¿Por qué es que se desbordan?



– 0 –


yo soy un superhéroe del barrio.
mi verdadero nombre no viene al caso.
gocé del privilegio de que en mi tierna infancia no me faltara nada.
supe ser un trabajador corriente que se ganó la vida en las peatonales
ofreciendo (como una mano enguantada) mi mediocre espectáculo de escultura viviente.
permanecía, entonces, durante largos ratos inmutable, a pesar de los llantos de los ahorcados.
pero llegó un buen día en el que ya no pude quedarme quieto:
la angustia en mi garganta se hartó de ser testigo mudo de la violencia
y la subordinación a los opresores.
hubo un impulso oscuro que empezó a hacerse carne en mis arterias.
quise cagar a tiros a los que nos arrancaran de las manos el corazón latiendo de la República
y devolverle al pueblo el oxígeno sin el cual nos estábamos asfixiando.
él era un ciudadano común pero una tarde se tropezó en un terreno baldío
y debido a la cuasi letal mordida de una Blatta orientalis radiactiva:
se convirtió en el pibe cucaracha:
capaz de darle un bife a un edificio como quien aplasta un mosquito [¡plaf!],
sabe levantar vuelo como el ñandú en las pampas,
y sus ojos visión de rayos equis interpelan el último cordón del conurbano.

yo soy un superhéroe del barrio.
exhibo mi propia insignia en el tórax: el ala esbelta de una cucaracha.
amanece y asciende sobre la putrefacción del Riachuelo el sol de mayo caracúlico,
meto cuarta en el Cucamóvil cósmico:
Renault 12 TL, modelo año del ñaupa, que ante las inclemencias de la escarcha
ruge cuando quiero arrancarlo al alba como un abuelo expectorando,
con la presunción de más bollos que la jeta de Cristo en su Calvario.
la cicatrización de la masilla y la coagulación del antióxido
remiten a las cuencas hidrográficas cortajeando como nervaduras el mapamundi.
estaciono en una maniobra sola digna de un gran maestro del volante.
hago mi ingreso épico al supermercado Luna propinándole una patada karateka a la puerta
hago intentos de una vuelta carnero pero mi flexibilidad ya no es la de antaño
tipo película de acción pego un grito -¡alto ahí villano!
y extiendo los dos brazos empuñando un revólver invisible
-¡nos están estafando con los precios!
el chino está tipo KE
y me mira una mina comprando bebidas artificialmente edulcoradas con aromatizantes permitidos
y paquetes de alimento ultraprocesado de elevado contenido calórico pero bajo valor nutricional
-¿qué te pasa flaco?
hay un tipo con un delantal blanco ensangrentado que bien podría ser arte abstracto
cuya nuca le oficia de pilastra a una res bovina
pero en mi cabeza espiantada barajo que es un secuaz del malo
-¡alto ahí criminal!
el tipo me mira y dice -estoy laburando ¿qué carajo te pasa?

yo soy un superhéroe del barrio.
no tengo mayordomo pero soy capaz de escribir tu nombre con mayonesa sobre una feta de salchichón primavera.
me dicen los vecinos que no tengo todos los caramelos en el frasco.
quizá por consumir demasiados memes o hacer una maratón de VHSs se me zafó un tornillo.
me tomo el tren de vuelta y entre los fisuras y los manijas
en el furgón del Roca ahumado del almizcle paraguayo prensado
quiebro en el piso un vómito rotundo,
me quise hacer el Súperman, pero Súperman no entendería nunca
por qué un ciudadano en su sano juicio se clavaría al hilo tres guaymallenes blancos,
o por qué la señora de acá a la vuelta faenaba a veces gatos para ir tirando,
o lo que es levantarse a la madrugada porque te está lloviendo la chapa.
he comprendido que los malhechores no son los pobres diablos
que terminan pudriéndose en las cárceles por unos cuantos gramos.
hoy no rescaté el mundo de mis archienemigos ni de supervillanos.
yo, que soy una persona corriente, soñé anoche
que era aquel paladín de la justicia al que apodan el pibe cucaracha,
¿o seré acaso el pibe cucaracha soñando ahora que es un tipo corriente?



– 1 –


Es hermoso y terrible ser tu madre.
Hay en mi corazón la pesadilla de lo simétrico:
¿serás el que produzca los desperdicios o el que escarbe mendrugos?
Se me abren inquietudes como úlceras.
¿Serás el arquitecto de la cúpula o dormirás hachado por la lluvia?

