R.D.U.T. 2

Caminando en la noche
sólo se oía un perro
que a lo lejos ladraba.

Por la vera del río
vi la luna reflejarse en el agua.

Inhalé el aire fresco
y, al subir a la balsa,
el agua
lentamente
fue arrastrándola.

Me hallé como una hoja
a la deriva.

Al dar la espalda al mundo,
contemplé aquello que la luz esconde.
En mi interior
me hallé con las tinieblas.

Me hallé ante el miedo de que la locura
se hubiera apoderado de mi cuerpo.

Recordé a mis hermanos.
Me lamenté no haberlos perdonado,
y temí no volver a verlos nunca.

Tuve miedo del río,
de su lecho de muerte.
Tuve miedo de no poder volver
a la ciudad en que ladraba un perro.

Mi corazón furioso
remó contracorriente.
Quise asirme de un áncora
pero la realidad se tambaleaba.

Busqué algún horizonte
pero todo era incierto.
Luché pero era inútil.

Ya sin fuerzas acepté que moría.
Y entregándome entonces
a aquella sucesión de los presentes,
muy lejos de las luces de los pueblos,
se desplegó en el cielo amplísimo
la multitud de estrellas palpitando.


Hubo un tiempo que no tuvo colores
porque alguien se los había llevado.

Hubo un tiempo en que el tiempo se detuvo
y había que esperar.

Dormíamos al abrigo del cielo
y tomábamos sopa de unos huesos.

Nevaba hacía tanto
que no nos acordábamos
del sol en que tendíamos las sábanas.

Las caras se nos hacían inhóspitas.
Andábamos con los puños cerrados,
con el cuchillo listo.

De tanto andar con la armadura puesta
ya no sabíamos si éramos personas.

Con la máscara de los dientes de perro
disimulábamos nuestra piel frágil.
Y abajo de esa máscara, otra máscara
sepultaba la angustia
con sonrisas forzadas.

¿Quiénes éramos tras de aquellos disfraces?

Un día hallé a mi madre y a mi padre
con las cuencas vacías
y la vida no volvió a ser la misma:
el pasado radiante
se transformó en una memoria pálida.

Y como si los dioses
hubieran roto un pacto milenario,
del manto de la tierra en dos abriéndose
afluyeron las criaturas quiméricas.

Serpientes con cabezas de cabra
y arácnidos de innumerables patas
se hicieron paso entre la muchedumbre
devorándose el tiempo detenido.

Me entregué a las simetrías del caos
y mi cuerpo fue volviéndose flor,
y la flor fue volviéndose universo.

No hay comentarios: