Commonplacebusters

Oh, tú, que pasando vas
fija tus ojos en mí.
Cual tú te ves, yo me vi.
Cual yo me veo, te verás.
[Epígrafe de una calavera]

Igual se dan cuenta de que me escondo atrás de sencillos ejercicios de métrica y de programación porque soy demasiado cobarde para poner acá mis miedos. Esa actitud, Pablo, de tratar de mostrarte diferente a los demás para que piensen qué tipo raro, porque no te bancás ser uno más del montón, yo hago cosas raras. Esa actitud es la que muestra que no dejás de ser uno más. Es que no pretendo ser raro, me gusta experimentar. ¿No te das cuenta de que eso es una racionalización?

Después los demás me dicen se nota que tenés mucho tiempo libre, porque el trabajo dignifica y su objetivo es sentir que siempre están ocupados para no tener culpas. Y yo pienso if we never take time, how can we have time? Pero aparentemente el tiempo libre hay que usarlo para mirar tele.

Y así me hundo, todos nos hundimos. Esperamos que un día la felicidad nos alcance como si ella fuera la que tiene que hacer algo por nosotros. Y así se transforma en una continua espera de que llegue la pulpa, para darnos cuenta quizá tarde, o quizá nunca, de que la vida es todo cáscara. Cuando me levanto, estoy pensando en que me tengo que cambiar para salir. Cuando estoy viajando, estoy pensando en que quiero llegar. Cuando llego, estoy pensando en que quiero almorzar. Después del almuerzo estoy pensando en que me quiero ir. Cuando llego de vuelta, quiero que termine el día para que el ciclo empiece de nuevo.

Pasado un tiempo, toda carrera se convierte en una espera para terminarla. Cada comienzo inicia la espera de un fin. En noviembre quiero que lleguen las fiestas. En la semana quiero que llegue el sábado, y el domingo a la tarde quiero que sea lunes. Por la tarde quiero que anochezca, y a la madrugada que amanezca. En verano me quejo del calor y espero que llueva, y en invierno quiero que llegue la primavera. Cuando conozco a una chica, estoy esperando que me dé el teléfono, y cuando me da el teléfono estoy esperando que salgamos, y cuando salimos estoy esperando que nos demos un beso.

¿Por qué después me sorprendo de que la gente quiera terminar las relaciones, para irse a empezar otras nuevas?

Me compro un paquete de galletitas, y después me doy cuenta de que no tenía hambre, solamente quería "haberlas comido". Mientras como ya estoy pensando en el momento siguiente, esperando haberme terminado el paquete. Leo libros por el afán de haberlos leído, para estar orgulloso de la pila que leí, y para jactarme públicamente de mirá cuánto leo. Miro películas para que haya pasado el tiempo. Pareciera que cada cosa que empiezo está siempre contaminada con la idea de terminarla.

Hay algunas frases hechas, lugares comunes, conceptos quemados. Por ejemplo, la frase carpe diem. Cuando los conceptos están quemados siempre hay, por suerte, personas despiertas que tratan de reexaminarlos. El problema es que a veces ellos mismos no se dan cuenta de que lo que realmente quieren es reexaminarlos, y entonces se limitan a criticarlos destructivamente, sin ver que lo que querían era replantearse cuán acertados o erróneos son.

Tu vida, Pablo, es una continua espera. Pensás que no sos feliz, pero que vas a serlo en un tiempo. Siempre estás esperando que algo mejore. Y ese es tu problema. Si no sos capaz de disfrutar este instante, ¿qué te hace pensar que vas a ser capaz de hacerlo en el futuro? Tu espera y tu sufrimiento no se deben tanto a los hechos y factores, pasajeros, del mundo externo como a tu propia incapacidad para vivir el momento.

Nunca vas a empezar a ser feliz si no despertás tu capacidad de disfrutar mediante el ejercicio activo de la voluntad.

Y cuando digo "vivir el momento" estoy diciendo carpe diem: aprovechá el día. Pero a pesar de lo que piensen algunos de sus detractores, no quiero decir: hacé deportes extremos, viajá a la luna, celebrá orgías, comé como un degenerado, tomá éxtasis. Todas esas opciones son, obviamente, válidas; pero vivir el momento es algo mucho más modesto que eso, y requiere mucho menos: seguí con tu vida de siempre, acariciá a tu gato, laváte los dientes, regá las plantas. Pero date cuenta de que tu vida es esto, y de que tu valioso tiempo es lo que está transcurriendo mientras leés este pelotudo post.