Vos dormías al lado.
Yo tomaba una taza de té en lo quieto.
Al mirar el contorno de tu boca
supe que ese momento era hermoso y frágil.
Mi amor era el deseo de otorgarte la eternidad del pétalo
y guardar tu luciérnaga de silencio.

Un día preguntaste: ¿vas a morirte?
y te dije que la conciencia no muere
(para no defraudar tus ojos de niño)
sino que solamente existen momentos
y le otorgamos nombres a las experiencias efímeras
pero no hay una esencia que trascienda,
ni que se ausente, ni que permanezca.

Buscábamos escapar del presente
queriendo la destrucción de lo indestructible
como la permanencia de lo finito.
¿Y cuando ya no tengas?
Quizá el miedo se funda en lo ilusorio de que hay felicidad en las certezas.
Pero tarde o temprano todo se nos va a explotar en las manos.

La vida inhala con la boca abierta
como un perro muriéndose:
me entregué a la plegaria rigurosa de la repetición de tu nombre.
¿Cómo fue que esta mano pudo mimarte el pelo
y asfixiarte por estrangulamiento?
Mi boca por la que transcurrieron los años se convulsiona en mueca.
La criatura otrora bella está muerta.
En tu cara se refleja mi cara como en un espejo que me mutila.

A pesar de la ingratitud de la espada que esgrimís sobre la demencia que cargo,
de una palabra tuya en la medianoche que no me estará dado descifrar,
se clausuran las puertas de ese pájaro que de pesadilla y de miedo supo llenarme
y que alguna vez supo palpitar en el acunar de mis manos.

Los ojos se me permanecen de lágrimas:
sé que habrán de cerrarse definitivamente,
porque todo lo que está abierto se cierra.
La máscara fetal de los cadáveres se derrumba en una pila de escombros.
La perfección se alcanza sólo después del vómito.
Los cerebros estallan acuchillados
como la destrucción en mil añicos del vidrio.

Hubo un día en que el vientre construyó nuestras manos
y ahora es también el vientre que nos destruye.
Mi cara es una máscara.
Esta imagen bidimensional que proyecto
es una fachada tras de la cual hay solamente silencio.



– 2 –

Maestro-piedra agoniza acuesta hombre,
suspiro nuestro inhala exhala fosa-maestro:
final luz-oscura padre-barro:
eco mordido brota-raíz nombre.

Mano rueda sol-dentro:
silenmadre riegolvido crece flor-trueno.
tiempo-piel calla brota sombra-nombre.
Desnulabio apertura flor-hielo.

Calavera sopla viento-nombre.
Bebé-luna duerme canta sueño:
madrerriego abre llora sal-agua.
Ayer-hoy tiembla tierra jaulamuerto.
Cantapájaro llanto parto ojo hueco.

Maestro ciego mira perro-blanco.

Maestro reza sombra caña yendo
ganchisienta saca por fin pez-lámpara:
pez del agua grita maestro sube,
cristallanto grita-pez-llanto grita maestro.



– 3 –

No tiene caso acuchillar tu nombre
pero pueden herirte mis palabras
talan la infamia de olor extraño
ese cuarto de las cebollas del diablo
hubiera germinado nuestras ánimas
imitaban los cantos de los pájaros
de todas las regiones de la Pampa
ajusticiada a mano limpia e piel de tigre
tendido de los trenes
y los asentamientos ingleses
florecieron en 1912 mis palabras
no coincidieron con el crudo de mis acciones
habitualmente secos de párpados
se inundaron del ágrima
y sentí un titubear en esa zona no cristaliza el nombre
ni comienza en el cuello y acaba en la esternebra
de anfíbraco hemistiquio
en claves que en tropel ya no remontan
su vuelo que en el tiempo se aceniza un hueso roído
brinda el semen en cálices
de piel acumulada sobre el porlan
ardiente sobre muerto de querosén
que amás ahora
como lactantes cerdos te han mamado
¿por qué escondés bajo tu caracola
si no hay algo que pueda al sol eterno
que nos rajuña el ojo
y el agua en que escintila tu cría
y no obstante la abrasión de tu verbo
la búsqueda de verte
¿no te parece acaso que la vida
prefigura la muerte
sobre la flor marchita
se reproduce en mínimo lo incesante
y planean de muerte en rumor solemne desiertos viejos
minutos que esperamos para el ojo
que contabiliza plegarias
cargan la catacumba de la noche
¿cómo serás el miedo y el puma y el delirio y el hambre de los buitres
que velan por su deposición de cadáveres
bajo la luz trapezoidal de luna
de medianoche un loco se embarcó en la tarea
de la traducción de una mariposa:
ceremonia del cuchillo quirúrgico
tajando el hemisferio del cerebro simétrico en bustrófedon
y en el ardua exhaución del diccionario
trató de hallar una acepción exacta
y dar significado
preciso a las antenas de insecto
superciliar mutilación de patas y expunción de las trompas
y conjugación del ojo compuesto
y minuciosa transcripción del ala.
Y como aquel que indaga temple en el empedrado
ya promediando el alba miré el manojo muerto la mariposa quieta
ya sin su imperceptible tremolar de membranas.
Dejé que te murieras:
y si tu imagen todopoderosa se redujo a una flor que puede pisarse,
¿por qué es que se desbordan los elefantes



