropeo.

Pero pocos tendrán en cuenta que en algún rincón del país está Mauricio, que para la ley está muerto, como los sadhus, y para su familia ya te imaginás.

Se fue por negocios oscuros, pero nadie lo supo. Oficiaba de intermediario entre los compradores y los vendedores, en un páramo escondido entre las montañas que hoy podrías encontrar en Google Maps, pero en esa época no.

Cuando yo era chico, desconfiado, siempre me preguntaba esto: si A le compró algo a B y se lo tiene que pagar, ¿cómo se puede hacer para que A entregue los billetes una vez que ya recibió el objeto a cambio y para que simultáneamente B entregue el objeto recién una vez que haya recibido a cambio los billetes? Mi conclusión era que esto era imposible, y que la mejor solución era que, al mismo tiempo que el comprador ponía, con su mano derecha, los billetes en la mano izquierda del vendedor, el vendedor ubicara, con su mano derecha, el objeto en la mano izquierda del comprador, siendo la solución simétrica igualmente válida.

Mauricio era la pieza que resolvía el problema, no porque hubiera concebido una manera mejor de hacer el intercambio sino porque las partes que intervenían confiaban en él. Omitiendo los detalles, los compradores le daban la guita a Mauricio, los vendedores entregaban las mercancías y él se encargaba de pagar.

II - Nota hallada en el cuaderno de Mauricio, que tiene la tapa del hombre araña

Ejercicios que olvido cuando dejo de meditar.
  1. Inspirar. Estoy. Expirar. Estoy.
  2. Encontrar el instante justo en el que la mente se va.
  3. Caminar poniéndose como metas puntos lejanos.

Cómo me gusta el pan con manteca.

Good ol' rock. Nothing beats rock.

III - Penúltima epístola de Mauricio a su vieja

Mamá:

El otro día mi hija estaba jugando con una aspiradora, que, como era, naturalmente, de esperarse, tenía un botón que servía para aspirar. Entonces vio, oh sorpresa, que había dos botones, uno de los cuales todavía no había, ella, mi hija, usado nunca. Sospechando que el segundo botón encerraba el misterio de alguna otra función quizás tan divertida como la primera, me preguntó para qué servía. Pero yo le dije que ese otro botón sólo servía para vaciar la aspiradora (para poder desenganchar la bolsa del aparato en sí) ¡y se me puso de triste!

Entonces, al ver su desilusión, me acordé de algo que me había ocurrido en mi infancia: cuando yo era chico, papá me había enseñado algunas operaciones, tales como sumar, multiplicar y elevar. La que más me gustaba (y me sigue gustando, eh) era la potencia, que se escribe con un superíndice (sabés cómo, todo más arriba y en letra más chiquita). Una vez, husmeando entre los papiros de papá, porque en esa época estaba en la facultad de ingeniería, vi que había también subíndices (es decir, todo más abajo y en letra más chiquita). Qué intriga. Entonces, sospechando que podía tratarse de alguna operación nueva y divertida, le pregunté a papá para qué servía. Pero él me explicó que los subíndices solamente servían para distinguir entre varias cosas, de tal forma que "a sub 1" es una cosa y "a sub 2" es otra cosa. Y en esa ocasión fui yo el que se precipitó en la decepción.

Otra vez, ya más de grande, papá había comprado una escopeta. Y le decía que había que manejarla con cuidado, que tenía que respetar siempre Las Reglas para manejar un arma. Ella, mi mujer, tenía labios de pomegranate, y seguro fue que yo asocié con las granadas, de esas que les sacas el cabito con los dientes y una pizca después explotan. Las Reglas para manejar un arma, seguramente tomadas de Penn y Teller y Eric Raymond, eran algo así:

  1. Todas las armas están cargadas.
  2. Solamente apuntale a algo si le querés disparar.
  3. Sacá el dedo del gatillo a menos que estés listo.
  4. Fijate qué hay atrás del blanco.

Con papá íbamos por una de esas calles de doble apellido, porque viste que acá se llaman así: M.C., M.P., A.L., B.R..

Papá me preguntó, como suele hacer, si estaría bien disparar hacia el cielo, pa' festejar vio, y yo le dije que no, que eso es muy peligroso y se le puede pegar a alguno sin quererlo, y paso yo y está todo bien, pero pasa un patrullero y ¿sabés dónde vas a parar?

Entonces me dio la escopeta y me dijo pegale un tiro al piso. Luego, ante mis previsibles torpezas en la operación del delicado mecanismo, recalcó, con ironía -Sos una luz.

A mí me daba un miedo que no te cuento porque había un pibe andando en bici y mirá si justo yo que no toqué un gatillo en mi puta vida le pego al pibe y se me arma un quilombo padre.

Entonces, para ver si nos servía como polígono de tiro, nos colamos en una casa cuyo patio estaba separado de la calzada por apenas una cerca baja. La dueña de la casa era una vieja, y cuando la vi me imaginé que se iba a cagar toda cuando nos viera entrar con la escopeta, que iba a llamar a la cana y que íbamos a terminar en el calabozo de un castillo, aislados de la madre patria, de vos mamá, por una fosa de cocodrilos.

Pero no, la señora tenía la cara como cuando lavás los platos y los dedos se te arrugan en la pileta. Y todas las arrugas y la esperencia de vida de la vieja la protegían con un halo, propio de quien no temiera a la muerte por haberla experimentado ya.

La cosa es que en vez de llamar a la comisaría, la anciana sólo atinó a observar nuestro proceder detenidamente y se reía despacito la guacha.

El viejo me apuró con un comentario de esos que me revientan tipo -Para hoy, y entonces abrí fuego contra una pileta, que igual estaba llena de verdín porque era invierno, la bala fue a pegar en el agua, y se escuchó ese "chupluc" que justo, tras los muros, viene a oírse, de corceles y de aceros, cuando estás en el baño y hay visitas.

Entonces papá se calentó, porque él quería que yo practique en serio, y le parecía que dispararle al agua no me permitía verificar si había dado o no en el blanco.

Por suerte, en esa época, mamá, todavía no habías nacido, pues, de haberme visto manipulando armas de fuego en terra ignota (o aqua ignota, qué sé yo) te habrías preocupado bocha.

El viejo me recordaba: operá el arma siempre como si estuviese cargada, y también: no le apuntés a algo si no le vas a disparar, y también: sacá el dedo del gatillo, infeliz. Ahí fue que casi casi a papá le dio un heart attack, aunque sólo nos enteramos después, cuando le hicieron el electro.

Porque lo que pasó ese día fue que papá le disparó al barro del jardín de la vieja, que en un rincón oscuro se reía despacito la guacha, mirándonos.

Entonces fue que la tierra se abrió de par en par, de dos en dos, justo como, inoportuna, no se abre cuando uno, tras algún hecho embarazoso, pagaría por que ella se lo fagocite.

Y de adentro de la tierra salían los chicos, escapando a los gritos de las entrañas calientes del planeta; salían corriendo los perros, los batracios a los saltos, las mariposas que aleteaban; asomaban los tentáculos de los pulpos; los pinos, ya libres para crecer, surgían del agujero como gusanos de resorte; las moscas salían bailoteando y los peces como panqueques se agitaban desesperados por el agua, y nosotros éramos los obstetras y el agujero de bala la concha de tu madre.

Maurice
Nî Ghandao, setiembre del '97

IV - Mauricio quiere ser bombero

f(0) = 0
f(k) = f(k - 1) + (1 - f(k - 1)) * X

--

f(1) = 0 + (1 - 0) * X = X
f(2) = X + (1 - X) * X = 2X - X2
f(3) = 2X - X2 + (1 - (2X - X2)) * X =
     = 2X - X2 + X - 2X2 + X3 =
     = 3X - 3X2 + X3
f(4) = 4X - 6X2 + 4X3 - X4
...

--

    1/
   1/1
  1/2 1
 1/3 3 1
1/4 6 4 1
/

--

odd(k) = if k mod 2 == 1 th 1 el -1

f(k) = ∑ki = 1[ c(k, i) * (-1)i + 1 * Xi ] =
     = ∑ki = 1[ c(k, i) * (-1)i + 1 * Xi ] - (-1) =
     = 1 + odd(k) * ∑ki = 0[ c(k, i) * (-1)k - i * Xi ] =
     = 1 + odd(k) * (X - 1)k =
     = 1 - (1 - X)k

Mirá cuántos amigos tengo en Facebook
mirá cuántos amigos tengo.

No es hazaña ordenar
alfabéticamente
secuencias de un solo elemento.

V - Mauricio aprende a mover el vientre

Última esquela de Mauricio, de la cual recibieron copias sus familiares cercanos, tres amigos íntimos, seis conocidos, dos compañeros de la primaria y un enfermo terminal, alérgico a la centolla, que falleció al terminar de leerla.

12 de enero de 1998,

Hola [tachar lo que no corresponda], ¿cómo andás?

Espero que te haya ido bien en el final de cálculo renal, diferencial, integral, temporal y espacial.

Sé que estudiaste mucho, que le pegaste duro y con un caño, porque la vida es así, Pitágoras de Samos.

No desperdiciés el un kilo de carne picada común que fuiste a comprar al frigorífico pal perro.

Me gustaría que, si bien la señorita, wow, me lame, libidinosa, la lamella, te acomodes los rulos rubios, vellosos, cabelludos, con peines de hueso de protocerátops arterioescleróticos, que te hayas recuperado de la ocasión en que el unicornio azul icosacéfalo te pinchó con su vigentésimo (porque en cada cabeza tiene diez) cuerno en el orto blando, que hayas podido mascar tranquilamente el cadáver de anfisbena trilobitificata, que yugo en una sepultura de negrura tan tan innegable, calmando así tu apeto feroz, y sin que te envenenase, por otra parte, tal pútrido elemento.

Que, hechicero de nariz prominente pero a la vez carente de verrugas, te encuentres adentrándote, seguro pero lento, en el dominio de los arcanos, en el arte de conjurar antiquísimos sortilegios para invocar a los elementales que desde siempre moran las pesadillas de los hombres (y de las mujeres, si hace falta aclarar que el género y el sexo son dos cosas distintas): la madre Jau, la madre-tiempo, la madre-que-no-se-ve, el hálito extra-gélido, humaredante, imprefabulible e incomensurable del Oscuro.

Y que otherwise la estés pasando bien, como un infante pelotudazo en la tráquea inflamada del barco Olitas, que, tragándose la deprimente pálida de algún desprevenido, lo expele, en forma de fichas, por el ano, hecho unas fiestas.

Yo, _____, hijo de ______ [completar con letra de imprenta], estoy borracho tirado en el piso. Bueno, lo de tirado en el piso no es verdad; lo de borracho más o menos.

Igual me confesaron que si bien tomé mucho pero no se te nota flaco. Qué no se iba a notar, si se movía el mundo entero, si no podía escuchar un puto grave, si me eructé la vida en rose de Nuestro Señor Jesucristo.

No pensés, sin embargo, que me puse en pedo gratis. La cuestión es que nada me importa más; que si la gente toma, yo gatbbiàn, porque esa es la apología de los narcóticos.

De cualquiera mañera, todavía estoy mareado y tengo los oídos ligeramente tapoñados por un cerumen tan adhesivo como sabroso. Tapados como si yo fuera un gladiador romano -enfrentándose, en el colosseum, a las agudas zarpas de un severo león; en las cloacas, a una rata de alcantarilla- al que se le taparan precisamente sus orejas por ascender en avioneta más allá de la topósfera.

Lo que puedo decirte, a vos, hoy, es a babor, es como si fuera, uno, menos consciente de sus propias limitaciones y se atreviera a doblarse sin tanto miedo a romperse el alma. A estribor, el equilibrio se complica un toke.

Con más que decir pero sin ganas de escupirlo, se despide de Ud., tan atte. como la concha misma de la lora,

Maurits

VI - Teoría mauriciana del sombrero rojo

Publicado en la web, ca. equinoccio vernal de 2001.

Mis tres interlocutores son personas que se jactan de su racionalismo, pero se trata de un racionalismo incompleto, manchado de dogmatismo.

Las leyes de Newton son racionalistas, porque tratan de explicar el universo. Son un modelo útil, que se ha bancado la hostilidad del tiempo (to stand the test of time?), y los físicos siguen estando esencialmente de acuerdo con ellas. Pero afirmar que son verdaderas, sin darse cuenta de que son un modelo, y de que la Verdad es inasequible, es una falta imperdonable.

Mi primer interlocutor, que bien podría ser yo mismo, calza un sombrero rojo, y es una de esas personas que creen que en el idioma hay cosas que están bien y cosas que están mal. Me refiero sobre todo a la distinción entre construcciones gramaticales vs. no gramaticales (y voy a centrarme en ellas), pero también a cuestiones léxicas sobre el significado de las palabras, o de otros tipos, como las distinciones difusas entre polisemia y homonimia. Insisto en que me centro en la gramaticalidad, pero creo que lo que digo aplica para cualquiera de esos casos.

El consenso, las gramáticas, los diccionarios y la otherwise jurisprudencia, plasmada en libros y otras publicaciones, ciertamente nos permitirían, si quisiéramos ponernos el sombrero rojo, admitir que se dice "si pudiera" y no "si podría", o "sea como fuere" y no "sea como sea".

El lenguaje es una herramienta que sirve primordialmente para comunicarse. Por eso, en un sentido, mi interlocutor está un poco equivocado, porque si un enunciado cumple con su objetivo, que es comunicar algo, ¿qué importa si está "bien" o "mal"?

(No obstante, a él, que es tan obsesivo como bien podría serlo yo mismo, observaciones como esa lo exasperan terriblemente).

Por ese mismo motivo, tiene un poco de razón. Dado que usamos el lenguaje para comunicarnos, es menester que nos pongamos de acuerdo como mínimo en algunas cosas básicas. En ese sentido, un enunciado estaría "bien" si cumple con esas reglas y "mal" si no las cumple.

El problema es que mi interlocutor tiene otra convicción, y lleva el afán por determinar qué expresiones son gramaticales más allá de sus límites.

Me explicaré.

Para ver una cosa hay que comprenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones y partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o de un vehículo? El salvaje no puede percibir la biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos. [JLB]

El lenguaje es una abstracción. El hombre del sombrero rojo piensa que hay tal cosa como una Gramática Castellana Ulterior, escrita en un libro inmaculado, que determina exactamente cuáles son las oraciones gramaticales y cuáles las agramaticales. Mi interlocutor piensa que El Castellano Gramatical es un conjunto de strings que se desprenden de una definición matemática formal e inambigua.

Pero no nos engañemos. Lo único que a través de la experiencia y a ciencia cierta podemos conocer son los enunciados. Desde que nacemos nos vemos expuestos a cantidades industriales de enunciados. A partir de ellos, la mente de cada uno de nosotros extrapola una gramática, induce un conjunto de reglas. Pero el conjunto de reglas no es algo de lo que podemos tener una experiencia directa. Experimentamos enunciados, y el conjunto de reglas lo inducimos.

La ilusión de mi interlocutor es considerar que existe tal cosa como una Gramática Castellana Ulterior, ubicada fuera de nuestras mentes, que define formal e inambiguamente El Castellano Gramatical.

Yo no sé si esa gramática existe o no. Es una pregunta ontológica que quizás preocupe a alguno, pero a mí me tiene sin cuidado. Porque en cualquier caso, incluso suponiendo que esa gramática exista, ¿de qué manera se la puede observar?

A fines prácticos, no hay una Gramática Castellana Ulterior. Solamente hay, en cada una de nuestras mentes, un conjunto de reglas construidas inductivamente a partir de todos los enunciados que fuimos absorbiendo desde que nacimos.

A mi interlocutor del sombrero rojo, que a lo largo de su vida fue armándose una gramática en la cabeza, le gustaría poder expresar todas esas reglas matemática, formal e inambiguamente.

Ese es un objetivo completamente válido e interesante.

El riesgo es que cometa los siguientes errores:

  1. Considerar que la gramática que él infirió es la Gramática Castellana Ulterior.
  2. Cuando encuentra un agujero, ambigüedad o subespecificación que no puede resolverse claramente a partir de la jurisprudencia, considerar que hay una respuesta "objetiva" y "verdadera".

VII - Al jardín de la lámpara

En esos días de hechizo mágico,
todos se ven al revés en el espejo.
Lo que entra por la ventana
de la casa desconocida
(que me imagino como la mía)
es la ambarina luz de la noche.
En la calle, veo a alguien
y espero a estar más cerca para mirar.

Quiero ahogarme en un mar de mariposas,
recitar estos versos,
encontrar a Loribio,
me llevo el tiempo
al jardín de la lámpara.

Étude

A mi humildad, que hace mucho no la veo.

Tengo apellido, nombre, y otras cosas.
Cédula, pasaporte, documento,
la partida, también, de nacimiento,
una foto carné y la de mi esposa.

Para poder estar adonde estoy,
toda esa burocracia necesito.
Fotocopiar una hoja, el requisito
para mostrar que soy quien soy quien soy.

Esto es lo que hace que otra vez me asombre
¿qué tendrán, yo no sé, que ver conmigo
esas firmas, papeles, y carpetas?

Si en realidad las fechas y los nombres
no capturan mi esencia, entonces, digo,
no son sino una inútil etiqueta.

2-corpóreo

Prólogo a preputiae

Para empezar el post del día, franca y definitivamente fálico, pensé en el siguiente ready-made. (Fuente: mi carpeta de Wonderful Spam).

Enlarge your penis

  Complete our email
  security survey.
  Lovemaking alchemy
  sensational sales.

  LOVE ITEMS!?
  LOVE ITEMS!?
  Make your lovetoy more massive.

  The Pobble who has no toes.
  Get woody of girls again!
  Canadian online pharmacy.
  Spur your fervor! Winter sale!

  Codeine,
  Hydrococodone,
  Vicodin,
  XanexValuim.

  Hi.

  This is much better than enhancers.

Preputiae


-Me duele el pito. -¿Cómo que te duele?
-Me duele, má. Cerrando la canilla,
hacia la silla va en la que, llorando,
mira los dibujitos en la tele.

Argumento: el coyote en una roca
pinta un túnel (es "Acme" la pintura),
cruza el correcaminos la abertura
y lo sigue el coyote que se choca.[1]

     Sí, sí, e normal, señora. E muy común;
     lo chico siempre juegan a esa cosa.
     Yo mimo otrora usé un vetido rosa
     y me ensucié el hocico con labial.

Me parece al llorar, la angustia es tanta,
que me aplastara el pecho un terremoto,
que el techo roto me desamparara,
que no cupiese el grito en mi garganta.

Odió la mueca que, con toda el alma,
cuando lloró pero también reía,
le devolvió el espejo. Se sabía:
después del temporal, viene la calma.

-Oye, cariño, es Lauren otra vez.
Estaba viendo sus caricaturas
y muy segura ha dicho (oh Dios, no entiendo),
ha vuelto a repetirme que es un niño.

Sus ojos vidriositos ya se callan.
Tragó ese humor bilioso, tan amargo,
constrictor del cogote. Sin embargo,
Me duele el pito. Y el coyote estalla.[2]

     Y si no lo poterga, y ya su edá
     eplora lo sexual, no la reprima.
     Si hata mi prima usaba, de verdá,
     un pan lactal, señora, en vez de verga.

En el principio todo estaba claro:
yo quería coger y ella también.
No sé quién de los dos levantó a quién.
Lo que sé es que ella quiso un telo caro,

     Tiene razón, así que no te metas.
     ¿Qué te importa? De todo hacés un drama.
     Allá ëlla si agarra, se proclama
     torta, y se arranca de raíz las tetas.

y que nos desnudamos sin prefacios.
La madrugada en esa habitación
me llevó a la angustiosa conclusión
de que ser un humano es ir despacio.

Fue una noche cualquiera, en una fonda
que más que restorán era un comíbulo,
la última vez que hablaron cara a cara.
Y era un pibe y estaba embarazada.

-Y me parece que me sale sangre.
-A ver, sacate. Le examina el glande.
-¿Qué te estabas haciendo? Me parece
que sos chiquito pero ya estás grande.

Hoy la guacha se aleja en helicótero.
Protesta cada vieja. Y en la zona
con aerosoles rojos que la escrachan,
la multitüt enardecida entona:

Por obra del azar o de la yeta,
del portador de luz, o simplemente
de aquel demente que cargó una cruz,
llegás en bicicleta a resbalar,

o a pifiarle al enésimo peldaño,
o en la importuna piel de una naranja
patinar, o en el musgo de la zanja,
y te podés caer y hacerte daño.

Este mundo es ideal para suicidas:
puede tocarte un huracán o un rayo,
o un caballo, miralo a Supermán,
y cambiarte la vida en un segundo.

Bruja, que bruja fuiste y bruja sos,
qué carajo le hiciste al nene, bruja.
Bruja, que bruja sos y bruja fuiste,
y al nene, bruja, le cortaste el pene.


-- EDIT: no me convencía el último verso, de modo que lo cambié.
-- La idea es la misma, claro.

Qué no sabrá del abandono el blog

Después que postea el hombre queda solo, solo en la soledad de su cabeza.

Mitología de no sé dónde

Cuando no sabías caminar, pensabas que algún día ibas a poder contar tus pasos.

Cuando nunca habías besado a una chica, pensabas que alguna vez ibas a poder contar tus besos.

Cuando nunca habías tenido novia, pensabas que alguna vez ibas a poder contarlas también.

No sabías que los números son un artificio.