Véase también: (1) Zen is boring, (2) Erich Fromm

Elocuensia de lo bulgar, vistes

La verdá que efetivamente no tenemo consiensia y que se ditorsionan la cosa. Vo no te imaginá, porque, mirá, ahora lo ve y parese todo así como culto el flaco, pero posta que fue re loco para eso tiempo que el chabón agarre y se ponga decí la cosa en italiano, la verdá qu'e como una cosa media revolusionaria ¿vo qué pensá? Se puso a ecribir así como hablaban la persona comune, en ve den latín, quera lo que usaban lo erudito.

E masomeno como si yo publicaría un artículo para una publicasión sientífica y usaría el condicional en ve del sujuntibo. Seguro que a lo chabone no le gustaría eso, no me vas a decí que una atitú así como de diconformidá me la van a acetar en lo sírculo los inteletuale, que le gusta andar poray dele pavoñarse de su sabere para sentirse superiore a la demá persona.

Epero que te quede claro: para mí que lo lenguaje lo hacemo la persona, no lo puede hacer una cademia por má real y epañola que sea. Yo no le creo a eso tipo el chamuyo de que da eplendor, porque ya sabé que nosotro venimo usamo el voseo y ello no no repetan y no tratan de sudaca, y creen que somo meno culto porque pronunsiamo "yubia" cuando yuebe. El cateyano por egenplo e una cosa de todo lo día, y que no me venga najoderme con la cuetione de lo asento y esa cosa. El cateyano e algo que asemo nosotro, cuando nojuntamo nuna equina y no ponemo sablar de nuetro asunto cotidiano.

Alguno flaco lingüita piensan que el lenguaje e un ojeto astracto, como que se podría predicá matemáticamente dél. A mí me parese que el etudio de la sintaxi y la semántica dede una perpetiva puramente etruturalita tiene cosa que aportále al entendimiento de lo idioma, pero eso chabone quieren quedarse solamente con eso, asiendo de cuenta que, digamo, el cateyano etá completamente determinado por una gramática ecrita en un libro que dise cuále orasione etán bien y cuále setán mal. A mí me parese que lo que potulan que ay que etudiarlo nomá dedesa perpetiva quieren que no quedemo con una realidá a media. El idioma no e un sitema de símbolo que preseda a lo ablante. Eso e pura fruta. El idioma e algo vivo. Primero vienen lo ablante y sólo a poteriori podemo concebí una gramática, como eplicasión de nuetra forma de entender el cateyano.

Por suete lo lingüita má serio ase tiempo que abandonaro nel enfoque precritivista, pero la cuetión e que en las ecuela, y en el inconsiente coletivo, ay una bisión de que alguna cosa etán bien y otra cosa etán mal. No etoy en contra de que no pongamo de acuerdo, me parese que ta bien si nosotro mimo somo consiente de nuetro lenguaje y no desidimo "eta palabra se criben así y eta palabra se criben asá". Pero depué setán lo maetro y toda esa persona que quieren meterse en la desisione lingüítica de lo demá, que corrijen la falta ortográfica y gramaticale de lo demá. Eso tipo etán perdiendo de bista que el camino tiene que ser al revé: la regla son la que tienen que modificarse para adatarse a los hecho. Alguno lingüita, frutrado porque no pueden consebir mecanimo generale para decribir lo lenguaje, y porque lo lenguaje cambian contantemente, pretenden que nosotro, lo ablante, adatemo nuetra cotumbre a su regla. ¡Qué ridículo que son!

Por otra parte, el cateyano que lo maetro quieren que ablemo, ¿vo te pensá que salió de repetar la tradisione? Ñempedo flaco. Si la cosa serían así, seguiríamo ablando latín o incluso indouropeo. El cateyano que ablamo ahora viene de lo que se yamó "corrusión del latín". No me jodá con eso de que etá mal usar palabra inglesa porque hay que preservá lidentidá cultural de nuetro paí. ¿Vo de verdá te pensá que el cateyano tiene umpasado didentidá imaculada y que toda su palabra bienen del latín? Para que sepá, lo romano también usaban palabra setranjera: usaban palabra griega. Y lo que oy yamamo cateyano viene de que todo eso idioma se fueron meclando con lo lenguaje prerromano de la peninsulibérica, depué con el árabe cuando lo moro imbadiero nEpaña, depué con lo idioma de lo indio cuando lo conquitadore yegaron América, depué con el fransé, esétera.

Me parese que ta batante claro lo que digo. Yo no vengo a proponé una refoma otográfica, porque me parese que eso e tan contraditorio como aser una rebolusión para yebar al poder a lo anarquita. Digo que dejemo de pensar quen el idioma la cosa etán "bien" o "mal". Lo que puede tar bien o mal son lo razonamiento dede un punto de vita lójico, y las asione dede un punto de vita moral (y no me vengá con que comerse la ese no é moral).

Por supueto, no boy a negar que sierto que hay alguna correlasione ebidente. Por egenplo, me parese claro que ser consiente en el uso del lenguaje etá fuertemente correlasionado con la capacidá de pretar atensión de una persona. Asimimo, el repeto de la convensione lingüítica etablesida y la riquesa en el bocabulario tiene ebidente relasión con el nibel de educasión académica de una persona. Por último, la consitensia en la ortografía y en el uso de etruturas gramaticales etá relasionada con la inteligensia.

Pero otra ve, eso son echo a poteriori. No ay nada a priori que aga que ecribir "huevo" en lugar de "güevo" o "uebo" sea mejor que cualquiera de la otra osione. Yo creo que no tenemo por qué quedarno con esa regla media trucha de que lo averbio no concuerdan en género con el ajetibo al que modifican. Mi opiñón e que etá bueno que no demo cuenta de esa cosa. A la larga el cateyano "correto" va a ser el que hoy consideramo "incorreto".

Por eso te digo que yo lo re banco al Dante, no me va decí que no te parese bien que defendamo nuetro derecho como hablante aser la lengua. Y no me va decí que el tipo no era un bisionario cuando se ponía a defender la lengua bulgar ante la ipocresía de lo erudito.

La biblioteca de Pavel

0

Dedico este post a Luc, quien me inspiró tácitamente (aunque probablemente lo supo) a redactar un post infinito.

Esperando suficiente tiempo podrá usted leer:

  1. Los haikus más emotivos de Matsuo Bashō, traducidos a todas las lenguas naturales, extintas, artísticas, alienígenas e inexistentes, en todas las trasliteraciones latinas concebibles.
  2. Los epigramas más inteligentes.
  3. Las frases que más te emocionarían, todo aquello que siempre quisiste decir y nunca supiste cómo.
  4. Toda tu correspondencia privada, y la de todos tus conocidos.
  5. Versiones falsas de toda esa correspondencia.
  6. Un cuento de Borges: "La biblioteca de Babel", Ficciones.
  7. El comentario del cuento.
  8. El comentario del comentario del cuento =)
  9. La Biblia; vulgata, septuaginta, The Holy Bible.
  10. Toda Wikipedia.
  11. Una completa historia del universo, milésima a milésima.
  12. El minucioso detalle del porvenir.

Caveat lector: probablemente se te cuelgue el browser antes.

Garbage in, garbage out

Texto generado mediante programa.

Le agregué enters para guiar la lectura de alguna manera que me gustó, pero no modifiqué las palabras ni la puntuación. El programa es una versión relativamente sofisticada de dispress, que usa una herramienta de tagging y análisis sintáctico para que las palabras no queden sueltas, sino que se asemejen a la estructura gramatical del castellano. La comida que alimentó a mi programa fue tomada del DRAE y de un archivo de correspondencia electrónica. La salida del programa contenía mucha basura, el texto publicado es una selección hecha a ojo. El foobar es perjudicial para la salud.

Esto es "la muerte del autor".

No es la tercera vez que te me aciertas.

Fue precisamente fiaca.

El extraño lenguaje
es un ratón maestro, inhabitual,
orientado por todos los extremos nuevos
que le son ultrarresistentes.