– 4 –

Taba cachuzo un oso de peluche.
Deterioro y defunción del juguete.
Gloria eterna al ventilador de techo y a la luminosidad de la lámpara.
Decía el esparpajo
con migas de jabón de glicerina
que de tan macilento, tanto moco sangriento,
y que de tanto achús en los almohadones,
se hubiera estornudado parajuera el seso de trapo
de no ser por la tradición y el buen gusto
que dictan los protocolos piezales
de ¡salud! mi don Oso mas la decencia exige no estornudar la mesa.
Su antes frondosa cresta raleaba ahora.
Ya unos kilos de menos le marcaban los huesos.
Los músculos flaqueaban,
y vedaban su costumbre de antaño de las escaleras mecánicas.
Quizá haciéndose el sota como en un simulacro de su perennifolia
o porque ni siquiera los Osos tienen otro destino más que lo cotidiano
quemaba cederrones ilegalmente descargados de páginas
de bandas suburbanas de punk eslavo que databan de la década del noventa.
Hoy va a ser un gran día mi don Oso:
administración de contraste por vía intraestoposa
tomografía computada sobre una almohada.
Diagnóstico grado cuatro cáncer de estopa.
Teratoma en el oso de peluche.
Extirpación quirúrgica en el piso,
globo ocular del plástico
con el filo de la tijera china con la que me cortaba las uñas.
Unción ceremonial del oso en bálsamos
y momificación de papel higiénico.
Una muchedumbre de seis muñecos
transportando su féretro de caja de zapatos.
Se agolpan los hocicos de koalas sobre el cadáver fresco.
Procesión religiosa de las martionetas y títeres.
¿Dónde quedara el hálito de vida que recorriera el cuerpo?
Al horizonte sobre el Occidente vuelve a ponerse el velador.
Ya asoma en la ventana el ataúd abierto.
Dicta un discurso fúnebre la su muñeca viuda.
¡Silencio!
Ñecos que lloran al juguete muerto.



– 5: Murió Lóm. Murió. Lóm murió. Mu-rió mu-Lóm. Murió Lóm. Muert du Lóm. Muert du mu-Lóm. Mu-Lóm du lu muert. Lóm murió. Lóm du murió. Lóm-mu murió. Murió Lóm. Se murió Lóm. Se du murió Lóm. Lóm murió. Lómmu-rió. Murió Lóm. -Rió mu-Lóm. -Rió Lómmu-. Mu-riólóm. -Río murióLóm. Brás du mu-cálm. –



– 6 –

No obstante el indeciso deslizamiento de cristalinas lágrimas de muñégrica,
no obstante la caída sobre las tablas de acampanada flor de perennifolia
(de cuyo amargo néctar sabe sintetizarse el antídoto contra la picadura del esfibrántilo):
ya no habrá el Oso.

No obstante el descolorido alambique con la condensación de nuestras esencias,
no obstante el compungido gorjeo interminable nocturno de mi alma de lectúcalo:
ya no habrá el Oso.

Necesito sentir -don Oso- el alivio
de que esta fibración que nos latía detenga su latido entre mis manos,
de que nuestros dolores amortigüe para siempre el silencio.

Ya ni el invulnerado meollo lepidóptero de la fragrante nuez del uñumbrucpú,
protegida por su endocarpio encefálico,
ni su raíz-mandrágora que ejerce sobre las tumbas esta tensión de imanes retrodáctilos,
ni su Ya posesión de lo que no es Nada,
devolverán la vida al cuerpo del Oso.

Ni la cincelada quadrata de los allegados y demás deudos
devolverán don Oso la vida a tu vanguardia bajo tu no cristiana sepultura.

Ya están marchando a casa los ejércitos, herederos de la tradición santa
de ametrallar a aquello que no se calla.