Pero después vinieron esos pasos confusos, que son apenas deslizar el pie, y ya no supiste si eso era un paso o qué era. ¿Habría que contarlo? Vinieron esos pasos gateando, los tropezones y carreras, o ese contacto con el piso tan sutil que no era un contacto.

Y no supiste cómo hacer para contar esos pasos que no eran pasos, esas novias que no eran novias, esos besos que no eran besos.

Rompe paga

Cuando prendo una vela me acuerdo de vos. No digo una en particular, digo alguna cualquiera. Es ese tufo del pabilo, Vera. Aquella vez que la vela no aparecía y vos que Sanantoño, Sanantoño, Sanantoño. Yo bromeaba con la regresión infinita de prenderle una vela al santo aquel para que nos ayudara a encontrar velas.

No sé qué ideas pasarían por tu cabeza, pero siempre me decías no creo ni dejo de creer y también no creo en Dios, pero creo que hay algo. Fueras creyente o no, eras magistral en la hipocresía.

Recelé a Sanantoño, don. No sé, Vera, por qué me tratabas de usted. La verdad es que yo sólo prendía velas cuando saltaban los tapones. Pero relajesé, hombre, haga Om, Ohm, Hom. Con tres palabras solas sacabas a refulgir tu erudición; filosofía oriental, electromagnetismo y teoría de categorías. ¿Relajesé sin ascensor? ¡Bráse visto! Once pisos por escalera y ahí te quiero ver. Once pisos upon a time.

Después de los ciento cincuenta peldaños no sabés cómo te dolía todo el culo al otro día. Pero lo importante es que vos me enseñaste a apreciar otras cualidades de las velas, ulteriores a su encarnación cotidiana como luz de emergencia. Por ejemplo, de vez en vez me daba ese dolor agudo en el vientre bajo que, de haber sido yo mujer, habría afirmado sin dudarlo que se locaba en mis ovarios. Vos me decías que debían ser gases y prendías una vela. Vos y tu superchería. Las brujas no existen, pero que las hay las hay.

También estaba el otro dolor, esa tensión magnética que me mata los incisivos, la sensación de un plato volador marciano que me quiere abducir el nervio. Me mirabas dormir y yo me masticaba los dientes (bruxismo). Siempre tratabas de darme de tomar esos placebos florales y alguna vez accedí, pero.

Eras distinta Vera. Por lo general las personas se clasifican, de acuerdo a sus preferencias estéticas, en las clases so-called "grasa" o "snob". La gente grasa tiene mal gusto y punto, ni siquiera se lo cuestiona. A la gente snob, en cambio, le importa mucho tener buen gusto, tanto que les importa más la pregunta "¿debería gustarme?" que la pregunta "¿me gusta?".

Vos no eras delicada, ni selectiva: eras plenamente consciente de tu crasitud, te jactabas de ella. Cuando a vos te venía, gritabas vino Andrés a todo cuello, y mi vergüenza ajena no te daba otra cosa que deleite. El mal gusto te resultaba apasionante y lo cultivabas con devoción.

Los artistas mediocres, me decías, aborrecen el plagio, celosos de su creación. Los grandes artistas aspiran a ser plagiados. La existencia del plagio es el testimonio más sincero del valor de una obra, la única manera de que esta trascienda. Ese razonamiento tan de cotillón (en esa época no sabías demostrar por inducción) era una versión de vos en letras.

Yo trataba de refutar tus argumentos usando la lógica, que siempre consideré mi punto fuerte en las discusiones, y preguntaba: también hay gente que plagia a J. K. Rowling, ¿pero realmente estarías dispuesta a aceptar que eso constituye una prueba de la magnitud de Harry Potter y la Piedra Filosofal? Vos te limitabas a responder no creo ni dejo de creer o, a veces, no creo en Dios, pero creo que hay algo.

Nuestro juego favorito, Vera, era jugar al cuervo invertido (The Inverted Raven), obra teatral improvisada innúmeras veces, cada vez con alguna variante o vuelta de tuerca. En la versión canónica, yo representaba a un tipo que está leyendo a altos minutos de la noche, tratando de calmar el dolor que le ocasiona la reciente defunción de su cuervo. Entonces vos tocabas a mi puerta y te quedabas conmigo para siempre, torturando mi alma en pena.

La improvisación se había originado en un comentario tuyo, porque vos pensabas que los matrimonios no podían durar demasiado sin convertirse temprano o tarde en El Cuervo de Poe. Una diferencia no muy relevante es que en lugar de decir Nevermore decías Bructipún. Nunca supe si esa palabra la sacaste de alguna parte, en Google no aparece (más que en el blog de Pablo).

Cuántas veces, Vera, me entretuve con la idea de la dulce venganza. Cada vez que me traicionaron, pensaba "cuando necesite algo de mí, minga que se lo voy a dar". Cada vez que no me dieron bola, pensaba "cuando quiera estar conmigo, le voy a decir que no". Pero la persona que te traicionó nunca necesita nada después. La chica que no te dio bola una vez nunca te va a dar bola. Vos creías en el equilibrio o quizás en la justicia divina, pero en la vida real no hay balances. El cagador se termina saliendo con la suya. Y vos pensás que mi visión es catastrófica, porque creés que el balance es indispensable. Yo no creo que lo sea.

La gente no sabe cómo nos conocimos. Nunca lo contamos porque nos daba vergüenza. Bah, qué te iba a dar vergüenza a vos, que ibas a la panadería en camisón y con un bonete de hada. Pero a mí me siempre me dio no sé qué tener que admitir que había tocado fondo. Esa vez fue la única, y me sorprende pensar que el resultado fueron todos esos momentos, incluyendo esta tira de palabras.

Entonces, Vera, ya eras bonita como siempre, aunque tu mal gusto lo estropeaba todo. Ibas pintarreajeada como una zorra (me refiero a una puta) y ostentabas tu tatuajecito kitsch toscamente terminado. El color de la tintura discordaba incluso con cosas que no estaban en la escena, a varias cuadras del lugar. No sé quién habló primero, porque sólo ahora me parece relevante ese detalle. En ese momento no sabía que el recuerdo iba a durar tanto, ni que iba a ser tan importante. Siempre pasa lo mismo. Estimo que fuiste vos la que habló, porque yo antes de hablar medito cada palabra; no habría olvidado mis titubeos. Me llamó la atención tu manera de hablar. Siempre tuviste el registro de una persona varias décadas mayor que vos. Tenía algo de ridículo o aterrador ver a una mina de ¿cuánto tenías, treinta? hablando como mi tía abuela.

La segunda vez que nos vimos fue también casualidad, una madrugada en la que yo iba cabeceando en el 152 (estaba re cansado). Me dolía la oreja derecha de doblar el cartílago contra el vidrio. Ese día empezó "lo nuestro". No sé muy bien cómo fue, porque siempre me pareciste sumamente desagradable. No digo que yo tenga buen gusto, pero lo tuyo espantaba a cualquiera, daba la imagen de una persona totalmente distinta de lo que sos.

Él siempre estuvo celoso de nosotros. En esa época yo creía que le gustabas vos, que quería deshacerse de mí. Hoy estoy bastante seguro de que era al revés el asunto. Ya sé que todos le decían "puto", pero nadie hablaba en serio. Me gustaría saber cuál será el porcentaje de profecía autocumplida en esos casos.

Este post era solamente para decirte eso. Que cuando prendo una vela me acuerdo de vos.

Compilado de mentiras

La coherencia y la cohesión son dos malditas condiciones necesarias para que letras varias dispuestas en secuencia se condensen. La clausura de un conjunto (alfabeto) es el conjunto de todas las secuencias finitas de elementos de ese alfabeto. Una secuencia de a podría definirse como una tupla (N, N → a) donde (n, f) tiene n elementos y el i-ésimo es f(i). Aplicar coherencia y cohesión es análogo a aplicar presión para cambiar el estado de una sustancia. De tal manera las letras en estado gaseoso se condensan y forman un texto.

Taggear personas para responderles con @s no es innovación de la gente de Twitter, es una costumbre tradicional en blogs y foros. El mérito de Twitter es haber identificado la práctica de manera consciente y popularizádola.

Yo por mi parte me rindo. Renuncio a tal aspiración. Subrayo que renuncio a buscar la coherencia y la cohesión.

This blog-post is provided "AS IS", in the hope that it will be useful, but WITHOUT ANY WARRANTY; and without even the implied warranty of READABILITY ör FITNESS FOR A PARTICULAR PURPOSE.


* * *

El nebulizador hace un ruido de infierno (pape Satàn, pape Satà aleppe). Cuando lo apago y se calla, todos los presentes hacen, aliviados, "ahhhhh". A veces uno no se da cuenta de que algo molesta hasta que ya no está, y uno puede percibir la paz. Suele pasar eso cuando alguien se muere.


* * *

/me
Me dice el chabón: léase bien helado y acompáñese cum grano salis. Hubo una de patadas que te la debo. Y el aire despacito. El tintineo de las llaves metálicas. La lisura, la smoothness fresca del picaporte.

Una moto pasa a lo lejos. Uno presta más atención cuando juega a un juego (fútbol, pool, tetris, ajedrez) que viviendo la vida cotidiana. Y sin embargo la vida cotidiana es lo que importa. Es más real.

/me @HHJ tus aspiraciones son demasiado simples.

Porque, hombre, no quiere tener plata, ni viajar al exterior, ni co[]erse a cada mina que se le cruza, ni ser recordado por la posteridad, ni salir en los diarios ni en la tele, ni viajar a la luna, ni ser gerente de una empresa, ni hacer una revolución, ni ganar trofeos, ni tener iPod, ni auto último modelo, ni una mansión en la India. Me fui a comprar litargirio y glicerina. Y él me dice:

/HHJ I have no plans, no projects, and no expectations whatsoever.

Yo me pregunto ¿el tipo es depresivo? Yo nunca entendí ese desahucio. Porque a mí me encanta el círculo infinito de la ansiedad y el burnout.

/me Ya me compré el violín, pero es muy difícil de tocar :S

Y así fue, nomás, que quedó juntando polvo en el garaje, junto a los álbumes de figuritas de mi infancia.


* * *

@L iba en tren y en Carupá se subió un hechicero que le robó el chupete. Me dijo:

/L QUIERO MI CHUPETE, PABLO.

/me Yo ahora me cansé del violín, lo que quiero es una moto.

Me gusta trabajar porque así tengo plata para satisfacer todos mis caprichos. Me parece que hay que pasarla bien, hay que distraerse. Yo cuando no estoy en el laburo tengo que ponerme a hacer algo, porque si no me embolo. Me gusta ir al cine y salir a comer en McDonald's. Con los adelantos de las películas ya tengo ganas de que llegue el mes que viene para verlas. Por suerte hago todas esas cosas y estoy pendiente del fútbol, y de la política, y leo muchos libros, y estudio en la UBA, y también soy docente, porque así soy una persona informada y productiva y no un parásito como @HHJ.


* * *

Después un zumbido de fondo
que proviene
quizá de los talleres de la estación,
quizá de la Bieckert.
Cada paso resonando en la vereda.
Patear palitos o paquetes de cigarrillos,
envolturas de Bon-o-Bon, hojas secas,
para mostrarle al piso que existo.
Para sentir en las puntas de los pies
cómo la textura dura (resp. blanda)
se resiste (resp. cede) a mi peso.

Siempre me molestó que peso ≠ masa.
Pero no debería molestarme, porque en la vida cotidiana,
cuando decimos "peso" queremos decir "masa".
(Pablo, sos un masado).

In physics, we explore the very small to the very large.
The very small is a small fraction of a proton
and the very large is the universe itself.


"¡Qué difícil de acelerar estás!"
es una versión delicada de
"¡Aflojá con los ravioles!"

* * *

Hay días en que parece que todo está lleno de poesía, que basta con mirar para sentir, que basta con decir para expresar. Y hay otros días de mierda en los que se nota que no.

@Ella me mira y yo la miro (nos miramos).
Me da vergüenza darme vuelta porque se nota
que la estás mirando, Pablo.
Pero ya fue.

The Murderer of Socialism,
he leaped, lasting a second,
giving no ground to the sky.

Me mira con una sonrisa triste,
como la de quien,
refiriéndose a un enfermo terminal,
quisiere decir con la mirada
"no le queda mucho",
apretando los labios lamentativamente.

* * *

/HHJ Yo creo que sí tengo expectativas y motivaciones. Por ejemplo, algo que me importa bastante es tratar de no dejarme engañar por esos deseos de éxito (lo cual, seguramente, es un deseo de éxito). Creo que un valor importante que tengo es el de tratar de mantener un metabolismo bajo. Cuando digo "valor" no me refiero a que sea algo bueno sino a mi forma de valorar las cosas. Algunas personas quieren tener mucha plata porque quieren tener muchas cosas, y después viven atadas a sus obligaciones y a sus deudas. Yo aspiro a tener pocas cosas, a gastar poco, a preocuparme menos por ser capaz de sostener un ritmo de vida, y más por disfrutarla.

/me Estás completamente en pedo. Me parece que sos un haragán y no querés hacer cosas. Hay que seguir haciendo cosas difíciles y ser productivo. Tenés que ponerte objetivos y hacer todo lo posible para cumplirlos.

/HHJ ¿"Productividad"? Me parece que me estás confundiendo con una fábrica. ¿Desde cuándo "tengo que" hacer todo eso? Podrías ser un poco más humilde. Mirate, sos un boludito orgulloso porque aprobó una veintena de materias. Si uno no tiene mucho cuidado, se transforma en una basura orgullosa como vos.

/me Por eso digo que hay que seguir haciendo cosas difíciles, para darte cuenta de lo limitada que es tu mente, lo limitadas que son tus capacidades. Ponerte un objetivo es como tener a alguien que te obligue a correr veinte minutos todos los días. Si no tenés a alguien que te obligue y no sos muy disciplinado, de a poco te vas apachorrando.

/HHJ A mí me parece que lo que importa es estar bien. Vos caíste en la trampa. Vivís engañado, pensando que la vida es una especie de videojuego. En ese juego que la sociedad te fue metiendo en la cabeza, "lograr" cosas te da muchos puntos. Pero eso es una idiotez, la vida no es un videojuego, y se puede estar bien eludiendo esa necesidad ficticia.

/me ¿Vos estás bien?

/HHJ Yo, para el orto.

/me ¿Y entonces?


* * *

Enamorarse es algo muy fácil, y me enamoro, pero es una ilusión de mierda. Me pregunto cómo resolver ese problema. Uno trata de encontrar a la persona perfecta pero no hay una persona perfecta, y no pretendo encontrar tal cosa.

Me desespera la fugacidad del enamoramiento. Me molesta enamorarme, y me da miedo que alguien se enamore de mí, porque el enamoramiento es algo pasajero, una ilusión de mierda. Es un verdadero juego de ciegos. Lo que me pone mal es que nunca se sabe cuándo esa ilusión se le va a romper a la otra persona. Me desespera la incertidumbre. Me agota y me angustia la fragilidad de las relaciones. No quiero sentir que un error puede destruir todo. No quiero sentir que es todo una farsa que pende de un hilo y que dura hasta que uno se cansa o hasta que el hilo "se" corta. Quiero sentir que somos personas que se ven como personas que se quieren y se respetan mutuamente.

Y pienso siempre que me gustaría poder tener esa seguridad. Después de esto siempre pienso que lo más importante no es ser querido sino querer al otro.


* * *

/unborracho "Con la harina se hace pan, con las uvas se hace vino".


* * *

Venía espiando los mensajes de texto que escribía una joven en el subte. Debía tener alrededor de veinte años. Y leí: "Pili, cada cuánto te tiene que venir? 21 o 28?". Entonces giré la cara y traté de contenerme para que no se diera cuenta de que me estaba descosiendo de risa.

Al principio el celular cambiaba las "é" por "i". Uno escribía "tenés" y el otro recibía "tenis". "Que estés bien" se transformaba en "que estis bien". "Después hablamos" en "despuis hablamos".

El tiempo pasó y el celular empezó a cambiar otras letras. Empezó por las vocales y poco a poco fueron cayendo también las consonantes. Los primeros tiempos las palabras todavía eran reconocibles. O, de última, no era difícil recordar la trasliteración.

Pasaban los meses y los cambios se acumulaban. El celular suprimía letras y agregaba otras nuevas, fundía varias letras en una y a veces las separaba. Recuerdo el día que recibí un sms que decía esto:

  ii iiiiii iii iiiiii ii iiii iiiii,
  iiii iiiiiiiii i ii iiiiii ii iiiiiiiii.

Un día ya nadie pudo entenderse.


* * *

/DRAE ligador: m. operador simbólico que transforma expresiones en valores. Sinceramente magia, micro-{lenguaje de programación}.

  • x == 2 no es lo mismo que ∀ x . x == 2.
    El primero es una tira de letras,
    el segundo es False.
  • i no es lo mismo que i ∈ {1..10} i.
    El primero es una tira de letras,
    el segundo es 55.
  • 1 / x no es lo mismo que lím x → +∞ 1 / x.
    El primero es una tira de letras,
    el segundo es 0.
Larga vida a los ligadores. (vid. λ, ∫, ∃)
Leche larga vida.

Mirá cómo le avisa.
No me tratés como a un dios.

* * *

¿Qué le ponés?

¿Cuántos gustos pueden ser?

La gran siete.

Hay que ver, no se sabe.

¿No tenés más chico?

Ni a palos.

Poco más nos pasamos.

¿Puede ser pepsi?

Agua de colonia de vacaciones => ¡el agua de la pileta!


* * *

Cada vez que sonetos de hacer trato,
salen cosas tan poco inteligentes
como este verso que autorreferente
quiere ser sin pasar de ser barato.

Cada vez que mi mano va segura
y escribe "cada vez" en cada estrofa
es una musa que de mí se mofa
dictándome poesía no: basura.

Cada vez que naufrago en tu mirada
y me pierdo en el cielo de tus ojos
puedo sólo escribir cosas gastadas,

rimas corrientes con el color rojo
y dejar la poesía inacabada

* * *

Cuando uno empieza una relación con una pareja debería darse cuenta de que tarde o temprano va a sentir por esa persona lo mismo que sentiría si volviera con alguna ex-pareja.

Al empezar una nueva relación, las discusiones e incomodidades son invisibles, pero después aparecen.

Querer a alguien no se trata de que las incomodidades no surjan, porque eso es imposible. Se trata de sobrellevarlas.

Si la idea de volver con una ex-pareja te resulta insoportable, deberías considerar seriamente quedarte solo.


* * *

Tras el telón que forma el mar
que está en la Layer 1,
hay el tablero blanco y gris
de un Background transparente.

De forma igual en nuestra mente
detrás de cada pensamiento
está el silencio del cerebro
sangriento, primitivo.

Ristras de bits que codifican samples
que discretizan milenario el viento,
igual al que escuchó en el paleolítico
el primer Cro-Magnon que prendió fuego.

Splines desnudan el secreto
con curva cúbica y ventral.
Delínea un trazo vectorial
el útero que alberga un feto.

El cielo es piedra, el cielo es piel de toro,
lo pintan bytes: 40, 4, 80.
La luna un cuerno de Fs que amedrenta
a espectros angustiados e incoloros.

* * *

Ouroboros, picatrix, oropéndola, anfisbena, meteorito. De Bootolgah y Goonur a Prometeo.


* * *

El abuelo en Plonsk fue un amalgama
entre Gödel
(¿dos cuantificadores universales seguidos de existes
es decidible,
pero tres o más no?),
y Frank Constanza, el padre de George.
Tras el experimento quizás estuvo el Ángel de la Muerte.
Les daban de tomar sólo agua de mar.
Se deshidrataron tanto
que lamían el piso recién trapeado,
para conseguir algo literalmente potable.

Todavía tengo un poco de miedo.

Entonces von Braun mientras construía el misil V-2
dijo simplemente
This ain't rocket science.

Salieron como maíz frito en cuanto sonó el cencerro

No sabés, me condujo a su casa que era una casa de clase media alta que para mí que soy de comprar en Dia% parecía un palacio. Yo caminaba por una de esas callecitas. Las casas son anchas, las veredas limpias, y hay garitas en las esquinas. Las verjas son de madera que parece masa a la que alguien le hubiera metido los dedos.

Los griegos en cambio eran nobles. Fijate por ejemplo el caballo de Troya, ejemplo claro de viveza criolla.

Y el japonés nos decía que era takanoko y que lo podíamos comer. Pero eran simplemente cañas. Le dije a Hernán que esa pócima servía para agrandar las cosas. Y era mentira.

Pero a la noche apareció una polilla y me puse a llorar.

0.2 - Limerick

Primer limerick generado por el programa que pronto bautizaré. Es muy repetitivo, pero tómese como aliteración 8-)

Ojalá Bariló Bariló
galletita dendé mociembral
la dendé tropical
ojalá veintidós
estrellita dendé cultural.

Quizá sonrisas

Abajo hago público el primer haiku generado por mi programa que trata de escribir poesía con métrica y, eventualmente, rima.

Idea del algoritmo:

Se dispone de una función que sabe pasar un texto en castellano a su representación fonémica, separarla en sílabas y determinar los patrones de acentuación (vg. "de estas calles que ahondan el poniente" deviene ["de-Es", "tas", "kA", "Ses", "ke-a", "On", "dan", "el", "po", "nyEn", "te"]).

Se dispone también de un corpus que puede pensarse como una gramática castellana dada por inducción. (Inducción en el sentido del pavo inductivista, no de P(n) => P(n + 1)).

Se analiza sintácticamente todo el corpus con el full parser de FreeLing. La salida son muchos árboles sintácticos.

Se recorren los arbolitos armando estadísticas (muy vagas e inexactas) sobre cuántas sílabas ocupa un no-terminal.

Se tiene como goal generar un verso. El goal pide las siguientes cosas:

  1. No-terminal que se devuelve (por ejemplo "oración" o "construcción nominal").
  2. Patrón de acentuación. Puede ser algo así: ooxooxoooxo. Esto determina una secuencia de once sílabas que alternan átonas (o) y tónicas (x). Se pueden dar patrones semi-instanciados.
  3. Rima (una secuencia de fonemas; vg. "Aba" es la especificación de la rima para "traba" y "trava"). Puede estar no instanciado.
  4. Dos booleanos: empieza/termina con vocal o con consonante (?)

Después se hace straightforward backtracking en Python, generando producciones de la gramática dada por todas las combinaciones nodo -> hijos que aparecieron al parsear el corpus. Se usan algunas heurísticas para no irse literalmente por las ramas (i.e. romper la recursión y no perder demasiado tiempo en las hojas del árbol de backtracking).

El corpus consta de ~2.3 MB de mails, por lo que esperablemente el resultado contiene mucha basura.

En fin, helo aquí (___xo, _____xo, ___xo):

Lo re xe trunco
ojalá stimpy rusas.
Quizá sonrisas.

Mi intención es que en algún momento escriba sonetos. Con este algoritmo ya se pueden generar endecasílabos, pero me gustaría perfeccionarlo para no perder demasiado tiempo buscando rimas. (Por ahora la generación es left-to-right y estaría bueno que el programa pueda componer de una manera más "de alto nivel").

En el futuro tal vez puedan disfrutar más creaciones suyas. Lo de "quizá sonrisas" me gustó bastante.

Es feliz cuando el programa supera al creador. En mi caso es la regla. No debe ser difícil superarme.

La soda y el remís

Me encuentro cantando Naranjo en flor de Leo Masliah. Masliah me encanta, y la versión paródica de esa canción me parece muy divertida: era más bestia que un burro... que un burro turro. O primero hay que saber sumar, después restar y dividir, y al fin sacar raíz cuadrada, etc.

Entonces me pongo a pensar que yo nunca cantaría (y ni siquiera me sentaría a escuchar) la versión original de Naranjo en flor. Y esto me lleva a pensar que el aporte de la parodia a la cultura es mucho más importante de lo que a veces sospecho.

Uno, como consumidor de cultura, por muy amplio que sea, siempre hace un recorte de la cultura que consume. El recorte es en parte involuntario (vg. no puedo escuchar la música que no sé que existe) y en parte voluntario. El primer problema se soluciona con divulgación, pero el segundo problema es bastante más complicado.

Cuando era chico no me gustaba el tango (en Argentina, a nadie le gusta el tango de chico). Ahora no es que mate por el tango, pero puedo escucharlo con un poco más de apertura mental. El problema no es que haya cosas que a uno le gusten o no le gusten. Eso es perfectamente normal y sano. El problema que uno se etiqueta a uno mismo, y a las cosas que escucha. Después dice a mí no me gusta el tango, y ahí ya está jodido.

Nos formamos muy fácilmente prejuicios muy fuertes. Tenemos un ethos de clase que nos dice qué cosas nos tienen que gustar, y qué cosas están prohibidas, a tal punto que sentimos culpa si nos gustan (tabúes musicales). Mucha gente "culta" (comillas) desprecia la música popular como el folklore o el tango. Para la clase media argentina, escuchar "cumbia villera" o reggaeton es tabú. Me imagino que en Estados Unidos debe pasar algo parecido con el rap y sus derivados.

El valor de la parodia es que le permite a uno escuchar las cosas sin prejuicios. No me puede gustar la "cumbia villera", pero sí una parodia, porque es una burla, un juego.1 Es "camp".

Yo le agradezco a la gente que hace parodias porque me ayuda a ver la triste medida en la que tengo impregnados los prejuicios. Véase también Leo Masliah, Les Luthiers, "Weird Al" Yankovic.

[1] "no me puede gustar" != "puede no gustarme"

Bautiza y reinarás

A

Cuando era chico me ocurría, de vez en cuando, lo siguiente: por algún motivo empezaba a prestarle atención a mi respiración. Inspiración, expiración. Me daba cuenta entonces de que, cuando hacía que el proceso fuera consciente, para inspirar y expirar tenía que ejercer mi voluntad. Me desesperaba: temía no poder volver nunca al estado en el que respirar es un proceso automático nohup breathe 2>/dev/null &. Pensaba: si yo no hago el esfuerzo, la inspiración no se va a hacer sola.

Haciendo un ejercicio de meditación me ocurrió una vez algo parecido con el flujo de las ideas. Prestaba atención a la manera en la que las ideas iban y venían, nacían y morían. Y en un momento me pareció que esa atención se iba a quedar ahí para siempre, que no iba a poder volver al estado normal en el que la mente divaga, yéndose para donde más le gusta a ella sin que uno se dé cuenta siquiera.

B

Uno cree que uno es dueño de su mente, pero en realidad la mente es dueña de uno y hace lo que ella quiere. En mi caso al menos, se comprueba con algunos ejercicios muy simples (que en realidad son variaciones de un mismo ejercicio):

- Contar hasta cien mentalmente, visualizando en cada momento el número. Repetir la operación algunas veces, proponiéndose no perder el foco. En algún momento, uno notará que está pensando en cualquier otra cosa y que ya no sabe por qué número iba. Mente 1 - Humano 0.

- Otro ejercicio: prestar atención al flujo de las ideas para advertir el momento preciso en el que la mente se distrae y uno empieza a pensar en otra cosa. Estando alerta uno logrará evitar la distracción algunas veces. Pero unos minutos después se encontrará con que está recordando algo, o pensando en lo que tiene que hacer al día siguiente. Mente 2 - Humano 0.

- Proponerse hacer conscientemente cada movimiento, acompañar con la mente las órdenes que se envían a cada músculo. Los movimientos muy automáticos como la respiración o el pestañeo pueden quedar exentos, pero no los movimientos de las extremidades. En algún punto la mente nos traicionará y uno notará que se olvidó del ejercicio sin entender en qué momento fue. Mente 3 - Humano 0.

C

¿Puede uno darse cuenta de cuál es el instante preciso en el que se duerme? ¿hay tal cosa como un "instante preciso"? Morir debe ser parecido a dormirse en ese sentido. La vida es un segmento pero los extremos son abiertos.

Cuando uno se duerme y vuelve a despertarse, ¿cómo saber que el mundo es realmente el mismo que antes? Por un lado me sorprende que la vida sea un continuum: desde que nací hasta ahora (Heráclito) en ningún momento hubo un "corte de cámara", el bebé y yo estamos conectados por infinitos Pablos en el medio.

Y por otro lado, la vida está salpicada de baches en los que dormimos y volvemos a despertar y (Chuang Tzu) cómo saber si nuestra verdadera vida es esta (la de la vigilia) y no la otra (la del sueño). O quizá, mejor, si la realidad de uno es lo que uno ve, por qué no decir que el sueño es tan parte de nuestra vida como la vigilia.

D

Hay un meme conocido como The Game, que se trata de un juego. Este juego uno lo está jugando toda la vida, desde el momento mismo en el que se entera de que está jugando. En tu caso, si no lo conocías, acabás de empezar a jugar.

En este juego, una vez que uno empezó, no puede dejar de jugar nunca. En este juego, el objetivo es olvidarse de que uno está jugando. Por ejemplo, ahora, mientras escribía esto, me acabo de acordar de que estoy jugando desde hace tiempo, y por lo tanto acabo de "perder". En unos quince o veinte minutos me voy a haber olvidado, y voy a volver a perder cuando recuerde nuevamente que estaba jugando. El juego tiene algunas reglas más, que no son muy fijas y están pensadas para que sea contagioso, pero no vienen al caso.

Lo que sí viene al caso es la relación que hay entre el juego y los ejercicios de meditación, aunque tienen algo de opuesto. Si se me permite desvirtuar un poco las cosas y hablar de "objetivos" en la meditación, el objetivo de meditar es no olvidarse en ningún momento de que esto es un juego, y de que uno está ahí, vivo, despierto, jugando.

Perder en el juego es "ganar" en mindfulness.

E

Cuando uno se formula preguntas y hace observaciones como las que habitan este post, es fácil y tentador creer que son cosas novedosas, o interesantes, o profundas, cuando en realidad son algunas de las observaciones más antiguas y gastadas del mundo.

De chico me fascinaba el fenómeno del déjà vu, y creía que era algo raro, que no le pasaba a la gente en general, o al menos que no debía estar reconocido generalizadamente. Pensando en por qué esto sería así, se me ocurre como posible explicación el hecho de que en en mi infancia la expresión déjá vu no era muy común en mi entorno. Que no existieran palabras para nombrar la ocasión, y que hubiera que recurrir siempre a perífrasis como "viste cuando sentís que algo ya lo viviste" le debía conferir un aura mágica, como de descubrir algo importante.

Esto es lo mismo que le ocurre a la gente de lenguajes de programación que no tienen alto orden, y sienten que están descubriendo algo importante con los patrones de diseño. (La nota es un poco despectiva pero no tanto).

Propondría que ese sentido de falso descubrimiento se da cuando se observa un patrón, un elemento repetido, que sin embargo no tiene nombre, y que por lo tanto requiere recurrir a perífrasis para ser identificado.

A veces siento que la poesía es eso, el intento de expresar algunas de esas cosas que todos conocemos muy bien pero no tienen nombre. Otro motivo más para el diccionario de cosas que deberían tener nombre.

Dos notas (fa, sol)

Breve nota sobre el flirteo

Ronda entre los nostálgicos, y entre los muchos que un tanto ingenuamente idealizan todo tiempo pasado, la sensación de que el arte del flirteo se ha ido deteriorando y corrompiendo con el paso de los años, que algunos códigos clásicos, como las sutiles artes del piropo o del abanicarse, se han perdido o desvirtuado, dando paso a otras expresiones más burdas y explícitas, o al simple y estéril silencio.

Los más perspicaces entienden, en cambio, que el flirteo es un juego entre dos jugadores cuya característica esencial es la de iniciarse y llevarse a cabo de manera tácita, que debe ser aparente para ellos pero invisible para cualquier tercero no demasiado atento. El objetivo es establecer una vía de comunicación no basada en la expresión directa, sino en la complicidad que surge de compartir un secreto común e improvisado sobre la marcha. En cuanto las reglas se hacen públicas y cruzan el umbral de la consciencia, el juego deja de ser tácito y privado y, perdiendo su efectividad y su razón de ser, se desvanece. La existencia de libros populares en los que se listan piropos, o de "tablas" para interpretar las intenciones que motivan cierto movimiento del abanico, es un indicio de que ambas formas están muertas, por estar agotadas y por ser ya demasiado evidentes, como recurso de galanteo.