La facultad responsable: yo texto
o algo peyorativamente de eso,
además no me cielo, Necesito r de El.

Cuánta la falda,
cuánto el paseriforme,
cuántos pedazos de madera,
cuántas lenguas,
cuántas poblaciones sin juntar,
cuánta familia a derechos,
Cuántas espinas,
Cuánto ministro Que endurece para conectar.

Inyección un cuerpo tuvo
de los militares a contrarrevolución.
En las aeronaves puede gajos con falanges,
largas Que la asistencia y el movimiento,
de idioma relativo,
Que en agente o Mujer o vocablo redactados.

Policía emitiendo.

Es relativo.

Partiré diagonales,
podré mis enfermos
y podré en el punto como no ndome verbos.

Ya,
hay gente aquí excelente
por combinar ser planeada, scripting, tormentas,
material contenido, supersticiones,
A unos los dientes
que tuercen pero salen,
como se usan Y se pueden.

Usted tiene que yo objetivo la miel
con otras cosas Umbelíferas.

Del empleo, túnica pico cómo viste varios.
Declaración dio 30 dientes, con su navaja, de
mojar mujeres nicas y boberías.

De lugar no se dice el paralaje.

Luchar sabés es gramatical.

Que pase
me terminaron de enredar 666 pasteles de forma de s.

Vidas decidieron
además de Tus abrazos
que ataques, sucios, tenues, explosivos,
me the-manelss-man y no the-manless man
Y son vid..

Puede cuando vas hablando en el as,
que los rompecabezas constructivistas
posesivas vitrinas de tu sonido.

What mi viva sopa.

Quiero que Hoy tu presente me hace, sin tu
voz, tus células, tu ángulo, tus modos,
palabras y insultos, números y deseo.

Mucho, de escribir puntitos normales como 2000
se sacrificarían Las profetas.

Laguna le hacen todos vehículos a la propia vida.

Ancha fatiga,
la condrografía o natural de Iberia
usaban de el hidrotimetría.

Que estamos integró o adelgazando,
usted como es cosa y que se Denota,
escribís las plantas o Antillas debiendo.

¿O que soy expresión un pinchazo?
En el 40 hubo cinco.

Poco, varias trochas Digno Que me arrepentiría algo de usted.

Domínica causa allí, Que se instruyo en el tratamiento para El que saca.

Rechoncho,
se estaba acelerado un exceso para pértigas,
o estaba otro Dicho.

Sucesiones

La privacidad violada

~1~

Después de siete años en mi no desdeñable puesto de asesor, se me ofreció un importante cargo interino como supervisor en el complejo fabril de Brandsen. Mi entonces jefe estaba más emocionado que yo cuando me comunicó la oportunidad. Él creía que tenía buenos fundamentos. La herpnitacología viene siendo mi pasión desde tercer grado; el sueldo era alto, y encima era en patacones.

-¿Y?
-Y... sí, no sé...
-Vos fijate. No hace falta que me respondás ahora. ¡Vas a ir a la Argentina! Vas a estar a... cuánto... treinta o sesenta millas de Buenos Aires. ¿Entendés?

Su excitación era evidente por la manera en que me remachaba con la vista. Me trataba de "vos" porque me veía joven. En nuestras mejores épocas, tenía que soportar las burlas cariñosas de Polixena, porque no obstante mis *trentidós otoños, la gente seguía diminutivando mi nombre. De no haber sido mi jefe un hombre de familia, habría sospechado incluso más de sus intenciones.

Martina releyó varias veces ese último párrafo. Se sentía culpable por estar leyendo los archivos privados de Juan, pero las últimas semanas el comportamiento de él se había vuelto bastante más que preocupante. La situación era grave. Se hacía el enfermo para no ir al trabajo. Ella ni siquiera conseguía hacerlo levantar de la cama. Otros días volvía tarde y se acostaba sin hablarle.

-¡Vas a cobrar un fangote de guita! ¡Aparte, en patacones!
-Sí, qué sé yo...
-¡Vas a estar ahí, un año! Y, te digo una cosa... relajado, eh. No pensés que vas a tener más laburo que acá. ¡Vas a hacer lo que te gusta!

Aparentemente, el cargo duraría "apenas" un año, pero instar a Polixena a que abandonara su trabajo y la facultad iba a contrapelo de todos mis principios, y en especial de todos sus finales. Por otra parte, ella no iba a querer dejar sola a su mamita. La imposibilidad de que nos mudásemos todos a Brandsen dejaba como principal motivo de mi duda a nuestro hijo de un año y cinco meses, Cayo Valerio Nasón.

-Vos tenés pibes.
-Sí, un varón de un año y medio...
-Mirá, yo te entiendo porque también me tocó de supervisor dos años en Pergamino y dejé acá las nenas. Pero, cuchame, ¡no me vas a decir que no vale la pena! Pensá que esto te puede hacer crecer un montón, profesionalmente. Vos sos joven, tenés que aprovecharlo. Y te vas a divertir. Estás ahí nomás de Buenos Aires. Algún finde te puede ir a visitar tu señora. No sé si seguirá siendo así, pero cuando estuve yo la empresa te cubría una parte.

No cabía duda de que los personajes del relato de Juan eran ellos mismos. Los nombres, y varios otros detalles, estaban cambiados para ser inverosímiles, como tratando de camuflar infantilmente que el relato era autobiográfico, pero la semejanza era burda para cualquiera que los conociera un poco.

-Sí, la verdad no sé.

La verdad sí sabía, y era que quería seguir con mi puesto de siempre. No quería que nadie tratara de cambiar mi vida por otra, de adivinar o reinterpretar mis aspiraciones. Lo que tenía no era perfecto: vivía en un suburbio de Alebrijentz desconocido incluso por el loro, y mi salario no era en patacones, y con Polixena las cosas siempre estaban más o menos. Pero en general las cosas caminaban, y la exposición de mi jefe me movía poco y nada. ¿"Te vas a divertir"? Por favor. Mucha gente se perdía en la adicción perfeccionista de mejorar su existencia, sin entender que nunca iba a ser perfecta y sin vivirla nunca tampoco. Yo quería continuarla lo más tranquilamente que se pudiera, de acuerdo con mis propios valores.

Lo único que no sabía era cómo hacérselo entender a este tipo. La pobreza superficial de mis intervenciones en los diálogos revelaba algo más profundo: mi inhabilidad en la oratoria y mi dificultad para entablar relaciones interpersonales. La asertividad característica de mi párrafo anterior no habría podido dirigirse, nunca, a su verdadero destinatario.

Obviamente era Juan. Lo que más le preocupaba a Martina era no entender qué era había lo que había llevado a Juan a ese estado. Desde hacía mucho tiempo, ella sentía que él se había encerrado en sí mismo, que le escondía cosas y que no hablaba nunca de sus sentimientos. Seguramente tenía miedo de que ella lo juzgara. Y ella quería ayudarlo, pero no sabía por dónde empezar. Siempre que trataba de averiguar cuál era la verdadera causa de su problema, Juan se hacía el desentendido y decía que estaba todo bien.

Desde que había quedado embarazada de Cayo Valerio Nasón, Polixena y yo nunca habíamos vuelto a hablar sinceramente. Pienso que la brecha se originó en una serie de discusiones. Era cierto que ninguno de los dos había querido el embarazo, pero ella sentía que yo quería negarlo y escapar, y que las despreciaba a ella y a la criatura. Inútil razonar, y su desconfianza y su sufrimiento me dolían. Todos mis esfuerzos por expresar lo que realmente sentía terminaban en discusiones sin pies ni cabeza. Finalmente nos resignamos a no hablar de cosas importantes. Peor que eso: no sabíamos ni de qué hablar, y para llenar un poco el imbancable silencio prendíamos la tele.

Martina leyó otra vez el párrafo y se puso a llorar. Pensó que en cualquier momento Juan estaría por llegar y cerró desesperadamente los archivos que había estado leyendo, como para evitar ser descubierta. Fue al baño a lavarse la cara y miró a Santiago, que dormía tranquilamente. Ya más calmada, se dio cuenta de que en realidad todavía no había anochecido, y que Juan no volvería sino varias horas después. Se sentó otra vez en la máquina y leyó:

No era que nos lleváramos mal. Los primeros resentimientos del embarazo habían pasado; compartíamos la felicidad y la angustiosa incertidumbre de los primeros meses de Cayo. Creo que ninguno dudaba de la buena fe del otro. Pero se había perdido algo fundamental en nuestra comunicación. Nos condicionaba una precaución paralizante, paranoica, como la que se da después de un accidente, o la de quien camina suspicazmente por la calle después de haber sido asaltado con *reciencia. En aquel momento veía las cosas algo menos claramente. Y esa terrible fragilidad no nos habría permitido tampoco tener una meta-conversación en la que aclaráramos todas estas cosas de una buena vez.