No hay una cosa sola de ayer que permanezca:
se extinguió el cuchicheo de las ventanas,
y hoy arden los cimientos
y están resquebrajándose las columnas sobre las que se erigían los cielos.

¿Por qué sirven de tan poco las horas?

Sin embargo en los vientres, la criatura dormida se despierta.
El terror nos empuja afuera del útero como la antiperistalsis del vómito.
Tengo que asesinar a cuchillazos a esa persona que fui pero ya no somos.
No querré ser como fue mi madreluna
que nunca pudo darse a cortar el cuerpo conectado por el ombligo a un cordón de miedo.

La mañana es el tiempo de los cuerdos:
cuando el sol todavía está levantándose,
cuando la madreluna no dobla todavía su grito de espermájaro.

¿Hasta dónde habré de pagarle al diablo mi pacto con el diablo?
¿Vas a seguir actuándole a los palcos vacíos cuando no tengas público?

Vamos a descuartizarnos los cuerpos
ahora que es trending topic.



– 7 –

No había una vez nadie:
quisimos abrazar nuestras ausencias
pero atrás de la puerta no había nadie.
Había una vez alguien que no era alguien.
Me quise reflejar sobre tus córneas
y era el desierto.
Había una vez alguien que no era nadie.
Quisimos simular que nos mirábamos
pero atrás de la cavidad orbitaria
te hallaste con el hueco vacío de la fosa.
En estas horas áridas de la noche
inhalo la negrura del humo de las llantas,
la asfixia es el refugio de tu incendio,
rasguño las macabras fabriles carcajadas de los payasos.
Sos y tu llanto.
Llamarada la ampolla de tu mano.
Contigo y con la putrefacción de tu carne negra de sicofante.
Si soy corriendo.
Y el perro me torea.
Pero no es desde adentro del espanto desde donde provenía mi risa.
Se nos están rajando los tendones:
crucifico mi nombre con temblor espasmódico
con los símbolos de un alfabeto oscuro.
No será desde el sitio,
lastimadura abierta, que se llaga
como un filo que rasga la carne desde adentro.



– 8 –

Eras muy fea. Tu nombre eran las letras de la lluvia.
No comprendiste nunca que yo no existo
fuera del glioblastoma en tu área de Broca.
Me amaste como a la expunción de ese pelo único
que te crece larguísimo en el medio de la desnudez de la espalda.
Me entregaste una carta llena de corazones de fibra fucsia
sobre la hoja rayada de una carpeta
que hice un bollo y deposité en la basura
tratando de no ver tus mamarrachos torpe letra de imprenta
ni tu beso infantil de que nos querríamos
y un día la señorita de cuarto grado
dijo que te enfermaste
y fuimos a la clínica y te llevamos
el detalle de unos ramitos blancos de fresias,
y agarraste mi mano con tanta fuerza
como queriendo asirte de esta vida
pero yo estaba incómodo.
Y aunque nunca te quise
sobre tu sepultura de mariposa
en algunas mañanas sobre los vidrios
siguen rodando gotas de tu nombre.
(Algo que se revela como la desconexión de un aplauso:
te escribo este mensaje mientras como una hamburguesa de pájaro,
estoy acá sentado sobre el polvoriento suelo del diésel
y hete aquí lo irrisorio de los pelícanos:
ese modo con el que pavonean su implantación quirúrgica de la nada).



– 9 –

Vuelven a mí constantemente los recuerdos de esa sonrisa tuya,
blanca como cuando amanece el cielo en el este,
ese brillo con el que sonreían tus ojos cuando te ponías contento
y ese temblor del mundo que se agitaba con tu alegría torpe y delicada.
Pero el recuerdo de las realidades no es una realidad sino un recuerdo.

Este paraje inhóspito sobre el que alguna vez fue mi cama
¿volverá a ser mi casa?
Me aferré mientras lloraba en la almohada
a ese retrato monocromo tuyo que multiplicaron los diarios.
¿Volverán las hormigas a sus senderos
sobre los troncos secos y los palos pudriéndose
de los árboles que una vez fueron árboles?

Ha llegado el momento de no avivar el fuego
que fuiste y que encendías.
Ahora el viento borrará la ceniza y voy a marchitarme como la rosa negra.

Si quisieras volver a buscar consuelo, como vuelven los perros espectrales al alba,
¿volverá al corazon al desfile de estrellas como luciérnagas
que estallaban en la noche de enero como la pulpa madura de una ciruela?

Mientras a vos te amputan.
Seguimos navegando en la demencia.

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