Los nostálgicos no advierten, o no quieren advertir, que el tiempo ha dado lugar a otras formas, que les pasan inadvertidas justamente porque su finalidad es la privacidad y porque todavía no han aflorado a la superficie como métodos de levante. Una vez que estos métodos pasen a formar parte de la sabiduría popular, dejarán de ser considerados casos particulares y aislados, y pasarán a ser clásicos del siglo XXI, publicados en libritos o sitios de mala calidad y probablemente de mal gusto (como este). Además, en cuanto esto ocurra, los métodos perderán su efecto y los potenciales amantes deberán encontrar otros nuevos.

Los mecanismos en sí mismos no son particularmente difíciles de entender si se los analiza, porque en su origen son espontáneos y surgen de la interacción entre personas potencialmente desconocidas. Lo complicado en ese tipo de situaciones consiste en descubrir la existencia de un canal, es decir en descubrir cuál es el canal por el que viaja el mensaje, más que en comprender el mensaje una vez que se lo observa. En términos criptográficos, el flirteo es esteganografía, y no cifrado.

Dentro de los códigos modernos del flirteo ignorados por los apocalípticos, vale la pena destacar en particular la relación entre las partes intervinientes y sus respectivos celulares. La ubicuidad de estos aparatos (y no me refiero a las personas) los transforma en herramientas idóneas para el flirteo en casi cualquier ocasión: fiestas, negocios, oficinas, establecimientos públicos, boliches, colegios, restaurantes, medios de transporte. Además, tener el celular en la mano no es socialmente reprobable y en la mayor parte de estas situaciones ni siquiera es demasiado antinatural. Sin pretender hacer un juicio de valor, puede ser interesante notar que, a diferencia del abanico, el celular tiene la particularidad de ser unisex.

El primer hecho, simple y autoevidente, del lenguaje tácito es que prestarle atención al propio celular, dedicándose largamente a la lectura o redacción de mensajes de texto, es una manera de decir "no me interesa". De manera parecida, mostrarse pendiente del arribo de un mensaje o llamado implica, o al menos sugiere, un "ya estoy ocupad{o|a}".

Una importante excepción es el caso de las personas que han abandonado el otrora clásico reloj de pulsera, o de bolsillo, por el celular, y que estando apuradas (o sintiendo la compulsión de saber qué hora es) lo miran. En tales casos, es importante evidenciar que si se mira el celular es sólo para ver la hora, y no para intercambiar mensajes. Esto se gramaticaliza mediante una gestualización casi teatral de control de la hora, mostrando lo más claramente posible que ese es el único propósito del control, que no se encuentra uno a la espera de la recepción de un SMS, y que no se lee ni se escribe texto.

Breve nota sobre el enamoramiento

Quizás algún día entendamos por fin que enamorarse no tiene nada inherentemente puro, y que decir no dejo de pensar en vos no difiere demasiado de estoy re caliente y te parto en ocho. Cuidado, no quiero decir con esto que todo enamoramiento esconda un motivo sexual, sino que el enamoramiento es un proceso mental y hormonal tan animal como el estar en celo.

Pero arrastramos milenios de cultura que nos dicen que el enamoramiento es un sentimiento hermoso y noble, mientras el deseo sexual es pecaminoso y relativamente tabú.

Yo creo que son cosas cualitativamente muy parecidas. No estoy afirmando que sean buenas ni malas, sólo que son parte de nuestra naturaleza animal.

Lo que sí creo es que ni el enamoramiento ni el deseo son amor, porque [from Fromm] el amor es una actividad humana y no animal, que surge de ejercitar activamente la voluntad. Con el riesgo de caer, como siempre, en Bucayismos y Coelhismos, creo que la actitud en el verdadero amor es más parecida a la jardinería: se cuida una planta regándola cada día, fijándose si necesita sol o agua o aire, dándole espacio para crecer, procurando que florezca y admirando la belleza de la flor, pero sin esperar algo a cambio. Con esto no pretendo hacer poesía sino transmitir, quizá como regla mnemotécnica, cómo pienso que habría que afrontar la actividad de amar.

Administrando las naranjas

Opereta coprima supráblime dictada a puño y letra de la mano armada (navy) del escultoroidal Blatt von Merluza, ápice de la cultura de masas de la Edá Tercia y testipatrimoño de un pequeño paso para un fungus y un gran salto para la humedá1, Dos señoritas pasan caminando constituyó un punto inflectivo que cambiaría de varias veces y para siempre la percepceón del andar femenino, poniendo de pie al hasta entonces sentadigma imperante.

[1]: lo que mata é la humedá.

En el ausente post se aliza maxuciosly la referida evenceón, Dos señoritas pasan caminando. Como discleimer iniceal, se aclara que si bien el selfr considera al programento basado en evenciones como un paupermodelo, expresivo por de menos, para definir procesos (cf. onpress="ding()" onrelease="dong()"), la relevancia del álisis se encuentra en el hecho de que responde a una cuesteón planteada ya por el búho soficinista bebedor de jabón espumante Piripipóstenes en las postrimerías del siglo III, en su tesis doctoral Autorreferencia en la tesis doctoral de Piripipóstenes.

Comencemos entonces por romper, yunque y martillo mediante, el asentamiento de la aurícula, dándole atenceón prestada a los pedúnculos señoritarum. La analogía entre los pasitos small-step y los tictax del constructo relojero está a inflorescencia epidérmica. Decimos, nominigracia, que "el tiempo pasa", como si k-minase2.

[2]: donde k-minar es la generalizaceón para un entero k arbitráreo de los ya conocidos dominar (2-minar), terminar (3-minar) y hexaminar (6-minar).

Recordar una melodía, tener la posibilidad de buscarla en TuYoube, para oírla apenas fracciones de siglo después, no nos sorprendenta aparente. Overol, me imagino, no será tal afirmaceón gusano de resorte para lectores lectricesque de esta bitácoraña, quienes Guglan inclusive cómo rascarse la oreja. Hemos consciencia relativa de, y aun así nos sorapaga, tener este reper-torio musíquico vastísimo a un par dactílico de lejanez. Pero un prerrequisito todavía simpler, la disponibilidad de máquinas grabadoras y reproductrices ruidorum, estuvo ausente, o a lo más indecentely presente, hasta las primeras décadas del siglo XX. (Nowunder de dónde salen Juanito Jaula y Montelindo). Antes de entonces, para que hubiese música, algún cristiano la tenía que tocar3. La juglaría, si verdaderamente la juglase, no sólo papelía functino (sic) notitransmisora, sino también pastofónica durante el Tercioevo4.

[3]: salvo contadas excepciones y civilizaceones irrelevantes tales como las asiriobabilónica, egipcia, celta, griega, romana, china, india, musulmana, judía, las culturas tribales africanas y las culturas precolombinas, seguramente se trataba de un cristiano.

[4]: asaz carilinda es al respecto la simiografía N.N. et.al., op.cit., pp. s/n.

Escuchemos los pasos de las pendejas, y de nuevo a Juanito Jaula. ¿No nos deleita acaso el plic plic de las gotitas de llovizna cuando empiezan a impactar bólidamente la techumbre? ¿No disfrutamos el rugido de fritura de la albúmina al caer, congelatínida, sobre el hirviente óleo? ¿No nos gusta soltar desde una altura de metro, metro y medio, la aguja de tejer para escuchar de qué manera ésta5 rebota y golpetea metálicaly contra el piso? La pregunta es, entonces, ¿por qué no se incorporan esos timbres a la música?

[5]: cuando no hay posibilidad de ambigüedad, "esta" no lleva tilde. Sin embargo, en ciertos casos, la tilde aporta indudable expresividad. Considérese, por ejemplo, qué poco insultante resulta "agarrame esta" frente al efectivísimo "agarrame ésta".

La interrogación es, no ya serrucho de los maderos en do mayor del veranito de San Juan sobre los que el pianistradicionalista reposa, pero sí no carente de sentido ni, tampoco, de direcceón (address). Al postular, en su opereta, que una bolsa es un constructor covariante y un cuidador es un constructor contravariante6, el impedregable visionar de von Merluza se anticipó a los avantguardistas Montem Montelindumque.

[6]: comentario de Mumon: "Una bolsa de perros es una bolsa de animales, pero no al revés. Un cuidador de animales es un cuidador de perros, pero no al revés. ¿Cómo puede una bolsa de lechuzas contener un perro? ¿Cómo puede un cuidador de perros cuidar una lechuza?"

    ¿Hay algo más unido que una pareja de palomas?
    ¿Hay algo más brillante que una luciérnaga?
    ¿Hay algo más irritante que este post?
    ¿Hay algo más estúpido que un lector de blogs?

Reflejo personal del selfr es el siguiente: el cassette, el diskette, son tecnología cuya vida haya sido de quizá treinta años. A ambos magnetiquettes obsoleciólos el ópticompacto. ¿Y cuán significativos son treinta años en el hilado de la histórea? ¿Cuánta diferencia nota Ud. entre los años 1213 y el 1243?7 ¿Y cuánta en cambio entre 1913 y 1943? Para un (2cis) ingorante como el que escribe, la disyunción fuzzymente exclusiva es si (0) verdaderly el ritmo de los cambios es más acelerado, o si (1) la aparente homogeneidad del pasado se debe al desconocimiento de los hechos. Intuyo que la realidad ha de rondar más los 0,9 que los 0,1.

[7]: trivia: la Carta Magna.

Dejando aside musicalis characterísticas, la evenceón Dos señoritas... es remitente en segundo puesto a las canzonettas del altergarten (jardín de gerontes). En primer lugar, porque el andar de las mujerzuelas8 sugiere que von Merluza conocía ya una demostración, aunque basada en la intuición, del teorema de la farolera: Tropezó la farolera y se cayó en la calle, contraejemplo del apócrifo y vigesimonono problema de Hilbert, la famosa Hipótesis del Refalón: Un tropezón no es caída. El teorema de la farolera deprimió severamente a los nominalistas, partidarios de la Hipótesis, porque en un mundo dotado de faroleras y calles es imposible evitar la existencia de un camino en el que la farolera tropiece.

[8]: hay quienes han inferido la Ishtaridad de las caminantes a partir del comienzo de una sección de Dos señoritas...: "Sea m una mujer cualquiera". Otros, en cambio, aseguran que la expresión "una mujer cualquiera" es sencillamente un cuantificador universal.

De manera similar, por orden del rey de Mancatracia, von Merluza propone en Dos señoritas... un algoritmo para conseguir anteojos gratis:

Sea una óptica O que prometa:
   anteojos - mejoramos cualquier presupuesto.