Fue por esto que a Polixena pude comentarle solamente los detalles objetivos: me habían ofrecido un cargo importante en Brandsen. Y si a ella no podía contarle más que eso, si no podía decirle lo que realmente quería, ¿cómo iba a decírselo a mi jefe?

Martina se sorprendía un poco al leer que Juan en realidad no quería el cargo nuevo. Ella siempre había creído que este era su mayor deseo, y la apenaba sentir que estaban tan atados al lugar en el que vivían. Le habría gustado poder hacerlo sentir más apoyado y mudarse con él. Pero eso implicaba abandonar un montón de obligaciones, lo cual no le parecía factible en este momento de su vida. Entonces, si el problema de Juan no era que quería el cargo y no podía tomarlo, ¿qué era lo que lo ponía tan mal?

~2~

A pesar de que yo apenas había emitido opinión, y aunque supuestamente mi decisión seguía pendiente, mi jefe, movido por su entusiasmo, estaba seguro de que tarde o temprano yo agarraría viaje. De a poquitito, mi incapacidad para decirle rotundamente que no me jodiera (o al menos un simple "no puedo") iba transformándose en una concesión. No era por miedo a que me despidieran, porque yo era uno de los asesores con más antigüedad; pero las cosas tampoco estaban tan bien como para arriesgarse. Ahora también dependían de mí las vidas de otras personas que me importaban.

Polixena creía que yo quería tomar el cargo nuevo, y trataba de alentarme a que lo hiciera, total un año no era tanto tiempo. En realidad lo hacía para ejercer hacia mí su respeto activamente, para no cortarme las alas. Estaba claro que la idea de estar separados un año y quedarse sola no le gustaba ni medio. Por otro lado, incluso bajo la hipótesis de que yo me decidiera a tomar el cargo, no me atrevía a formular la pregunta de si Cayo se iba a quedar con ella o si me lo iba a llevar conmigo a Brandsen. Alguna norma social tácita no dejaba dudas en torno la respuesta. No sabía si ella podía llegar a tomar a mal una pregunta de ese estilo, pero no formularla me hacía sentir irrespetuoso y sexista.

En realidad de este tema sí habían hablado alguna vez, porque desde siempre compartían un marcado sentimiento antisexista. Obviamente Juan no podía pensar que ella podía ofenderse ante una pregunta como esa. Con este pensamiento, Martina tuvo un momento de lucidez y se sintió ridícula dándole tanta importancia a un simple cuento. Juan estaba deprimido, eso era cierto. ¿Pero no era estúpido pensar que iba a entenderlo hurgando entre sus archivos? Sus miedos le estaban haciendo tragarse cualquier verdura.

Los días corrían y las palabras de mi jefe me daban a entender, más con ilusión que con amenaza, que la respuesta por default era "sí", y que no habiéndome rehusado estaba firmando. Esto me inspiraba no poco terror. Hubo una serie larga de insomnios y madrugadas en las que mi conciencia se determinaba superheroicamente a confesarle que ese puesto no era para mí. Pero por la mañana perdía la capa y los poderes, volvía a ser una conciencia de cotillón, que nunca encontraba oportunidades para decirle que no. O que quizá no quería encontrarlas. A lo largo del día trataba de justificar racionalmente por qué todavía no le había dicho nada, y por la noche volvía a empezar el ciclo.

En octubre, no habiendo recibido de mi parte un rechazo, mi jefe me pasó tres formularios para darle de comer a la eternamente hambrienta burocracia y concretar así mi traspaso. En esa época, en la oficina, estaban de moda los chistes de Jaimito, que al principio me causaban pero ya me tenían podrido.

Martina pensó que esa última línea desentonaba un poco con el resto del relato. Seguramente Pablo, que era quien en última instancia determinaba los pensamientos de Martina, la había convencido de esto.

Ese mismo día, después de más de dos años, Polixena me habló quizá por última vez sinceramente:

-La verdad es que no me quedo tranquila si te vas...

Claro que yo tampoco me quería ir. Sentí un peso horrible que me apretaba el pecho y la garganta, y entonces me puse a llorar.

Seguían pasando los días y mi jefe insistía en que completara el formulario. Lo que hasta hacía poco había sido una opción, expresada en términos amistosos, se había transformado, por inacción, en un deber. Ahora yo debía el formulario. Y a él había empezado a verlo como a un perseguidor, aunque era consciente de que esto se debía más a un cambio en mi percepción que en su conducta. Sentía que su emoción se transformaba de a poco en impaciencia, de a poco en índice acusador que me señalaba inquisitivamente. ¿Dónde está el formulario?

Yo no pensaba completar los papeles. Si lo hacía, menos todavía iba a haber forma de volver atrás. No quería saber nada con el nuevo cargo. Pero no me daba la cara tampoco para reconocérselo a mi jefe, por lo que trataba de retrasar la entrega lo más posible.

¿Entonces sería eso lo que había pasado en los últimos meses? ¡Juan no le había contado nada! Martina sintió una mezcla de odio y angustia. No dejaba de ver a Juan como una persona que sufría, pero ¿por qué no confiaba en ella? Si le ocultaba esos detalles ¿qué otras cosas le ocultaba? Los miedos y actitudes que Juan le estaba escondiendo no le parecían excesivamente graves. Pero, justamente por eso, no terminaba de entender qué lo motivaba a esconderlos. De repente sintió que había tenido un hijo con un tipo desconocido. Que estaba conviviendo con un extraño. Otra vez pensó que en cualquier momento podía llegar Juan y descubrirla leyendo sus archivos, pero ya no le inspiraba vergüenza sino terror. Verificó que la puerta del frente estuviera cerrada con llave y dejó la llave puesta.

Primero exponía pretextos estúpidos. La situación era incómoda. Me hacía acordar a cuando estaba en tercer grado, y una chica de mi edad iba a jugar todos los días a mi casa. La chica me caía bastante mal, y lo que más me molestaba era que fuera cosa de todos los días, que no me dejara nunca en paz. Entonces, algunas veces, mi abuela o mi mamá la atendían y le decían que yo no estaba, o que me tenía que ir al médico, o ponían alguna otra excusa parecida. Quizá, doctor, es en escenas como ésa que se origina mi relación huidiza con los compromisos, sobre todo con los indeseables.

Después me daba vergüenza seguir dando excusas, y me escabullía de mi jefe. Trataba por todos los medios de evitar el contacto con él, y cuando hablábamos me esforzaba para no tocar el tema, aunque la única medida que podía tomar para esto era cruzar los dedos. En la calle, fantaseaba atemorizado que podía encontrarme con él. Cada vez que lo veía, me agitaba imaginando que me iba a preguntar por el formulario, y trataba de pensar qué responderle, pero entendía que ya no tenía mucha salida. De a poco iba sintiendo que mi jefe me odiaba, que quería castigar mis faltas. Probablemente él no tenía tanto apuro como yo creía. Pero como yo no tenía intenciones de entregar el formulario, sabía que tarde o temprano el apuro iba a tener que surgir. Su aparente "odio" era seguramente una proyección de mis propios miedos y resentimientos, y yo me daba cuenta de eso, pero no dejaba de sentirme intimidado y reprimido.

Después dejé de ir al trabajo.

En ese punto terminaba, es decir, quedaba inconcluso, el relato de Juan. Después de un largo espacio en blanco, había una serie de frases sin cohesión, que no dejaban entrever demasiado el argumento. Eran más que nada palabras disconexas e ideas sueltas, sin relación evidente con lo anterior.

Martina se quedó pensando en qué le iba a decir a Juan cuando llegara. Pero esa noche Juan no volvió.

Ni ninguna otra noche.

A través del monitor

Alice topóse con un topo excéntrico
(no era lugar común, tan sólo tálpido)
de nombre al griego evocativo, Escrúpulos,
que ocupado excavaba un *hundo túnel.