(La existencia está garantizada porque vi una).

Solicitar a alguna óptica cualquiera
un presupuesto inicial p0.

En el i-ésimo paso,
y mientras pi sea positivo {
  solicitar a O que mejore el presupuesto pi,
  llamándolo p(i + 1)
}

La terminación está garantizada porque la precisión de la moneda no supera el centavo. Von Merluza propone asimismo un parche de seguridad, indicando a las ópticas que updateen sus carteles con el siguiente texto:

   anteojos - no empeoramos cualquier presupuesto.

Predispuestos ya a la admisión de la carencia de parangón de la opereta, destacaráse el siguiente cacho. Dos señoritas pasan caminando. En esos casos la costumbre de objetizar al sexopuesto, el instinto de mating, las adaptaciones un poco desubicadas que la selección natural apareja, llevan al observador a la mensura de las tetas de las pasantes9. El observador figurado por von Merluza, no obstante, las mira a los ojos, con jactancia de no caer en la antedicha objetización. En el caso de estas dos señoritas, a diferéncea de otras veces, el observador no mira a cada una de ellas en su calidad individual de fémina. Al contrario, observa la suma mereológica de ambas, la entidad "pareja", el andar bamboleando los brazos, la manera en que se comunican a través de ruidos que en la infáncea cada ser civilizado aprende a casar con ideas a tal punto de resultarle imposible su divórceo10.

[9]: de acuerdo con estadísticas pubicadas (sic3), el 67% observa primero la teta izquierda, lo cual se explica en el predominio de la población alfabetizada con sistemas de escritura left-to-right.

[10]: salvo en ese estado de conciencia que muchos tratamos de alcanzar, cosechando infrutas, en el cual la repetición de "palabra, palabra, palabra" la descabala, la desimboliza, permitiendo al practicante percibir la verdadera voz, animal, despojada de asociaciones.

A juzgar por las retromiradas de las minas, la observaceón debe hacerles pensar que las mira a ellas, mientras que en realidad lo observado es el conjunto "ellas". Y si a primera vista se ven humanas, no en un arranque de condescendencia sino de lucidez, él las ve más como animales, como un pariente lejano del australopithecus afarensis o el homo neanderthalensis, que sabe comunicarse ruidando vocalmente, pero sigue siendo un animal.

El álisis de Dos señoritas pasan caminando continuará en un futuro post a aparecer próximamente en sus mejores baños.

La gramática del sandwich

Don Chase

Ejercicio de verso libre.
No me sale muy bien.

La tarde se estaba yendo,
la noche de a poco vino.
Como se va la marea,
la tarde se había ido.

No sé cómo supo el viejo
cuando esa tarde me dijo
andá a abrir la puerta, dale,
que te anda buscando un tipo.

Y el hombre que está viniendo
bajando del colectivo
mira en la esquina unas bolsas
y al lado un perro dormido.

Y se lo queda mirando,
porque siempre hace lo mismo,
controlando hasta que el tórax
le confirme que está vivo.

El cielo está prepotente
con su sarcasmo y gruñidos,
pero el tórax no se mueve
y el perro no está dormido.

La tarde se estaba yendo
como el lector aburrido
de versos tan manoseados
como un billete de cinco.

La muerte, de las funciones
que a todo organismo vivo
definen, es el final
irreversible y temido.

La muerte no es un misterio
ni es el amor un suspiro,
y un satélite es la luna.
Wikipedia me lo dijo.

La tarde se estaba yendo
como un pañuelo de lino
cuando una mano, tirando,
lo va convirtiendo en hilo.

Para entonces ya era oscuro
no se escuchaban los grillos,
ni en los árboles del barrio
daban los pájaros trinos.

El hombre que, después supe,
era en persona Cupido,
me fue en el medio del pecho
a sepultar el cuchillo.

La mina como una loba
se levantaba el vestido.
Las tetas que me mostraba
colgando como dos higos.

Las máculas de leopardo
del tapado llamativo,
mi vista petrificada,
mis ojos en ella fijos.

Me acuerdo que me miraba
con una facha de vidrio.
Me acuerdo que lo demás
se lo masticó el olvido.

La tarde se estaba yendo,
la noche de a poco vino.

Dejémonos de joder

Me dicen, sorprendidos, que en algunos idiomas tienen ¡seis! palabras para decir "lluvia".

  1. lluvia
  2. llovizna
  3. garúa
  4. rocío
  5. tormenta
  6. chaparrón
  7. temporal
  8. chubasco
  9. precipitación
  10. diluvio
  11. tempestad
  12. aguacero
  13. ...
  14. nieve
  15. granizo
  16. aguanieve

Dejémonos de joder.

Contrato de post

Algunas cosas nuevas, algunas rescatadas del olvido y el bit rot.

Primera. La adversativa

Te miro, te encuentro,
me pone nervioso,
sakura, tu blossom
manchada de sangre.
No salgan palabras
ni el tiempo me calle,
pero el miedo y el miedo y el miedo.

Te agarro de un brazo,
tus ojos,
tus puños
me tiran del pelo,
tus dientes de perro,
tu cara que muerde
y el viento en el patio
pero el miedo y el miedo y el miedo.

El barco de vela
o el mar que me toca,
y un juego de piedra
tirado en el suelo,
un ruido de sierras,
las puertas afuera
pero el miedo y el miedo y el miedo.

Le dije a la tierra
que vuelva y no viene.
Pasaron agujas,
semanas pasaron.
Y el fuego en la panza
que sale llorando
pero el miedo y el miedo y el miedo.

La caja cerrada,
los loros en jaulas,
los gatos jugando
con bolas de lana,
la nota doblada,
tu letra de miedo
pero el miedo y el miedo y el miedo.

Segunda. Baldosas I

El café caliente le quemó la punta de la lengua.
-Mierda. Me va a arder toda la semana.
Le agregó un chorrito de leche.

Repitió para sus adentros, mascullando:
-Me va a arder toda la semana.

¿Cuántas otras personas habrían dicho esa misma frase, y por qué variedad impensable de razones?

Esa fue la pregunta que se formuló. Pero no alcanzó a responderla (es decir, a malabarear razones).

No alcanzó a responderla porque un ruido ensordecedor, como de gente rompiendo caños, le interrumpió los pensamientos y lo obligó a levantarse, dejando el desayuno a medio terminar en la mesa.

El aparente ruido de caños provenía de las baldosas. El calor y la humedad las habían sucesivamente dilatado y contraído. Ahora que se habían levantado, el piso del living-comedor tenía el aspecto de un campamento indio, donde la juntura entre pares de baldosas formaba carpas.

Hacía sólo seis meses que habían hecho el piso nuevo. Fue a ver si su mujer estaba despierta.

-¿Qué es ese ruido?
-Cuando te levantes -gruñó él- vas a ver.

Se volvió a sentar a la mesa y mojó una galletita de coco en el café ahora con leche. Esperó a que se ablandara lo suficiente como para que, al levantarla, existiera el riesgo de que la galletita zozobrara en la taza.

De esta circunstancia se infiere que a él le gustaba tomar riesgos. Era un amante de la aventura, aunque sólo mientras los náufragos estuvieran compuestos de harina.

Volvió al living-comedor. Sus pisadas resonaban sobre las baldosas de manera diferente a la usual. Ahora el sonido era hueco, quebradizo.

-Ya me parecía a mí que estaban demasiado juntas.

Aunque lo pensó, él mismo no estaba seguro de si realmente había tenido esa opinión, o si no estaba más que pretendiendo engañarse, fingiendo haber tenido siempre la razón.

Se lamentó por no haber exigido de alguna manera un control de calidad a los albañiles, pero ahora era tarde.

Un crujido un poco más fuerte lo sobresaltó. Se había quebrado la baldosa debajo de la mesita ratona.

También lo sobresaltaron los gritos de un grupo de jóvenes que venían corriendo por el medio de la ruta. Los esquivó con los latidos del corazón subidos a la garganta. Aceleró y los dejó atrás.

Cuando la mujer se levantó, lamentablemente ya no hablaba castellano, y se había convertido en un cuadrúpedo.

Tercera. The houze of the Cariabon

(la caza del Cariabón, fragmento)

       --XLI--

Existe un reino, si los hay
 remoto y singular,
en el que el sol pelado no
 se cansa de alumbrar.
Un reino donde al río Espurma
 acude el ancho mar.

La tarde de mociembre en que
 Pichito prometió
que había un continente tal,
 Edacval se asombró.
Y la verdad, jamás alguno
 aquello comprobó.


       --XLII--

Rondan las voces de que allí
 reinaba antaño un rey
que un día quiso fallecer
 a manos de la ley.
(La ley era la de la selva
 y se lo comió un buey).

Reinaba con rugiente voz
 sus tierras Ananquer.
Su rígido bigote gris
 se usaba para hacer
cadenas. Y lo raro de esto
 es que era una mujer.


       --XLIII--

Los hijos que Ananquer dio a luz
 en número de dos
los fue la reina a nominar:
 "Betilio, el que es betroz"
y al otro puso, haciendo juego
 "Atilio, el que es atroz".

Fue en ambos, del progenitor
 la muerte, un gran dolor.
Quedaron huérfanos nomás
 el lunes posterior,
cuando le dieron a la vieja
 arsénico y licor.


       --XLIV--

En el oscuro funeral
 un viejo malandrín
por la corona interrogó;
 Betilio el benjamín,
aseguró que el otro hermano
 estaba allí a tal fin.

Horrorizado, gritó "¡NO,
 ni en pedo, es un quilom-"
bo" Atilio. Y dijo cierta voz:
 "Hay una solución".
El viejo, entonces, añadió:
 "Cazar el Cariabón".


       --XLV--

Despacio, el viejo prosiguió:
 "Quien pueda conseguir
la testa del bichejo aquel
 podráse libre ir,
y a manos del hermano opuesto
 el reino transferir".

Para quien no es oxoriental,
 habré de recordar
que el Cariabón es un glotón
 que suele devorar
cuanto se cruza en su camino.
 ¡Y come por matar!


       --XLVI--

Exhibe el hosco Cariabón
 colmillos de marfil.
Exhala, torva, la nariz,
 vapores: humo añil
que todo cuanto cubre troca
 en piedra de esmeril.

Nefando, repta el Cariabón,
 maléfico al compás
de su funesto cascabel.
 Su zarpa desde atrás
surge incesante y nos recuerda:
 es ávido y rapaz.


       --XLVII--

Creo que está de más decir,
 lo sabe ya el lector,
que luego de considerar
 lo expuesto y anterior,
se dieron ambos al asunto
 (el subject delator).

Así marcháronse a cazar:
 Atilio, ajo banal,
quiso enfilar al ala sur;
 Betilio, bajo anal,
hacia la bala norte fue
 del páramo edacvál.

Cuarta. I'll never write a poem

A verse keeps ringing in my mind, as if it were a sonnet, And, at that time, the master was enlightened. I think I could make a poem out of it, but undoubtedly I'm not Shakespereanly gifted. I lack knowledge of the language. As I write this, I feel like a caveman. I'll never write a poem and it hurts.

Quinta. ¡Pobre muñeco!

Mandíbula mecánica que indócil
baila, descolocada y entreabierta.
Articulando la madera fósil,
ruge con el crujido de las puertas

cierto muñeco con el ojo tieso
y mueca en otras épocas radiante.
Sin haber nunca dado un solo beso,
melancólico yace en un estante.

Los trazos que simulan ser cabello
no encierran sino penas sin color,
ignorantes del cielo, de lo bello.

Y, su estopa, cargada del dolor
de fingir que la vida es sólo aquello.
De no haber conocido un solo amor.

Sexta. La importancia de ser Franco

(cf. The importance of being Ernest)

Liliana estaba enamorada de una cucaracha llamada Franco. En verano, parece, las cucarachas no se toman día libre. Liliana vivía en el primer piso, al lado de un hombre, o una mujer, cuya costumbre de tener las ventanas siempre abiertas la irritaba.

Ella se miraba al espejo a la mañana; se lavaba la cara y tomaba el colectivo porque no le gustaba manejar. La oficina quedaba a treinta cuadras, más o menos. Cuando volvía, hacía las compras y comían con Franco mientras le contaba las cosas del día.

En sus ratos libres, reflexionaba sobre las profundidades del océano, que ningún ser humano ha visto nunca, o se imaginaba el mundo visto cada vez desde más lejos, hasta que ella y Franco eran un puntito en la ciudad, la ciudad un puntito en la tierra, la tierra un puntito en el espacio lleno de estrellas.

A Liliana y a Franco les gustaba la música tranquila; que fuera tranquila no era razón para que su vecina, o su vecino, no se quejara igual, pues lo hacía a menudo y parecía que con gusto. Otras veces se iban a visitar a sus hermanas, o comían manzanas verdes.

El martes, recibió una llamada urgente al trabajo. Le habló una voz femenina, o masculina; le dijo que había escuchado ruidos, y que al parecer habían forzado la puerta y habían entrado a su casa. Ella, o él, ya se había encargado de llamar a la policía.

Entonces Liliana corrió, y ni siquiera pudo sentir el intenso olor de la panadería; no pudo ver las baldosas, ni el reflejo del sol en los caños de la parada del colectivo, porque pensaba sólo en una cosa. Le pareció que el camino era cuatro veces más largo que siempre.

Cerca de su casa unos obreros vestidos de uniformes azules muy manchados estaban encendiendo el fuego para almorzar. Liliana buscó las llaves pero pensó que igual ya iba a estar todo abierto, y vio al patrullero y al señor, o la señora, en la puerta. Quisieron tranquilizarla, ella subió las escaleras de dos en dos y lo primero que vio fue que estaba todo revuelto, que la cerradura estaba rota, que la habitación parecía despojada de su esencia, que Franco yacía aplastado en el medio de la cocina.

Séptima. A un gato sin nombre

La luna llena desapareció.
Se fue sin avisar
a otro cielo mejor.
No supiste cuidarla, y se marchó.

Ahora la noche negra
es un desierto de árboles sin brisa.
Ahora gotas repican en el techo,
mientras se desvanece la esperanza
de que vuelva su pálida sonrisa.

La lluvia marca el ruido del silencio.

Siempre brilló la luna ante tus ojos.
Y aunque no la miraras, siempre estuvo,
recostada en un ángulo del cielo.

No fue del astro la primera ausencia:
la luna suele desaparecer
dejando una notita en las estrellas
diciendo que enseguida va a volver.

Por eso ni pensaste
que había que cuidarla.
Y el día que se fue, ni te enteraste
de que esta vez la ausencia era distinta.

Como todas las cosas que uno quiere,
supiste valorarla
cuando era ya muy tarde.
El día que dijiste
"quizá nunca más vuelva".

Te sentaste en el medio de la noche
a llamar a la luna por su nombre.
Ella no apareció.

Sólo queda la triste sensación
de no haberla mirado
cada vez que brillaba para vos.


Estando las partes conformes y obligándose a su fiel cumplimiento, se firman dos ejemplares de un mismo tenor y a un solo efecto.

Alegoría de la madurez

I - Exmasiv

Pentáñico astronauta
o astrónomo infantil
montado en Navidá y en una escoba
que viene a ser el módulo lunar.
Hago la vez del Yuri Gagarin,
voylando zenitdel azimutal.

En eso suena el rínton del Gran Vals.
¡Te llama por teléfo Papanuel!
Y sunrisárctica es-quimal,
trabalengüea inúktitut.
Años después Sherlockearás
quera el tío, ¡tamaño familiar!

Tenías cincañitos
y a esa edá te angustiaban
los hombre de la bolsa,
las presencias antiguas
e insondables del cuco.
Y el pávor de encontrarlo al arbolito
muerto, igual que el retrato de Óscar Güilde
de cada travesura maculado,
desierto de regalos.

A la matina entrante, embargosín,
en mi pueblo natal en que no ñeva,
donde llaman chuflín a las colitas
y arman la pelopincho en nochebuena,
pude desconfundir de los regalos
a mi regalo que era un telescópeo.

(L'angustia es el motor de la poesía,
¿y ahora ya sin angustia,
ahora que confesaste,
qué cosa vas a hacer si no llorar?)

Y ahora soy un astrónomo.
Contemplo el singular ir y venir de las estréleas,
mino el espáceo numerable
de las fórmulas.
Las fórmulas que viste y las que no,
la regla del coseno y el tabló,
en tren de averiguar o predecir la relaceón
entre Cástor y Pólux y tu vieja
y la matérea darqui
y los schwartzagujeren, lo pareó.

Soy un ratón de biblioté
mirando eclí de girasol
comien semí de giraluna.

Los conocidos, la famí,
salvándola a mi hermá,
piensan que soy astrólogo,
que hago cartas astrales y que escribo el horóscopo.
Uno vegetariano, y otro vegetaurino,
y otro vegeminiano, y otro vegescorpiano.

Y, casi al terminar, trianghúl espiralado
de log de cantpáginas vueltas.
Apenas un amor
corto como las fibras Sylvapen.
Incredible lenghthening!
Exclude flaccid hose risk!
El tamaño no importa, dice ella.

Yo soñé con ser Tycho, Nicopérnico,
Kepler o Galileo. Y ojo al piojo.
Una vez que crecí
no me pude escapar del paradigma.

II - El coleccionista

Una vez me dijeron "el tiempo dirá".
Y el tiempo nunca dijo nada.

Siempre ando flirteando. Se me ha quemado el chiste de que soy un tipo solitario y buscaminas. Colecciono novias. Me gusta mostrárselas a los amigos, enumerar sus nombres como el de piezas de museo, o cuadros, o estampillas. Como cualquier coleccionista, me atraen las difíciles, las raras. Dispongo de una tabla de features, mañas, personalidades y colores, que el paso de los años me ha ayudado a completar. Bajita. Intelectual. Rubia tonta. Fan de Ricardo Arjona. Gorda. Profeyora de educayión fíyica. Japonesa. Tetona. Cantante darkie y pálida de rock. Perra fácil. Católica que se peina como monja. La lista es interminable.

Siempre apunto a la más linda, a la mejor. Cuando puedo, puedo; cuando no puedo, no puedo. Mi amigo dice que para tener éxito con las minas, te tienen que gustar por empezar. A mí me gustan parecidas a Shakira, pero la de Pies Descalzos; ellas quieren ser la Shakira perra internacional. Siempre me las busqué complicadas porque, parafraseando a Mandeb y a Groucho, no saldría con una mina que me aceptara como novio a mí.

De joven creía en el amor eterno, pero siempre llegaba el desengaño. Recuerdo que a mi segunda novia la despedí con la frase, No sos vos, Ana... pasa que la tercera es la vencida. Después aprendí que la forma de que no te rompan el corazón es no enganchándose, ganándoles de mano.

Si cada comienzo presagia un fin, ¿para qué postergarlo? Busco aumentar mi colección, encontrar a la mina perfecta. El día que la encuentre, me quedaré con ella. Por lo pronto, sé que nadie es perfecto. Cuando me enamoro, suelo tener la sensación de que esta vez ella sí es perfecta. Pero el proceso de enamorarse es una ilusión. Lo que a uno le gusta son las mariposas en el pecho, los besos eléctricos, los mensajes espontáneos de cariño, el hecho de sentir que la otra persona es la mejor que uno podría haber encontrado y que la tiene toda para uno. Todas las veces que me enamoré dije te voy a amar por toda la eternidad. Porque aunque parezca que soy consciente de la naturaleza fugaz de la limerencia, cuando estoy bajo sus efectos, la ilusión no me permite ver la ilusión misma. Por suerte este proceso es cosa pasajera, que se corta sola entre los seis y los dieciocho meses.

La parte mala del enamoramiento es quedar engrampado al compromiso, por haber creído que la otra persona era perfecta en esta oportunidad, y haber prometido tantas estupideces. Hay un punto en el que uno cae en la cuenta de que el otro es una persona normal, que se olvida las llaves y se tira pedos. Y no sé vos, pero yo no puedo estar con una mina así, ¿sabés? Tantas chicas en el mundo tanto más perfectas que esta, y yo que le dije que la iba a amar para siempre, yo que proyecté mi vida con esto. Tanta necesidad de encontrar chicas que me quieran, de mariposas en el pecho y electricidades, y en lugar de eso estoy con esta. Yo no quiero perderme de nada, no pienso atarme a esa ilusión, no quiero renunciar a la oportunidad de estar con las otras. Las otras, más lindas, más perfectas.

Con el tiempo he perfeccionado el arte de descartarlas, una vez que el enamoramiento se desvanece como figuras de humo. Es cuestión simplemente de decir que la cosa ya no va. Ellas casi siempre se ponen a llorar. Eso demuestra que en realidad su amor es un amor propio y superficial. Si realmente me quisieran, deberían aceptar que yo soy feliz así, pasando de una a otra, en esta continuidad de nacimientos y rupturas. Pero ellas lloran porque se dan cuenta de que no quiero estar con ellas, que no quiero ni verlas, porque pensar en ellas ya no me causa mariposas, porque sus manos ya no son eléctricas. Porque nos conocemos tanto que nos aburrimos, porque estamos juntos y no sabemos ni de qué hablar, y sólo compartimos algo cuando cogemos (pero eso también es ilusorio y fugaz). Porque llegó la hora de terminar con toda esta farsa e ir a buscar emociones nuevas en personas nuevas.

Lloran por amor propio, por egoísmo. El amor no consiste en ser querido, sino en querer al otro, ¿no te parece?