Detrás del horizonte notó un puente;
conjeturó, quizás, que era el camino:
-¿Cómo se llega a la città dolente?
y el hielo en hielo roto así devino.

-¿Qué cosa? No te escucho de acá abajo.
Se dice que peor es la sordera
de quien oír aquello que comenta
el interlocutor siquiera intenta.

-¿Cómo se llega a la città dolente?
Y evidenciando que le fuera odiosa
la interruptiva encuesta de la moza
refunfuñó soricomorfamente.

Abandonando el pico que cargara,
lo dejó, e hizo a un lado así la pala,
y emergiendo embarrado de su fosa
alzó la testa y profirió: -¿Qué cosa?

Alicia ya perdiendo la paciencia,
repitió la pregunta, así exclamando:
-¡Que cómo llego a la città dolente!
y amainando: No sëas mala gente.

Se hunde el topo en licor meditabundo,
guarda en la punta de la lengua el mundo:
a veces las palabras que alguien dice
tan remoto pasado reminiscen.

Como aquél que nostálgico se duele
ante el aroma trágico que huele
y en vano trata de coser el nombre
con el rostro del dueño, que es un hombre,

así, tras tales consideraciones
y gestos pensativos, -Muy cansada.
A la ciudad doliente, -dijo- infausta,
llegarías, seguramente, exhausta;

y así diciendo, y sin decir más nada,
el topo autista, de seguro ciego,
se hundió presto de nuevo en la penumbra
y siguió trabajando en su agujero.

Qué bicho malcriädo e insolente,
pensó Alicia y encima sollozó
con el dolor de aquél que sabe, nunca
volverá a la ciudad de que partió.

De mala onda, el otro que cavaba,
-¿Rajás, piba, que quiero laburar?
Y ella vociferó con todo el aire
que en sus pulmonecitos resguardaba:

-¡Pero es que yo no sé cómo llegar!
Entonces ascendió otra vez Escrúpulos
y, pitando despacio un cigarrillo:
-Niña, quizá te pueda interesar

que te cante este topo una canción
basada en una historia que es real.
-¿Y realmente ocurrió? preguntó Alicia
tratando de prestarle su atención.

-¡Pero no! Sí que ëres zanahoria.
Lo real es la historia, -dijo el topo-
si no fuera real ¿cómo podría
tener esta canción en la memoria?

Y así desentonó, desafinado:
«"Elvis" era un artista de la muerte,
así apodado por su porte heráldico:
sobre cuartel de plata figurado,

una napia de sable, siniestrada
de ojo de azur cimado por la ceja,
adiestrada por otro de sinople,
en punta, boca en gules desdentada

y, al timbre, el jopo chuzo y engrifado.
Ya cuando estaba en el jardín de infantes,
poblado el boletín de smileys tristes,
nadie negaba que era un atorrante.

Le anticipó el horóscopo la tumba:
Ocupaciones y negocios: chorro,
Burgessmente violento y asesino,
dos versos que sellaron su destino.

Experto en hurtos, punga, carterista,
ladrón a mano armada, violador,
mafioso, fugitivo, estafador,
no se salvó ni de una negra lista.

Narco y espía, reo y homicida,
vándalo juvenil, secuestrador,
chanta, torturador y terrorista,
cana, juez, presidente y senador.

De pequeñuelo concibió una jerga,
que ni Ventris y Chadwick descifraran,
ni el mismo Champollion, y todo para
en clave predicar sobre su verga.

Su freudiana obsesión lo volvió acaso
el único en el mundo que tentado
por eso del spam y Enlarge your penis
aspiró al adjetivo "vilenado".

El sólido rigor de la mazmorra
deja filtrar un haz de floaters y ácaros.
Qué condujo al afán filotricida
que hoy le depara férreas cachiporras

al Elvis criminal es un incógnito.
Quiera Zeus sepultar el vero nombre
-desde siempre un tabú sella su boca-
con que a este monstruo bautizara un hombre.»

Dicho lo cual, el topo sumergióse
frente a la confundida faz de Alicia,
que trató de llamarlo y no hubo caso.
De la nada surgió un conejo blanco.

Y ella se resignó y siguió sus pasos.